Nicolás Rodríguez Calderón nació en San José del Guaviare; tiene 21 años de edad. Despuntó en Fortaleza F.C. Marcó su primer gol como profesional el 9 de abril de 2023. Hoy, tres años después, cuando su carrera en el fútbol profesional avanza con el dorsal 13 y como extremo derecho del Atlético Nacional, es señalado de, junto con otros amigos, haber puesto en incapacidad de resistir y abusado sexualmente de una joven de apenas 19 años de edad, a la que habían conocido horas antes.
Habían transcurrido 30 minutos después de la medianoche del 15 de marzo cuando C. C. R. (La Agencia de Periodismo Investigativo, API se abstiene de revelar el nombre de la denunciante y víctima y usará solo sus iniciales) llegó a una discoteca, La Leyenda Vallenata.
Un amigo del delantero la recibió. Era la única mujer en una mesa de 10 hombres; todos estaban tomando aguardiente. La jovencita se animó a ir porque un amigo de Nicolás le había escrito a su cuenta de Instagram. La invitó a la casa del jugador de Nacional, pero ella decidió ir al sitio público.
A pesar de que solo estaban departiendo hombres, decidió sentarse; no se intimidó. "Veo que hay un grupo de hombres, todo muy bien, me reía con ellos", indicó la mujer.
Plan inesperado con cuatro hombres
Apenas llevaba una hora en el lugar, entre risas, bromas y conversaciones, cuando un amigo de Nicolás le propuso ir a Rionegro para "parchar" un rato.
En el plan se comprometieron a llevarla luego a su casa en Envigado; mencionaron que llamarían a otras mujeres.
Ella advirtió que debía estar temprano en casa. Siguieron hablando y riendo. Cuando volvió a ver el reloj, ya eran las 3:00 de la mañana. Nicolás dijo: «¡Vamos!».
Se levantaron ella, un primo del futbolista, Cristian y otro hombre de quien no sabe el nombre. En total, cuatro hombres. Ella, el futbolista y otro hombre iban sentados en la parte trasera de un vehículo; el primo del futbolista, al volante, y otro, de copiloto. Iban tomando.
"Yo tengo cosas nubladas. Él me cogía la cara, yo me soltaba; recuerdo que lo quitaba. Él a mí me interesaba, pero no sé por qué le quitaba la mano", afirmó.
La mujer les pidió un baño; no recuerda dónde pararon. Se bajó; tiene una imagen borrosa de estar en un parqueadero. Habló con una señora y le suplicó usar el baño del lugar con urgencia.
Siguieron tomando. Llegaron al apartamento de Nicolás. Entraron los cuatro hombres y ella. Se sentó en un sofá junto al futbolista.
El primo se ubicó en una silla justo al frente de ellos; Cristian, en otro asiento, y el tercero ingresó a una habitación.
La mujer se tomó otros cuatro tragos. Reía; se describe como una persona alegre y espontánea, pero insiste en que sentía el ambiente raro y les preguntaba por qué estaban tan callados.
Nicolás, dice, tenía dos celulares. Le pasó uno para que ella le agregara su contacto. "Él me dijo algo chistoso con un nombre para que no se le olvidara". Ella lo puso en duda y así se lo hizo saber: que después la llamara.
Propuesta indecente
En adelante, todo fue confuso y literalmente oscuro. Recuerda que empezó a sentirse muy rara, como si algo le cubriera los ojos. Sabía que tenía los ojos abiertos, pero no veía. "Yo solo sentía que estaba sentada, pero no podía verlos".
Tomó entre sus brazos un cojín y se aferró a él. Luego le empezaron a llegar mensajes al celular de Nicolás que tenía en sus manos. Pensó: "¿Por qué me escribe al celular y no habla, si estamos sentados uno al lado del otro?".
"Dijo que si no me daba para estar con los dos". Asegura que lo increpó: "¿Cómo así? ¿De qué me habla? Yo no soy de esas. ¿Cuáles dos? ¿De qué habla?». Asegura que Nicolás le respondió: Cristian y yo.
La jovencita rechazó la propuesta de un trío. Les sentenció que se iba ya, que ella resolvería cómo irse. Solo sabía que estaba en Rionegro y lejos de su casa.
Recuerda que Nicolás intentó restarle importancia al comentario y tranquilizarla. Le pidió que no se enojara, que solo estaba haciéndole una pregunta. Ella le respondió indignada y le reiteró: "Yo no soy así; conmigo no. A mí déjenme quieta, váyanse a dormir".
