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Pambelé: 54 años de la noche en que derribó tres veces a un campeón mundial y cambió la historia del deporte nacional

El 28 de octubre de 1972, Antonio Cervantes Reyes, conocido como “Kid Pambelé”, ganó el primer título para Colombia.

Kid y Alfonso “Peppermint” Frazer
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 28/10/2026 - 13:17 Créditos: Kid Pambelé y Alfonso “Peppermint” Frazer en 1972. Foto: Redes sociales

El sábado 28 de octubre de 1972, hace exactamente 54 años, Antonio Cervantes Reyes, un boxeador colombiano nacido en San Basilio de Palenque, Bolívar, subió al cuadrilátero del Gimnasio Nuevo Panamá, en Ciudad de Panamá, para enfrentar al campeón mundial Alfonso “Peppermint” Frazer.

Nueve asaltos después, el panameño conservaba la ventaja en las tarjetas de los jueces. Pero en el décimo episodio, cuando habían transcurrido apenas un minuto y quince segundos, el colombiano derribó por tercera vez a su adversario y obligó al árbitro Isaac Herrera a detener el combate. Por primera vez en la historia, Colombia tenía un campeón mundial de boxeo.

La victoria se produjo ante aproximadamente 15.000 espectadores, en un escenario donde la mayoría de los asistentes esperaba la consagración del ídolo local. Frazer defendía por primera vez el cinturón de los wélter junior, correspondiente a las 140 libras, que había conquistado siete meses antes al derrotar al argentino Nicolino Locche, uno de los boxeadores más reconocidos de su generación.

Cervantes llegó como retador. Tenía 26 años, una experiencia internacional construida entre Colombia, Venezuela y otros escenarios del continente, y el recuerdo de una oportunidad mundialista perdida. Su rival era el campeón vigente, un púgil de movimientos rápidos, buena técnica y capacidad para administrar la distancia.

La pelea estaba programada a quince asaltos. Para el colombiano, que había salido de la pobreza y recorrido un largo camino hasta alcanzar aquella oportunidad, representaba la posibilidad de conquistar el título que ningún compatriota había conseguido.

El niño de Palenque

Antonio Cervantes había nacido el 23 de diciembre de 1945 en San Basilio de Palenque, población del departamento de Bolívar reconocida por su historia de resistencia y por la preservación de sus tradiciones afrocolombianas. Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas de una familia que debía trabajar para garantizar su sustento.

Cuando todavía era niño, su familia se trasladó a Cartagena. Allí conoció las calles del sector de Chambacú, un barrio asociado durante décadas con las condiciones de pobreza de numerosos habitantes de la ciudad.

El futuro campeón mundial trabajó como lustrabotas y vendedor ambulante. Vendió cigarrillos y realizó distintos oficios para conseguir dinero. La educación formal ocupó un lugar secundario frente a las necesidades económicas de su hogar.

En aquellas calles aprendió a sobrevivir mucho antes de descubrir que sus brazos podían llevarlo a competir por un campeonato mundial.

Antonio Cervantes Reyes, exboxeador colombiano nacido en San Basilio de Palenque, Bolívar

 

Su ingreso al boxeo comenzó durante la adolescencia y se consolidó hacia 1964. En un principio, el deporte aparecía como una alternativa para mejorar sus ingresos. Con el tiempo, sus condiciones físicas, la potencia de sus golpes y su capacidad de resistencia empezaron a llamar la atención de quienes conocían el ambiente pugilístico de la costa Caribe.

Cervantes era alto para su categoría, tenía brazos largos y desarrolló una forma de combatir que combinaba la presión constante con golpes al cuerpo y a la cabeza. Su fortaleza no dependía exclusivamente de la potencia.

También aprendió a desgastar a sus rivales y a aprovechar los momentos en que comenzaban a perder velocidad. En 1967 se trasladó a Caracas, Venezuela, donde encontró mejores oportunidades para desarrollar su carrera profesional.

Empresario y entrenador

Allí fue fundamental su relación con el empresario Ramiro Machado y con el entrenador Melquíades “Tabaquito” Sáenz, quien contribuyó a perfeccionar su técnica.

Sáenz trabajó en la preparación física, la defensa, los desplazamientos y la combinación de golpes. Bajo su orientación, Cervantes dejó de ser únicamente un peleador de gran fortaleza para convertirse en un boxeador capaz de enfrentar a los mejores representantes de su división.

Su carrera comenzó a avanzar por escenarios internacionales. Peleó en distintos países, acumuló victorias y consiguió ingresar en las clasificaciones mundiales.

