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‘La Fría’, la oficina más cómoda para los narcos colombianos en Argentina

En los últimos años, Argentina se convirtió en el paraíso de grupos criminales. El país ofrece “facilidades” para radicarse y lavar dinero. De la familia de Escobar Gaviria a la narcomodelo Angie Sanclemente Valencia.

Agencia Period… Mié, 17/10/2018 - 00:04

Por Diego Jemio
Corresponsal Argentina

Mejor una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”. La frase es atribuida por algunos a Pablo Escobar Gaviria, aunque otros dicen que salió por primera vez de la boca de Carlos Enrique Lehder Rivas. En cualquier caso, es una creación de los hombres del cartel de Medellín. Vista a lo lejos desde el Río de la Plata y con el correr del siglo XXI, la frase bien podría sufrir una modificación. Hay algo mucho más apacible que la cárcel gringa y bastante menos irreversible que la tumba: mudarse a Argentina.

En los últimos años, “La Fría” –así llaman a ese país algunos colombianos– se convirtió en el rumbo de una diáspora de narcotraficantes. Para graficar el fenómeno y la envergadura de los delitos, los periodistas Juan Manuel Bordón y Virginia Messi, autores del libro Narcolandia, usan una metáfora muy gráfica. “Argentina se convirtió en una especie de pecera narco. Aquí fueron ubicados y pudieron nadar a su antojo peces grandes, medianos y chicos. A algunos de ellos los encontró la venganza. A otros, las agencias antinarcóticos de los Estados Unidos. Otros siguen nadando tranquilos”, escribieron.

Como en muchos de estos fenómenos, es difícil establecer un punto de partida; decir cuál fue el caso testigo que comenzó con la tendencia. Pero nadie puede discutir que fue clave la instalación de la familia de Escobar (su viuda María Victoria Henao Vallejos y los hijos de ambos Juan Pablo y Manuela) en 1995, con la anuencia de Carlos Saúl Menem, el entonces presidente que se enorgullecía de las relaciones “carnales” con los Estados Unidos.

Desde inicios de 2000, la llegada de narcos colombianos creció; primero lo hicieron tímidamente y luego se metieron de lleno en la agenda del país. Tanto que en la campaña presidencial de 2015, Mauricio Macri basó su discurso en tres pilares: unir a los argentinos, alcanzar la pobreza cero y combatir el narcotráfico.

Macri

¿Por qué elegir un país que está ubicado a seis mil kilómetros de Colombia? Las razones son múltiples, pero si hubiera que resumirla en una palabra, sería “facilidades” para hacer de este país un centro logístico. Colombia es un país asociado al Mercosur y la instalación en Argentina es fácil, una mera cuestión de burocracia y de papeleos hasta obtener un documento de identidad. ¿Le interesa seguir con el negocio de las drogas? Argentina tiene una frontera con un país productor como Bolivia. ¿Quiere mandar mulas? La conexión de vuelos internacionales es fabulosa. ¿Prefiere los grandes contenedores? El país posee puertos en siete provincias. ¿Y los controles? Es facilísimo lavar dinero. En la historia del país hay menos de 20 sentencias por ese tipo de delitos.

Algunos dicen que es por razones políticas. Otros, de inteligencia. Lo cierto es que “La Fría” ofrece buenas condiciones para los narcos, con excelentes refugios en barrios privados o en Puerto Madero, la zona más cara de la ciudad Buenos Aires. Acá van algunos casos resonantes. Y la explicación de sus especialistas.

 

La familia Escobar
Después de algunos años en silencio en Buenos Aires, la familia del gran capo fue noticia. En 1999, Victoria Eugenia Henao Vallejo, viuda de Pablo Escobar, y su hijo Juan Pablo fueron detenidos luego de ser delatados por un amante de la mujer, que la quiso extorsionar. Se los acusaba de integrar una red de lavado de dinero proveniente del narcotráfico y de ingresar al país con documentos falsos. Ella permaneció detenida durante 17 meses y él unos cuantos menos. Seis años después, la causa de siete mil páginas terminó archivada sin un solo condenado.

Ese mal trago no hizo que los Escobar abandonaran Argentina. Actualmente se dedican al negocio del diseño, el arte y los emprendimientos inmobiliarios. En las páginas de sus empresas ponderan las ideas pacifistas de Nelson Mandela y Mahatma Gandhi. En 2014, con ellos viviendo en Buenos Aires, toda la Argentina se fanatizó con El patrón del mal, la serie sobre Pablo Escobar, que fue un gran éxito en el país y se repitió hasta el hartazgo. 

