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De cómo se unieron los opuestos Centro Democrático y el Pacto Histórico para derrotar al Gobierno electo

Así perdió Abelardo de la Espriella la primera gran batalla política en el Senado.

Petro y Uribe 27
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mar, 21/07/2026 - 06:29 Créditos: Archivo Particular

La política colombiana volvió a demostrar que las diferencias ideológicas pueden quedar en un segundo plano cuando los intereses estratégicos convergen.

Lo ocurrido durante la elección de la Presidencia del Senado para el período legislativo 2026-2027 dejó una de las imágenes más llamativas de los últimos años: el Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y el Pacto Histórico, la colectividad del presidente saliente Gustavo Petro, terminaron coincidiendo en una misma votación para impedir que el presidente electo Abelardo de la Espriella comenzara su mandato con el control de la mesa directiva de la corporación.

El resultado representó la primera derrota política del mandatario electo incluso antes de asumir oficialmente la Presidencia de la República el próximo 7 de agosto.

El senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, obtuvo 56 votos y se impuso sobre Alfredo Deluque, candidato respaldado abiertamente por De la Espriella y por quien será su ministro del Interior, Rodrigo Lara, encargado de construir las mayorías parlamentarias del nuevo gobierno.

Deluque alcanzó 45 votos, una diferencia suficiente para evidenciar que la estrategia del Ejecutivo entrante no logró consolidar la coalición que esperaba.

La votación sorprendió porque durante semanas se asumía que la llegada de un presidente de derecha facilitaría un entendimiento con el Centro Democrático, partido fundado por Álvaro Uribe.

Sin embargo, la relación entre el expresidente y De la Espriella se había deteriorado progresivamente a raíz de diferencias sobre el liderazgo del sector político y sobre el papel que debía desempeñar el uribismo en el nuevo escenario institucional. Esas tensiones terminaron trasladándose al Congreso.

Uribe defendió desde el comienzo la candidatura de Honorio Henríquez, uno de los dirigentes históricos de su partido y senador desde 2014. Para el exmandatario, permitir que la Presidencia del Senado quedara en manos del candidato promovido por el gobierno electo habría significado ceder autonomía política a una administración que apenas iniciará funciones y cuyo movimiento, Salvación Nacional y sus aliados, cuenta con una representación parlamentaria mucho menor que la del Centro Democrático.

Mientras tanto, el Pacto Histórico encontró en esa disputa una oportunidad política inesperada. Aunque sus diferencias con el uribismo han marcado buena parte de la política nacional durante más de una década, varios de sus senadores terminaron respaldando la candidatura de Henríquez con el propósito de impedir que el nuevo gobierno comenzara controlando simultáneamente la Casa de Nariño y la principal dignidad del Senado. Esa coincidencia táctica fue suficiente para inclinar la balanza.

Suministrada / Presidente electo, Abelardo de la Espriella

 

La alianza no constituyó una coalición formal ni un acuerdo programático entre ambas fuerzas. Se trató de una coincidencia parlamentaria alrededor de un objetivo común: limitar la capacidad de maniobra del presidente electo desde el primer día de funcionamiento del nuevo Congreso.

Diversos análisis políticos señalaron que tanto el uribismo como la izquierda encontraron incentivos distintos para respaldar al mismo candidato. Mientras el Centro Democrático buscaba preservar su liderazgo dentro de la derecha, el petrismo pretendía fortalecer la independencia del Legislativo frente al gobierno entrante.

La elección también reflejó la nueva composición del Senado surgida tras las elecciones legislativas. Ningún partido posee por sí solo una mayoría suficiente para imponer decisiones, lo que convierte cada votación en un ejercicio de negociación entre múltiples bancadas.

En ese escenario fragmentado, el Pacto Histórico se convirtió en un actor decisivo, capaz de inclinar el resultado hacia cualquiera de las dos candidaturas en disputa.

El episodio representó igualmente un revés para Rodrigo Lara, designado ministro del Interior por De la Espriella precisamente para liderar la interlocución política con el Congreso.

La incapacidad para asegurar la elección de Alfredo Deluque dejó al descubierto que el nuevo gobierno aún no ha consolidado las mayorías legislativas necesarias para sacar adelante su agenda de reformas.

La derrota adquiere mayor relevancia si se considera que la Presidencia del Senado administra buena parte del ritmo legislativo, define prioridades en la agenda de sesiones y ejerce una influencia importante sobre el funcionamiento de la corporación.

Para Abelardo de la Espriella el resultado tiene además un significado simbólico. Durante la campaña presidencial prometió construir un gobierno con autoridad política y capacidad para recuperar la gobernabilidad institucional.

Sin embargo, antes incluso de posesionarse enfrentó la demostración de que el Congreso actuará con autonomía y que las mayorías deberán construirse proyecto por proyecto, sin garantías de respaldo automático.

Honorio Henríquez asumió la Presidencia del Senado comprometiéndose a ofrecer garantías a todas las fuerzas políticas representadas en la corporación y defendiendo la independencia del Legislativo frente al Ejecutivo.

El senador samario, abogado de profesión y uno de los dirigentes históricos del Centro Democrático, llega a esa dignidad después de más de una década en el Congreso y tras consolidarse como uno de los hombres de confianza del expresidente Álvaro Uribe dentro de esa colectividad.

Lo ocurrido en la instalación del nuevo Congreso dejó una señal política difícil de ignorar. Las fronteras tradicionales entre izquierda y derecha cedieron espacio a una lógica parlamentaria donde el objetivo inmediato fue impedir que el gobierno electo comenzara con el control institucional del Senado.

La coincidencia entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico, dos fuerzas que durante años protagonizaron algunos de los enfrentamientos políticos más intensos del país, terminó convirtiéndose en el hecho político más relevante de la jornada y en el primer gran obstáculo para la administración que encabezará Abelardo de la Espriella a partir del 7 de agosto.

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