El 11 de diciembre de 1971 recibió su primera oportunidad de disputar una corona mundial. Su adversario fue el argentino Nicolino Locche, apodado “El Intocable”, campeón de los wélter junior de la Asociación Mundial de Boxeo.

La pelea se celebró en el Luna Park de Buenos Aires, uno de los escenarios más importantes del boxeo sudamericano.
Locche era reconocido por su extraordinaria capacidad defensiva. Sus movimientos de cintura y cabeza le permitían esquivar golpes a distancias mínimas y desconcertar a sus adversarios.

Durante quince asaltos, el argentino impuso su estilo y terminó ganando por decisión unánime. Cervantes regresó sin el cinturón, pero con una experiencia que resultaría determinante para su siguiente oportunidad.

La derrota obligó al equipo del colombiano a revisar su preparación. Había demostrado condiciones para competir en el máximo nivel, aunque todavía necesitaba mejorar su capacidad para enfrentar a rivales de mayor experiencia.

Frazer

Tres meses después, el 10 de marzo de 1972, el panorama de la categoría cambió. Alfonso “Peppermint” Frazer derrotó a Nicolino Locche y se convirtió en campeón mundial.

El panameño había conseguido lo que Cervantes no pudo alcanzar en Buenos Aires: superar al argentino y quedarse con su corona.

La llegada de Frazer al campeonato representó una nueva oportunidad para el colombiano. Los contactos de su equipo permitieron concretar el combate que se celebraría en Ciudad de Panamá el 28 de octubre.

Panamá atravesaba entonces un periodo de crecimiento de su boxeo profesional. El país contaba con figuras reconocidas internacionalmente y sus campeones despertaban una enorme afición.

Frazer era uno de los protagonistas de ese momento. Su victoria sobre Locche lo había convertido en una figura deportiva nacional, y su primera defensa del título generaba grandes expectativas.

El Gimnasio Nuevo Panamá recibió a miles de aficionados para presenciar el enfrentamiento. El público respaldaba mayoritariamente al campeón local, mientras Cervantes y su equipo buscaban una victoria que parecía difícil en territorio extranjero.

Tres nocaut y primer título

El colombiano llegó al combate con una estrategia preparada por Sáenz: mantener la presión, trabajar sobre el cuerpo del adversario y aprovechar la fortaleza física para reducir progresivamente su movilidad.

Frazer tenía otras condiciones. Su velocidad de piernas y manos le permitía entrar y salir de la distancia de ataque, conectar golpes y desplazarse antes de recibir una respuesta contundente.

Desde los primeros asaltos, el panameño comenzó a utilizar esas ventajas.

Se movía alrededor del colombiano, cambiaba de posición y buscaba mantener el control de las acciones.
Cervantes avanzaba detrás de él. Su tarea consistía en encontrar la distancia adecuada para conectar sus golpes y evitar que el campeón administrara el combate únicamente mediante su velocidad.

Frazer consiguió imponer su ritmo durante buena parte de la pelea. Sus movimientos provocaban las reacciones de los espectadores y le permitían sumar puntos ante los jueces.

La esquina del campeón utilizaba instrucciones numéricas para orientar sus combinaciones. El sistema buscaba facilitar la comunicación durante los intercambios y mantener la disciplina táctica del panameño.

Pambelé continuaba trabajando. Sus golpes al cuerpo formaban parte de una estrategia destinada a disminuir la resistencia y la movilidad de Frazer.

El combate avanzó entre intercambios, desplazamientos y momentos en los que el colombiano intentaba imponer su mayor alcance.

Al terminar el noveno asalto, el campeón panameño llevaba ventaja en las tarjetas. Para Cervantes, la posibilidad de conquistar el título mediante una decisión de los jueces se había complicado.
En su esquina, Ramiro Machado y Melquíades Sáenz comprendieron que el colombiano necesitaba un desenlace contundente.

La indicación fue buscar el nocaut. El décimo asalto comenzó con Frazer todavía en condición de campeón. Había conseguido superar nueve episodios y estaba más cerca de retener el cinturón si lograba mantener su ventaja.

Pero Cervantes salió dispuesto a cambiar el resultado. En uno de los intercambios conectó un golpe de izquierda que estremeció al panameño y lo envió a la lona.

Frazer consiguió incorporarse y recibió el conteo del árbitro Isaac Herrera. El combate continuó, pero el colombiano había encontrado la oportunidad que buscaba.

Pambelé avanzó nuevamente. Conectó otros golpes y derribó por segunda vez al campeón. El público, que había acompañado los movimientos del panameño durante los asaltos anteriores, presenció cómo el combate cambiaba de manera definitiva. Frazer volvió a levantarse.