La vida continuó apacible hasta junio de este año, cuando la Fiscalía Federal N° 1 de Morón (Provincia de Buenos Aires) procesó a tres personas por lavado de activos: María Isabel Santos Caballero y Juan Sebastián Marroquín Santos (las identidades que adquirieron en la Argentina la viuda y el hijo de Pablo Escobar Gaviria). El tercero es un conocido no sólo por los colombianos, sino también por los amantes de Boca Juniors: el exfutbolista Mauricio Chicho Serna Valencia.

El personaje central de la causa es José Bayron Piedrahíta Ceballos, quien se presenta como empresario ganadero, pero señalado por Estados Unidos por colaborar con los carteles de Cali y de Medellín y la Oficina de Envigado. Él tendría vínculos con Serna, a raíz de la “venta simulada” de una propiedad en un barrio privado. Mientras que la viuda está señalada como el nexo entre Piedrahíta Ceballos y Mateo Corvo Dolcet, el abogado argentino marcado como socio del colombiano.

Piedrahíta Ceballos vivió en la Argentina en 2009 por lapso de un año. Desde la década del 90 se dedica al narcotráfico, entre otras actividades. Parte de sus ganancias fueron invertidas en la Argentina. Su dinero ingresa, presuntamente, por los nexos con la viuda de Pablo Escobar. Ella reconoció ante las autoridades que presentó a Piedrahíta Ceballos a Corvo Dolcet. Este último, con el dinero de Piedrahíta y de otros inversionistas, creó dos emprendimientos inmobiliarios en la zona de Pilar, en el Gran Buenos Aires”, dijo Sebastián Basso, fiscal federal de la localidad de Morón, que trabajó en la investigación.

El caso tuvo gran repercusión en los medios no sólo por el nombre de la familia Escobar, sino también por la aparición de Serna, ídolo y multicampeón en Boca Juniors. “Piedrahíta ingresó el dinero a través de una compra-venta de propiedades con Chicho Serna en un barrio privado en Moreno, al oeste de la provincia de Buenos Aires. Pero el exfutbolista no pudo demostrar que recibió dinero por esa transacción. Es decir, Piedrahíta usó a Serna para que ese dinero ingresara y fuera blanqueado en Argentina. Serna sólo dijo que le pagaron con bienes allá en Colombia, pero no hay constancia de esa operación”, agregó Basso.

En una reciente entrevista, Juan Sebastián Marroquín, antes Juan Pablo Escobar, negó cualquier vínculo comercial con Piedrahíta y salió a defender a su familia. “De ninguna manera nosotros estábamos buscando relacionarnos con narcotraficantes. Al contrario, la historia misma nos ha demostrado que hemos huido de todo ese tipo de relaciones porque aprendimos las lecciones que nos dejó la vida. No hemos lavado, porque no tenemos dólares para lavar y no nos dedicamos a las actividades ilícitas que quieren venderle al mundo”, manifestó.

Por último, Basso explicó cuál es la situación judicial que pesa sobre ellos, además de un embargo por 770 mil dólares a cada uno. “El juez dictó autoprocesamiento contra todos los mencionados, excepto Piedrahíta, que está detenido en Colombia. El próximo paso sería el juicio oral”.

En relación con Piedrahíta, está ad portas de definirse su extradición a los Estados Unidos. Recientemente su nombre volvió a ser noticia, esta vez porque su hijo, Andrés Piedrahíta Castillo, denunció al mayor de prisiones Luis Fernando Perdomo, director de la cárcel más importante de Colombia (La Picota), por haberle pedido $30 millones para permitirle hacer una fiesta de despedida antes de su envío a Estados Unidos.

 

Los hermanos Meyendorff, de galera y bastón
Juan Fernando e Ignacio Álvarez Meyendorff y su socio Luis Agustín Caicedo Velandia son narcos de traje y corbata, con excelentes contactos en México y países de Centro América, una escala necesaria para llegar a los Estados Unidos.

Conocido por su especialidad de meter droga en submarinos, Nacho Meyendorff fue uno de los primeros en llegar, a finales de 2004, y al poco tiempo tejió lazos con su compatriota Alejandro Gracia Álvarez (Gato Seco), quien tenía un lavadero de autos y un restaurante en el barrio Palermo de Buenos Aires.

Finalmente, Meyendorff fue extraditado a los Estados Unidos en 2013. En ese momento tenía un imperio de 50 empresas fantasmas en la Argentina, muchas de ellas con testaferros locales. El caso más resonante sucedió en 2012, en una operación denominada “Luis XV”, en la que detuvieron a once colombianos, dos españoles y doce argentinos, además de incautar 280 kilos de cocaína que iban a ser enviados a Europa camuflados en muebles de estilo. Se estima que el valor de la mercadería era de 25 millones de dólares.