Pero le siguieron llegando mensajes al celular, nuevamente preguntándole si con los dos. Sintió que estaba en medio de una burla, pues le escribían desde otros números, a pesar de que los tenía en frente. De repente se quedó dormida, aferrada al cojín. Lo último que recuerda es un número en su celular: la hora, 4:54 a.m.
Luego, dice, le escribió Cristian, quien le aseguró que se había quedado muy dormida. De inmediato escuchó un "párate". Ella se levantó. Nicolás aseguró que iba a dormir con él.
No rotundo
La jovencita narra que entró al baño; tenía el periodo. Se acostó. Apareció Nicolás y la besó; ella le correspondió. "Lo besé porque quería".
El futbolista le manifestó que "quería bajar"; ella le respondió con un no rotundo: "Tenía el periodo y no quería". A pesar de su negativa, el futbolista le practicó sexo oral.
La neblina mental aumentó. Sintió que le quitaban la ropa, a pesar de su negativa. "Yo sentía que me movían, me volteaban, me agitaban", agregó.
Su cuerpo y su conciencia los describe como un papel. Se sentía fuera de sí; los movimientos eran bruscos y violentos, pero no podía ver. No tenía claridad de lo que ocurría.
Sus recuerdos son difusos. Describe que le pusieron los genitales en la boca, que la penetraron, la agitaron y la movieron bruscamente en múltiples posiciones, pero ella no podía hacer nada, ni siquiera hablar.
Su voluntad ya no estaba. Tenía imágenes leves y se quedaba dormida. Advierte que se despertó porque la sacudían mucho. Cuando empezó a recobrar la conciencia, vio varias caras.
Entró en pánico. No entendía qué sucedía. Había estado en estado de ebriedad en ocasiones anteriores, pero jamás había perdido la conciencia de esa manera.
Se quitó de encima a Nicolás. Él le preguntó qué pasaba. Vio un charco de sangre en la cama. Preguntó dónde estaba su ropa interior; él se la pasó. No sabía dónde estaban los demás hombres; todo era confuso para su mente.
Llanto y mensajes
Salió del apartamento llorando. Entró al ascensor. No se sentía ubicada; buscó la salida. Los vigilantes la vieron conmocionada, pero no hicieron nada ni preguntaron.
Ya en la mañana, Nicolás le empezó a marcar insistentemente. Entonces recibió un mensaje de texto de él. Le contestó para advertirle que nunca más la llamara ni la contactara.
El hombre que la había contactado le preguntó qué había pasado. Ella escribió: "Malditos". El sujeto le respondió que a ella nadie la había obligado a nada. "No hable, no diga nada más", le respondió.
En la portería, desubicada, llamó a su mejor amiga: no contestó. Le marcó a otro amigo; tampoco. Insistió; su amiga le contestó: "Me violaron", le dijo. "No se mueva de allá, voy a resolver cómo ir por usted".
Una señora, a lo lejos, le hizo una seña. Le preguntó qué le pasaba, pues estaba visiblemente conmocionada. Se acercó. "Me violaron", asintió mientras sus lágrimas salían con más fuerza. La mujer desconocida la consoló; le dio un fuerte abrazo.
Aquella desconocida se ofreció a llevarla al encuentro con su amiga en el restaurante Doña Rosa. En el vehículo, ambas mujeres, extrañas, estaban unidas por la solidaridad y la necesidad de protección.
No hubo espacio para preguntas ni respuestas. Solo el llanto, a borbotones, y un sentimiento de estar quebrada como un cristal. El encuentro con su amiga fue visceral. Se aferró a ella y lloró más, mucho más. La trasladaron a un hospital.
En el hospital y el dictamen forense
A las 7:45 ingresó a la ESE Manuel Uribe de Envigado. Una médica le hizo varias preguntas; no recuerda ninguna.
Enseguida le practicaron exámenes: una sonda y un grito de dolor.
En el marco de la puerta de su habitación estaba su madre; ambas lloraron. En su celular había mensajes de los amigos del futbolista preguntándole qué había sucedido.
Uno de ellos le escribió que "arreglaran", que ella sabía por qué habían pasado las cosas. Ella dijo que todo lo habían planeado.
El examen de Medicina Legal es contundente: laceraciones en paredes vaginales, desgarro perineal, dilatación anal con laceraciones. Su incapacidad fue de siete días.
Su estado emocional hablaba más que sus palabras, no fue posible realizarle más exámenes sin revictimizarla.
Nacional se pronunció suspendiendo al jugador, no podrá lucir en su dorsal el número 13 hasta que confronte la justicia.
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