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Herencia maldita: de la caída de Ciro Ramírez padre por la parapolítica a Ciro Ramírez hijo, por dineros de La Paz

Historia del progenitor condenado por nexos con paramilitares y su heredero que debe pagar 23 años por corrupción.

Ciro padre e hijo
Por Agencia Periodismo Investigativo | Créditos: Tomadas de Colprensa y red social X @CIROARAMIREZ / Ciro Ramírez Pinzón y Ciro Ramírez Ramírez

La historia de los Ramírez en Colombia no es simplemente la de una familia que ocupó cargos públicos de elección popular. Es la historia de cómo el poder político puede transmitirse como herencia, adaptarse a nuevas circunstancias y, aún así, terminar alcanzado por los mismos mecanismos de control institucional. Dos generaciones, dos contextos distintos y una constante: la justicia cerrando el círculo.

Ciro Ramírez Pinzón construyó su carrera política en Boyacá en una época en la que el dominio territorial no solo se medía en votos.

Durante las décadas de 1980 y 1990, mientras el conflicto armado se expandía y las estructuras paramilitares consolidaban su presencia en varias regiones del país, figuras políticas regionales empezaron a ser señaladas por sus vínculos con estos grupos.

Ramírez fue uno de esos nombres que, con el paso del tiempo, dejaron de ser rumor para convertirse en expediente judicial.

Su trayectoria incluyó su paso por el Congreso de la República, donde se consolidó como dirigente conservador con influencia en su departamento.

Foto: Suministrada / Excongresista, Ciro Ramírez Pinzón

 

Sin embargo, las investigaciones de la Corte Suprema de Justicia lo ubicaron dentro del fenómeno que luego se conocería como parapolítica: la articulación entre políticos y grupos paramilitares para asegurar control electoral y territorial.

En su caso, las pruebas recogidas por la justicia señalaron relaciones con estructuras armadas ilegales y narcotraficantes, lo que derivó en su condena en 2011 a siete años y seis meses de prisión por concierto para delinquir agravado.

La sentencia no solo implicó su salida definitiva de la vida pública. Representó también el inicio de una fractura en la narrativa política familiar. Pero no su desaparición.

Mientras el padre enfrentaba su proceso judicial, el hijo comenzaba a construir el suyo.

Ciro Alejandro Ramírez Cortés creció en medio de ese contexto. Su ingreso a la política se dio en un escenario distinto: el de la recomposición del sistema político tras los escándalos de parapolítica y el surgimiento de nuevas fuerzas.

Foto: Red social X @CIROARAMIREZ / Congresista del Centro Democrático, Ciro Alejandro Ramírez

 

Se vinculó al Centro Democrático, partido que capitalizó un discurso de seguridad y renovación, y desde allí logró posicionarse como una de las figuras jóvenes con proyección nacional.

Fue elegido representante a la Cámara y posteriormente senador. En el Congreso, su figura proyectaba la idea de una generación que no cargaba directamente con los pasivos del pasado.

Sin embargo, esa distancia empezó a diluirse cuando su nombre apareció en una investigación de gran alcance: el caso conocido como “Las Marionetas”.

La investigación, liderada por la Corte Suprema de Justicia, reveló la existencia de una red de corrupción que operaba mediante la manipulación de contratos públicos.

Foto: suministrada / Facsímil condena Ciro Ramírez Cortés a 23 años de prisión

 

El esquema consistía en direccionar procesos contractuales a cambio de pagos ilegales, utilizando la influencia política de congresistas para intervenir en entidades del Estado y asegurar la adjudicación de recursos a determinados contratistas.

Dentro de ese entramado, los recursos destinados a proyectos sociales y de desarrollo regional —incluidos aquellos asociados a la implementación del Acuerdo de Paz— se convirtieron en uno de los principales objetivos.

Los fondos del OCAD Paz, creados precisamente para cerrar brechas en territorios afectados por el conflicto, fueron señalados como parte de los recursos susceptibles de manipulación dentro de la red.

La Corte Suprema estableció que Ciro Ramírez hijo participó activamente en ese esquema. Según el fallo, utilizó su posición como senador para influir en la asignación de contratos y facilitar el direccionamiento de recursos públicos a cambio de beneficios económicos.

La investigación incluyó testimonios, interceptaciones y documentos que permitieron reconstruir la operación de la red y la participación de distintos actores.

El 25 de marzo de 2026, la Corte lo condenó a más de 23 años de prisión por los delitos de concierto para delinquir agravado, cohecho propio e interés indebido en la celebración de contratos.

La decisión también implicó su destitución como senador y una inhabilidad prolongada para ejercer cargos públicos.

Foto: Suministrada / El OCAD Paz es el Órgano Colegiado de Administración y Decisión creado para aprobar proyectos de inversión financiados con regalías

 

El caso “Marionetas” no fue un episodio aislado. Formó parte de una investigación más amplia que involucró a varios congresistas y funcionarios, y que evidenció cómo redes políticas podían capturar recursos estatales destinados a programas sociales.

En ese contexto, la participación de Ramírez hijo adquirió un significado particular: no se trataba solo de un caso de corrupción, sino de la utilización indebida de dineros concebidos para la implementación de la paz en regiones históricamente afectadas por la violencia.

Esa coincidencia —el padre vinculado a estructuras armadas ilegales en el pasado y el hijo condenado por corrupción en recursos destinados a superar ese mismo conflicto— terminó por construir una narrativa que trasciende lo individual.

Es la imagen de un país en el que los ciclos de poder y de ilegalidad no siempre se rompen, sino que se transforman.

Ciro Ramírez Pinzón murió en 2023, años después de haber cumplido su condena, con su nombre ya inscrito en la historia de la parapolítica .

Su hijo, en contraste, enfrenta ahora una larga pena privativa de la libertad y el cierre abrupto de una carrera política que parecía consolidada.

Entre ambos casos hay diferencias evidentes. El contexto histórico, los delitos, las estructuras involucradas. Pero también hay una línea de continuidad que resulta difícil de ignorar: el uso del poder político para articular redes ilegales, ya sea en alianza con actores armados o mediante la captura de recursos públicos.

La justicia actuó en dos momentos distintos, con herramientas distintas y frente a fenómenos distintos. Pero el resultado fue el mismo: la caída de un apellido que durante años representó poder regional y proyección nacional.

En esa doble historia no solo se narra el destino de una familia. También se refleja la persistencia de prácticas que han marcado la política colombiana durante décadas.

La parapolítica fue una de sus expresiones más visibles. La corrupción en la contratación pública, otra de sus formas más extendidas.

El caso de los Ramírez reúne ambas en una misma línea de tiempo. Primero, la alianza con la guerra. Después, la captura de los recursos destinados a superarla. Y en medio de ambas, una herencia política que no logró escapar al peso de la justicia.

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