Ignacio Meyen

En el marco de la causa se realizaron 78 allanamientos, algunos de ellos en los barrios más caros de la ciudad de Buenos Aires y las afueras, como Nordelta, Puerto Madero y el barrio privado Abril. Uno de los bienes congelados de la familia Meyendorff era una buena muestra de su poderío: una estancia de 562 hectáreas en Chivilcoy, plena pampa húmeda y una de las zonas más productivas del país, con capilla, bar, dos piletas, jacuzzi, 14 boxes para caballos y 240 cabezas de ganado.

De cómo hicieron los Meyendorff y otros para edificar un imperio  y las  opciones que le brinda “La Fría”, Nicolás Macchione, abogado y miembro de la Junta Directiva del Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica, (Cipse),  no es muy optimista sobre los resultados de la investigaciones, porque dice que hay un marco legal al que califica como “opaco”.

A mediados de los 90, en época del menemismo, la regulación era aún más escasa. El mensaje implícito decía: 'Necesitamos dinero. ¡Tráelo! No nos importa el origen'. La nueva Ley de Blanqueo de Capitales –la declaración de fondos “en negro”– es lo más erróneo en la búsqueda de una real persecución del lavado de dinero. ¿En qué se basa? Solamente en una política recaudatoria, que va en contra de los intereses de justicia en un estado? Si sos colombiano –o de cualquier país– y venís con dinero, se hará más fácil lavar dinero. O podés generar empresas y luego, con fachadas de legalidad, comenzar a lavar dinero. El sistema narco copta los sistemas formales y luego tiene vía libre para hacer cualquier cosa”, explicó Macchione.

 

Sangre de Mi Sangre
Cuando Ignacio Álvarez Meyendorff pasaba sus días en el Complejo Penitenciario I de Ezeiza, un día llegó un compatriota tan importante como él: Henry de Jesús López Londoño, alias Mi Sangre. “Se capturó al narco criminal más importante del mundo”, anunció con mucho orgullo el secretario de Seguridad de Argentina, Sergio Berni, cuando López Londoño fue detenido a finales de 2012. Su carrera criminal tenía algunos puntos altos: Oficina de Envigado, proveedor de drogas para los paramilitares del Bloque Centauros y oficina de cobro en el Bloque Capital de Bogotá.

Su primera llegada a Buenos Aires fue tímida, en el 2007. Se instaló en un barrio privado de Pilar y, con la ayuda de testaferros, inició un proyecto agrícola en Santiago del Estero, una provincia ubicada a casi 1100 kilómetros de la capital. Luego hizo los trámites para pedir la solicitud de refugio, pero le fue negada. Y, en el medio, se produjo el crimen de Héctor Édison Duque Ceballos a manos de sicarios en el estacionamiento de un centro comercial. La víctima había sido mano derecha de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, un viejo conocido de Mi Sangre. Quizá no era un buen momento para quedarse en el país.

mi sangre

Volvió a Colombia y, finalmente, decidió retornar con identidad falsa a Argentina en 2011, con su mujer y su hijo de cinco años. Luego de un año de vivir de incógnito, fue detenido con un gran operativo mediático, fogoneado por el entonces gobierno kirchnerista.

En su descargo, la defensa de Mi Sangre dijo: “Los hechos de narcotráfico que le atribuye la justicia fueron cometidos con conocimiento de las agencias de Estados Unidos y recibió autorización específica para involucrarse en ciertas conductas ilegales necesarias para cumplir su misión”. Sin embargo, la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida aseguró que no recibió autorización del gobierno de los Estados Unidos para colaborar y solicitó que se le aplique la pena de 30 años, según informó en su momento el diario El Tiempo.

Desde que Mi Sangre cayó preso, sus abogados hicieron lo posible para frenar el proceso de extradición a los Estados Unidos y presentarlo como un perseguido político. Carlos Broitman, abogado defensor de López Londoño, cuenta con orgullo que trabajó con muchos colombianos acusados y que “en la mayoría de los casos fueron absueltos de toda culpa y cargo”.

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El exministro de Seguridad Sergio Berni presentó a mi defendido como el narco más buscado. ¡Nada que ver! Era un exautodefensa, un brazo político. Yo estaba trabajando para que López Londoño tuviera una mejor posición en los Estados Unidos. Ocurrió que intervinieron otros abogados dándole consejos y yo, como director de la estrategia, decidí apartarme. Cuando dejé el caso, a los tres meses se lo llevaron extraditado”, contó. En marzo de este año, un tribunal del Distrito Sur de Florida lo condenó a 30 años de cárcel por "conspirar" con un grupo de personas para traficar cocaína a Estados Unidos entre 2006 y 2012.