Cervantes no permitió que recuperara el control de la pelea. Lanzó una nueva combinación de golpes a la cabeza y consiguió la tercera caída del panameño. El árbitro Isaac Herrera intervino y dio por terminado el enfrentamiento. Habían transcurrido 75 segundos del décimo asalto.

Antonio Cervantes Reyes acababa de convertirse en campeón mundial de los wélter junior de la Asociación Mundial de Boxeo.

De lustrabotas a campeón

La reconstrucción histórica del combate, conservada en los archivos de prensa de la época y en los registros de la AMB, coincide en que las tres caídas de Frazer durante el décimo episodio determinaron la victoria del colombiano.

El resultado transformó inmediatamente la dimensión deportiva de Cervantes. Aquel hombre que había trabajado lustrando zapatos y vendiendo cigarrillos en Cartagena acababa de derrotar al campeón mundial en su propio país.

La noticia llegó a Colombia y se convirtió en uno de los acontecimientos deportivos más importantes de 1972.

Los periódicos dedicaron sus principales espacios a la victoria. Las emisoras informaron sobre el triunfo y miles de colombianos conocieron el nombre del primer compatriota que conseguía un campeonato mundial de boxeo.

El título tenía un significado particular porque Colombia llevaba años intentando alcanzar esa conquista.
Uno de los antecedentes más importantes había sido Bernardo Caraballo, boxeador cartagenero que disputó dos campeonatos mundiales sin conseguir la corona.

El 28 de octubre de 1972 Pambelé se consagra como campeón mundial. Infografía Agencia de Periodismo Investigativo, API

 

El 11 de noviembre de 1964, Caraballo enfrentó al brasileño Éder Jofre en la plaza de toros de Santamaría, en Bogotá. El campeón brasileño ganó por nocaut en el séptimo asalto.

El 4 de julio de 1967, Caraballo tuvo una segunda oportunidad frente al japonés Masahiko Harada, en Tokio, pero perdió por decisión unánime.

A esos intentos se sumó la derrota de Cervantes frente a Locche en diciembre de 1971. La victoria sobre Frazer puso fin a esa sucesión de oportunidades frustradas y abrió una etapa de triunfos internacionales para el boxeo colombiano.

El campeonato también modificó la vida personal del nuevo monarca. Su nombre comenzó a aparecer en campañas publicitarias, homenajes y actos públicos.

Estrella y fortuna

La fama llegó acompañada de ingresos económicos que contrastaban con las condiciones en las que había crecido. Su historia despertó un interés que trascendió los escenarios deportivos.

Para numerosos colombianos, Pambelé representaba la posibilidad de alcanzar reconocimiento internacional desde un origen humilde.

La relación con San Basilio de Palenque adquirió una importancia especial. Cervantes no olvidó su lugar de nacimiento y contribuyó a impulsar obras que buscaban mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Su éxito permitió visibilizar las necesidades de una comunidad históricamente marginada. También convirtió a Palenque en un lugar asociado con una de las figuras más importantes del deporte colombiano.

Pero el campeonato de 1972 no fue el final de su carrera. Por el contrario, marcó el comienzo de un largo periodo de dominio en el boxeo mundial.

Cervantes defendió exitosamente su corona en diez oportunidades durante su primer reinado. En ese periodo enfrentó a distintos contendores internacionales y consolidó su reputación como uno de los mejores boxeadores de la división.

Su capacidad para combinar golpes, mantener la presión y resistir los ataques de sus rivales le permitió permanecer durante años en la élite.

El reconocimiento internacional creció hasta situarlo entre los pugilistas más destacados de su época, cuando Muhammad Ali dominaba buena parte de la atención mundial sobre el boxeo.

La derrota

En marzo de 1976, Pambelé perdió su cinturón ante el puertorriqueño Wilfred Benítez, un joven de apenas 17 años que se convirtió en uno de los campeones mundiales más precoces de la historia.

La derrota interrumpió su primer reinado, pero no terminó con sus aspiraciones.
El 25 de junio de 1977 recuperó el título mundial al derrotar al argentino Carlos María Giménez.

Comenzó entonces una segunda etapa como campeón, durante la cual volvió a enfrentar a contendores de primer nivel y aumentó el número de defensas exitosas de su corona.

Entre sus dos reinados acumuló 18 defensas satisfactorias del campeonato mundial, una cifra que lo situó entre los grandes representantes históricos de los superligeros.

