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Sismo de magnitud 7.4 deja al menos 21 muertos y graves daños en Colombia: primer reporte oficial de Asocapitales
Pereira concentra el mayor número de víctimas.
La mañana del lunes 10 de agosto de 2026 cambió abruptamente para millones de personas en Colombia. Un fuerte movimiento de la tierra, registrado hacia las 7:34 a. m., se sintió en diferentes regiones del país y dejó en cuestión de minutos una emergencia que, varias horas después, todavía estaba lejos de tener un balance definitivo.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) ubicó el epicentro en San José del Palmar, Chocó, y estableció la magnitud en 7,4. La información coincide con los reportes divulgados durante la mañana por diferentes medios nacionales que siguieron la evolución del evento.
A medida que comenzaron a llegar los primeros reportes desde las ciudades del centro y occidente del país, la dimensión de la emergencia se hizo más clara. No se trataba únicamente de un temblor que había obligado a evacuar viviendas, oficinas y edificios.
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Desde Pereira, Manizales, Quibdó y otras poblaciones empezaron a conocerse noticias de personas muertas, heridas, estructuras averiadas y viviendas destruidas.
La Asociación Colombiana de Ciudades Capitales, Asocapitales, consolidó parte de esa información en su Boletín 146, fechado este lunes en Bogotá.
El documento presentó un primer balance de 21 personas fallecidas y advirtió sobre graves afectaciones estructurales en diferentes ciudades.
El carácter preliminar de esas cifras resulta fundamental. En una emergencia de esta magnitud, los balances pueden modificarse durante las primeras horas conforme los organismos de socorro ingresan a las zonas afectadas, inspeccionan estructuras, retiran escombros y las autoridades municipales cruzan sus datos con los del Gobierno nacional.
De acuerdo con el comunicado de Asocapitales, la situación más grave se registraba en Pereira, donde el alcalde Mauricio Salazar había informado preliminarmente de 18 personas fallecidas.
La capital de Risaralda apareció así, durante las primeras horas de la emergencia, como la ciudad con el mayor número de víctimas mortales conocidas. La magnitud de la afectación también ha sido registrada por reportes periodísticos posteriores, que mantienen a Pereira como una de las zonas más golpeadas por el terremoto.
El panorama era igualmente delicado en Manizales.
Asocapitales informó inicialmente que en la capital de Caldas habían muerto dos personas. El alcalde reportó además más de 12 edificios parcial o totalmente destruidos y más de 20 viviendas destruidas, según el balance consignado por la asociación.
Ese reporte fue corroborado durante la mañana por información entregada desde el Puesto de Mando Unificado de Manizales, desde donde las autoridades municipales confirmaron las dos víctimas y las afectaciones en edificaciones y viviendas.
En Quibdó, capital del departamento donde se localizó el epicentro del terremoto, Asocapitales informó preliminarmente de una persona fallecida, además de personas heridas y graves daños en edificaciones.
La propia asociación advirtió que la cifra se encontraba en proceso de consolidación con las autoridades nacionales.
La dificultad para conocer rápidamente la situación completa del Chocó se convirtió además en uno de los elementos centrales de las primeras horas posteriores al terremoto. La información disponible desde algunas poblaciones cercanas al epicentro era fragmentaria, mientras las autoridades trataban de establecer la dimensión de los daños y el estado de las comunidades.
Mientras desde el occidente colombiano llegaban los reportes de destrucción y víctimas, en Bogotá el balance inicial era diferente.
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La capital no reportaba daños estructurales graves, circunstancia que permitió que sus capacidades de emergencia comenzaran a ser puestas a disposición de las ciudades más golpeadas.
El presidente de Asocapitales y alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, asumió el seguimiento de la emergencia desde la asociación y anunció que la ciudad tenía preparados 100 rescatistas para desplazarse hasta el Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), desde donde podrían ser enviados a los territorios que el Gobierno nacional determinara como prioritarios.
“Bogotá está lista para ayudar a las ciudades más afectadas por el temblor”, señaló Galán en la declaración reproducida en el comunicado.
El alcalde explicó que, al no registrarse daños estructurales graves en Bogotá, las capacidades de respuesta de la capital podían ponerse al servicio de otras regiones.
La medida supone movilizar no solamente personal especializado, sino capacidades humanas, técnicas y logísticas hacia los puntos donde las operaciones de búsqueda y rescate resulten más urgentes.
La emergencia adquirió así una dimensión nacional.
El terremoto no produjo afectaciones exclusivamente alrededor de su epicentro. Los reportes conocidos durante la mañana mostraban daños importantes en ciudades del Eje Cafetero y del suroccidente colombiano.
En Cali también se registraron afectaciones estructurales, interrupciones de algunos servicios y daños en edificaciones, mientras las autoridades continuaban las inspecciones. Reportes posteriores señalaron igualmente daños significativos en esa ciudad.