Broitman, que también fue abogado de los Álvarez Meyendorff, tiene una visión particular del fenómeno. “Debemos evitar la estigmatización. Los colombianos que tenían antecedentes vinculados con el narcotráfico no vinieron buscando tranquilidad para hacer negocios ilícitos. Quieren un país con mayores seguridades. Muchos se retiraron y buscan vivir en paz. Para ellos, Argentina es el paraíso”, apuntó.

 

Una niña detrás de un sueño
Yo soy una niña que simplemente quiso cumplir un sueño y no pensó que iba a perjudicar a nadie”. Así se definió Angie Sanclemente Valencia, exmodelo y reina nacional del Café, cuando recuperó su libertad en Colombia. Fue detenida el 26 de mayo de 2010 en un hotel de estudiantes de Palermo, con unos pocos pesos argentinos en el bolsillo, luego de estar prófuga durante cinco meses.

narcomodelo

Su causa comenzó en diciembre de 2009, cuando Seguridad Aeroportuaria detectó 55 kilos de cocaína en dos valijas que iban a ser embarcadas en un viaje de la compañía Aeromexicana. El Tribunal en lo Penal Económico N° 3 la condenó a seis años y ocho meses de prisión por ser el nexo internacional de los destinos finales del contrabando. También fueron condenados su novio, el argentino Nicolás Gualco, y el venezolano Gustavo Páez Arnesen. Sin embargo, la exmodelo pasó solamente tres años y medio bajo las rejas en Argentina y recuperó la libertad luego de ser enviada a  Colombia con una “orden de extrañamiento". Ahora se dedica a actividades espirituales.

 

Droga y pasión por los colores
Argentina y Colombia comparten la pasión por el fútbol. El deporte más popular, una verdadera religión laica en “La Fría”, brinda también oportunidades de negocios. Hace algunos días, un operativo titulado por la Policía como “El Cartel de las Barras” terminó con 15 detenidos, después de 28 allanamientos. Los simpatizantes del club Laferrere –milita en la tercera división– distribuían drogas al por mayor en el partido de La Matanza, un populoso distrito del gran Buenos Aires, con casi dos millones de habitantes.

Según informó la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte, los “barras bravas” pertenecían a una organización liderada por un narco colombiano y vinculada con el Atlético Nacional de Medellín. Uno de los detenidos después del operativo es Sebastián Parra Jaramillo, aprehendido en la casa de Sergio Vallejos, hijo del jefe de la barra de Laferrere. Éste último está detenido, pero Sergio continúa prófugo, luego de escapar por los techos, como lo hizo Pablo Escobar.

“La organización tenía un contacto que viajaba a Colombia, Perú y Ecuador, luego se distribuía la droga (cocaína, marihuana y paco) en distintos barrios de La Matanza a través de punteros políticos”, dijo en conferencia Cristian Ritondo, ministro de Seguridad bonaerense.

 

Echar gasolina al fuego
Según el Departamento de Estadísticas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, en 2010 se registraron solamente 51 presos colombianos en cárceles federales. En el 2016, último año del censo, ese número ascendió a 146, una cifra menor comparada con la de inmigrantes de Bolivia, Perú y Paraguay, y teniendo en cuenta que la población de colombianos en Argentina supera largamente los 100 mil.

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Las condenas por lavado, en cambio, apenas llegan a 20 en toda la historia del país. En la campaña que lo llevó a la presidencia, Mauricio Macri habló con firmeza de la lucha contra el narcotráfico, pero paralelamente impulsó la ley de blanqueo de capitales y le dio vía libre a las Fuerzas Armadas para intervenir en la seguridad interior. La medida es algo equivalente a intentar apagar un incendio con gasolina. La violencia en México es un fiel reflejo de lo que sucedió cuando los militares intentaron “acabar” con el narcotráfico.

Mientras tanto, Argentina sigue siendo un centro lógistico en los barrios cerrados de las afueras y en los coquetos departamentos de Puerto Madero, en pleno centro de Buenos Aires. Compran campos, montan estaciones de servicio, inician negocios inmobiliarios y aceitan la ruta hacia Europa de la cocaína. Cada tanto se producen escaladas de violencia por luchas entre bandos, como sucede con frecuencia en la ciudad de Rosario. Pero en muchos casos operan en silencio y sin grandes complicaciones. Acá están camuflados con otros miles de colombianos, que vienen a ganarse la vida dignamente. A los narcos, “La Fría” los trata bien. Y les ofrece facilidades.