Publicidad


Publicidad

La colombiana que defraudó a la banca americana

Mediante un esquema de supuestos préstamos hipotecarios para adquirir propiedades al sur de la Florida, la mujer a nombre propio y usando una cadena de supuestos solicitantes, accedió durante varios años al sistema financiero norteamericano y logró millonarios créditos en dólares. Todo resultó ser un fraude y terminaron metidos en el asunto bancos internacionales, un capo de la mafia, testaferros y abogados. Acaban de autorizar su extradición a Estados Unidos en donde responderá en juicio por varios delitos. 

Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 10/03/2021 - 14:12

Durante casi una década, Andrea Johanna Marroquín, se convirtió en asidua visitante de los bancos en Estados Unidos. La mayoría de veces de manera virtual y otras personalmente o a través de terceras personas quienes solicitaban préstamos hipotecarios para adquirir lujosos bienes, especialmente, en Miami y otros sectores del sur de La Florida. Para ello, la atractiva y arriesgada mujer presentaba solicitudes de crédito que contenían información fraudulenta. También justificaba sus ingresos y activos mediante préstamos que le solicitaba a terceros para engordar cuentas bancarias. Así, con el apoyo de testaferros obtuvo la aprobación directa e indirecta de prestigiosas entidades financieras norteamericanas. Sin embargo, su entramado financiero quedó al descubierto y en pocos días será extraditada a Estados Unidos.

Los controles financieros en Estados Unidos son estrictos. Sin embargo, la joven mujer y su cadena de socios se pasearon por la banca cibernética y las oficinas de los más prestigiosos bancos internacionales, algunos de ellos que se transformaron, fueron vendidos o cambiaron su marca. El Gateway Bank, F.S.B, fue permeado por las solicitudes de créditos de la colombiana y su grupo. Lo propio sucedió con el Countrywide Bank, N.A que posteriormente fue adquirido por el Bank of America. La espúrea cadena de solicitudes de crédito también tocó las puertas del Wells Fargo Bank, JP Morgan Chase Bank y el Washington Mutual Bank, entidad financiera que fue adquirida por el grupo JP Morgan.

Banco

De igual manera, la ‘malicia indígena’ de la colombiana Marroquín permitió transacciones en la MC Corporation que daba servicios a prestamos hipotecarios. En este sentido era la entidad financiera responsable de cobrar los pagos de créditos hipotecarios de comunicarse con los clientes para verificarles mora, potenciales embargos y de modificar los términos de los préstamos o de acordar realizar una venta por menor valor de la hipoteca en nombre de la institución crediticia. En otras palabras, era uno de los intermediarios en el negocio de la mujer. En estas actividades también fue afectado el American Mortage Network, Inc, subsidiaria del Wachovia Bank que como se sabe fue adquirido por el Wells Fargo Bank.

El modus operandi era sencillo pero a la vez sofisticado. Para acceder a los beneficios financieros, Marroquín contrató en Estados Unidos y Colombia a varias personas con el propósito de que actuaran como solicitantes de créditos y posteriores propietarios de lujosos inmuebles quienes a su vez los presentaban a precios superiores a los señalados en el dinámico mercado inmobiliario del país del norte.

Así hicieron importantes negocios y adquirieron préstamos que infectaron el sistema financiero norteamericano. Todo marchaba sobre ruedas, hasta que apareció en las autoridades antinarcóticos como la DEA y de investigación como el FBI, el nombre de José Orlando Sánchez Cristancho, de quien se detectó que le giró los recursos para adquirir las primeras propiedades en Estados Unidos. En concreto, se trata de un esquema de estafa mediante el tráfico de cocaína, según lo determinó la justicia de ese país.

Un esquema que se iniciaba con el giro de dinero de la venta de narcóticos que se movía mediante empresas fantasmas. Estas a su vez, abrían cuentas bancarias a nombre de Marroquín Rubiano y su grupo de testaferros con el propósito de mimetizar su origen, propiedad y control. De esta manera, toda la infraestructura quedaba legalizada y de esa manera acudían a los bancos americanos para comprar las propiedades.

Un esquema que se iniciaba con el giro de dinero de la venta de narcóticos que se movía mediante empresas fantasmas. Estas a su vez, abrían cuentas bancarias a nombre de Marroquín Rubiano y su grupo de testaferros con el propósito de mimetizar su origen, propiedad y control. De esta manera, toda la infraestructura quedaba legalizada y de esa manera acudían a los bancos americanos para comprar las propiedades.