El movimiento telúrico fue suficientemente fuerte para sentirse en una extensa porción del territorio colombiano.
La ubicación del epicentro ayuda a comprender parte de la afectación registrada en el occidente del país. San José del Palmar se encuentra en el departamento del Chocó, próximo a zonas del Valle del Cauca, Risaralda y el Eje Cafetero, regiones desde las cuales comenzaron a conocerse algunos de los balances más graves.
Colombia, además, se encuentra en una región de elevada actividad sísmica debido a su contexto tectónico. La interacción de las placas de Nazca, Suramérica y Caribe explica buena parte de la actividad registrada en el territorio nacional, aunque la ocurrencia de sismos es habitual y la inmensa mayoría son de baja magnitud o no son percibidos por la población.
Lo ocurrido este lunes estuvo lejos de esa cotidianidad sísmica.
La magnitud 7,4 situó el evento entre los terremotos de mayor energía registrados recientemente en el país y provocó una movilización simultánea de alcaldías, organismos de socorro, autoridades departamentales y entidades nacionales.
Las primeras horas estuvieron marcadas por una dificultad recurrente en este tipo de desastres: establecer qué información estaba confirmada y cuál correspondía todavía a reportes preliminares.
Mientras Asocapitales hablaba de 21 muertos, nuevas verificaciones comenzaron a modificar las cifras. Esa actualización permanente obliga a manejar con precaución los números de fallecidos, heridos, viviendas destruidas y edificios afectados.
La prioridad, entretanto, pasó a ser la búsqueda de personas que pudieran encontrarse atrapadas, la atención de los heridos y la inspección de inmuebles.
Las autoridades también enfrentan otro riesgo posterior a un terremoto de esta magnitud: permitir el ingreso a construcciones cuya estabilidad pueda estar comprometida.
Las evaluaciones técnicas resultan determinantes antes de autorizar el retorno de habitantes a viviendas o trabajadores a edificios afectados.
En Pereira, donde se concentraba el mayor número de víctimas mortales del balance inicial, la dimensión humana de la tragedia comenzó a imponerse sobre las cifras.
Cada actualización significaba nuevas familias esperando información mientras los organismos de emergencia recorrían las zonas afectadas.
En Manizales, los daños en edificios y viviendas mostraban igualmente la fuerza con la que se sintió el terremoto en el Eje Cafetero. Allí las autoridades instalaron mecanismos de coordinación para evaluar la infraestructura y atender las emergencias reportadas.
En el Chocó, entretanto, la atención permanecía puesta sobre las poblaciones próximas al epicentro.
La falta de un balance consolidado durante las primeras horas significaba que cualquier cifra debía manejarse con reserva.
El propio comunicado de Asocapitales insistió en que los balances estaban cambiando rápidamente conforme avanzaban las labores de búsqueda, rescate e inspección.
Ese es, precisamente, uno de los aspectos que define la jornada del 10 de agosto: Colombia todavía no conoce la dimensión definitiva de la tragedia.
El día apenas avanzaba y los equipos de emergencia continuaban desplegados. Los 100 rescatistas preparados en Bogotá representan una parte de esa respuesta.
Su eventual traslado hacia las zonas priorizadas por el Gobierno nacional busca reforzar las capacidades locales en los lugares donde el número de víctimas y los daños sobrepasen la capacidad inmediata de los municipios.
Asocapitales planteó esa respuesta bajo un principio de cooperación entre ciudades: aquellas que resultaron menos afectadas ponen sus recursos a disposición de las que enfrentan la situación más crítica.
En las próximas horas, las cifras probablemente continuarán cambiando. Falta determinar el número total de personas heridas, establecer cuántas edificaciones deberán ser evacuadas definitivamente, conocer la situación completa de las poblaciones cercanas al epicentro y verificar las condiciones de carreteras, servicios públicos e infraestructura esencial.
También queda pendiente consolidar un único balance oficial nacional que permita establecer con precisión cuántas personas perdieron la vida.
Por ahora, el comunicado de Asocapitales deja constancia de la primera dimensión de una tragedia que comenzó a las 7:34 de la mañana: 18 muertos reportados inicialmente en Pereira, dos en Manizales y uno en Quibdó; decenas de edificaciones y viviendas afectadas y un operativo nacional que comenzó a desplegarse mientras Colombia seguía midiendo las consecuencias de un terremoto de magnitud 7,4.
A medida que los organismos de socorro ingresen a las zonas afectadas y las alcaldías terminen sus inspecciones, ese balance podrá cambiar. De hecho, las informaciones conocidas posteriormente ya apuntan a una cifra superior.
La tierra dejó de moverse, pero la emergencia apenas comenzaba.
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