Su segundo reinado terminó el 2 de agosto de 1980, cuando fue derrotado por el estadounidense Aaron Pryor en Cincinnati, Ohio.

Pryor se impuso por nocaut técnico en el cuarto asalto y puso fin al periodo de Cervantes como campeón mundial.
Para entonces, Pambelé había permanecido durante gran parte de la década de 1970 como una de las principales figuras del boxeo internacional.

Su carrera profesional concluyó con un registro de 67 victorias, 12 derrotas y un empate, además de 37 triunfos por nocaut.

En el Salón de la Fama

El reconocimiento a su trayectoria llegó también desde las instituciones del boxeo. En 1998 ingresó al Salón Internacional de la Fama del Boxeo, distinción reservada a deportistas que dejaron una huella significativa en la historia de esta disciplina.

Su vida fuera del cuadrilátero, no obstante, estuvo marcada por dificultades personales, problemas de consumo de alcohol y drogas y episodios que afectaron su patrimonio y su salud.

El contraste entre sus años de gloria deportiva y los problemas posteriores se convirtió en parte de su historia pública.

A pesar de esas dificultades, su trayectoria continuó siendo objeto de homenajes y reconocimientos. Las autoridades deportivas colombianas destacaron en distintas oportunidades su condición de pionero y su contribución al desarrollo del boxeo nacional.

En 2022, al cumplirse medio siglo de su primer campeonato mundial, se realizaron actos conmemorativos de aquella victoria. El Comité Olímpico Colombiano también reconoció su trayectoria con el premio Vida y Obra de los Altius 2022.

El legado de Cervantes puede observarse en las generaciones de boxeadores colombianos que posteriormente alcanzaron títulos mundiales.

Después de Pambelé llegaron campeones como Rodrigo Valdés, Miguel “Happy” Lora, Fidel Bassa, Tomás Molinares, Rafael Pineda y otros representantes que ampliaron la presencia de Colombia en el boxeo internacional.

Su conquista de 1972 fue especialmente importante para los deportistas de la costa Caribe, región que se consolidó como una de las principales canteras del pugilismo colombiano.

Los gimnasios de Cartagena, Barranquilla y otras ciudades encontraron en su figura un referente para jóvenes que buscaban abrirse camino en el deporte profesional.

La imagen de Pambelé también quedó vinculada a una expresión que alcanzó enorme popularidad en Colombia: “Es mejor ser rico que pobre”.

La frase, asociada a sus experiencias personales y al cambio económico que experimentó después de conquistar el campeonato, pasó a formar parte del lenguaje popular colombiano.

Un legado

Su trayectoria reunió dos realidades: la de un deportista que alcanzó la cima mundial gracias a sus condiciones y preparación, y la de un hombre que enfrentó dificultades personales después de obtener fama y fortuna.

Sin embargo, el episodio que permanece como referencia central de su carrera ocurrió en Ciudad de Panamá.

Aquella noche del 28 de octubre de 1972, el campeón panameño había logrado mantener la ventaja durante nueve asaltos. Cervantes necesitaba encontrar una manera de superar a un adversario que se movía con velocidad y controlaba buena parte del combate.

El colombiano mantuvo la presión y encontró su oportunidad cuando comenzaba el décimo episodio.
Primero llegó la izquierda que envió a Frazer a la lona. Después, una segunda caída que acercó al retador a la victoria. Finalmente, una combinación de golpes que obligó al árbitro a detener el enfrentamiento.

Tres caídas en 75 segundos fueron suficientes para resolver una pelea que estaba programada a quince asaltos.
El panameño perdió su cinturón y el colombiano consiguió el primero de los dos campeonatos mundiales que marcarían su carrera.

Cincuenta y cuatro años después, la fecha conserva un lugar especial en la historia deportiva del país.

El 28 de octubre de 1972, Antonio Cervantes Reyes no solamente ganó una pelea. Conquistó el primer título mundial de boxeo para Colombia, inició uno de los reinados más importantes de su categoría y abrió un camino que posteriormente recorrerían varias generaciones de campeones nacionales.

El muchacho que había recorrido las calles de Cartagena buscando dinero para ayudar a su familia terminó levantando los brazos en un cuadrilátero extranjero, ante miles de espectadores, después de derrotar al campeón mundial.

Su nombre quedó inscrito en los registros internacionales del boxeo y en la memoria deportiva colombiana.

Desde aquella noche, Antonio Cervantes Reyes dejó de ser únicamente el boxeador conocido como “Kid Pambelé”. Se convirtió en el primer campeón mundial de boxeo de Colombia.

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