America

El nombre de Orlando Sánchez Cristancho fue clave para empezar a desarticular una organización que por años hizo de las suyas y camufló varios millones de dólares del narcotráfico en la banca de Estados Unidos bajo el supuesto de solicitar créditos hipotecarios, entre otras modalidades. Se trata del denominado ‘Hombre del overol’, hoy en prisión en Estados Unidos, quien perteneció al cartel del Norte del Valle, dentro del clan de los Henao y que en tiempos violentos del narcotráfico le declaró la guerra a los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, otrora jefes del cartel de Cali. Resulta que la persona que se prestó para hacer todo el entramado en Estados Unidos usando la banca como socia de Sánchez Cristancho fue justamente Johanna Andrea Marroquín Rubiano.

Así las cosas y luego de una investigación federal, la colombiana Marroquín fue detectada como soporte de una organización sofisticada que lavó dinero del narcotráfico a través del sistema financiero americano. Acusada por concierto para cometer fraude electrónico y fraude bancario, lavado de dinero, concierto para cometer lavado de dinero fue requerida y posteriormente  solicitada en extradición por la justicia de Estados Unidos.

Algunos detalles de la investigación  realizada por las agencias norteamericanas y conocidas por la Agencia de Periodismo Investigativo, API, dan cuenta por ejemplo, que transfirió en algún momento 199.895 dólares desde Panamá al Distrito Sur de Florida. También que el mismo ‘Hombre del overol’ pudo obtener un préstamo hipotecario para comprar la unidad de condominio número 511 en 19900 East Country Club Orive, Aventura, en el Distrito Sur de Florida sin tener el ingreso real ni activos legítimos que se hubiesen provisto como garantía legal del préstamo. Incluso, el banco afectado se queja dentro del expediente porque el ‘Hombre del overol’ se atrasó en el pago de la deuda causándole pérdidas a la entidad financiera. En el caso del Wells Fargo Bank, esta institución acudió al proceso señalando a Andrea Johanna Marroquín, quien se presentaba como Andrea Reyes de ejecutar una estrategia que con documentos y cifras fraudulentas lo estafó.

En este contexto, la mujer se movía entre las instituciones financieras de Estados Unidos y Colombia. Por eso, a comienzos de este año fue capturada por las autoridades en Colombia sindicada de los presuntos delitos de concierto para estafar y obtener dineros y bienes por medio de demandas falsas, fraude bancario y lavado de dinero.

En este contexto, la mujer se movía entre las instituciones financieras de Estados Unidos y Colombia. Por eso, a comienzos de este año fue capturada por las autoridades en Colombia sindicada de los presuntos delitos de concierto para estafar y obtener dineros y bienes por medio de demandas falsas, fraude bancario y lavado de dinero.

La colombiana Marroquín permanece, recluida en la cárcel El Buen Pastor en Bogotá y la semana pasada, atendiendo la nota verbal número 2083 del 19 de diciembre de 2017 tramitada a través de la embajada de Estados Unidos en Colombia y formalizada el 16 de marzo, fue autorizada para su extradición a Estados Unidos a fin de que comparezca en juicio por al menos cuatro delitos.

Señala la justicia que incurrió en “concierto para estafar y obtener dinero y bienes por medio de demandas falsas y fraudulentas; y concierto para estafar, ejecutar y causar la ejecución de un esquema y una artimaña para estafar a una institución financiera”. Además la sindica de lavado de dinero y de “concierto para involucrarse en transferencias monetarias provenientes de bienes obtenidos mediante actividades delictivas por una suma mayor a 10 mil dólares de los Estados Unidos, la cual derivó de la importación, la exportación, la recepción, el encubrimiento, la compra, la venta delictiva y la comercialización de una sustancia controlada condenables bajo las leyes de Estados Unidos y Colombia”.

La historia se repite. Mujeres que no se resisten a los ofrecimientos del mundo de la mafia y que terminan en prisión. Esta vez de una manera más sofisticada, contaminando la banca internacional y conformando una red de testaferros para solicitar créditos hipotecarios. Con el mismo destino prisión y condena en una cárcel de Estados Unidos.