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Jhon Lucumí, el regreso del central que ordena a Bologna y sostiene el sueño mundialista de Colombia

El defensa colombiano se recuperó de una lesión y vuelve a brillar en el Calcio.

Jhon Lucumí
Por Agencia Periodismo Investigativo | Lun, 23/02/2026 - 20:45 Créditos: Red social X @ThreadsFutbol / Defensa colombiano, Jhon Lucumí

Bologna venció por 1-0 a Udinese como local, en partido de la fecha 26 de la Serie A 2025. Para Bologna el gol fue marcado por Bernardeschi . El cotejo se disputó en el estadio Renato Dall'Ara, en una nueva jornada del fútbol italiano, con un desempeño notable del defensa colombiano Jhon Lucumi.

Una victoria notable para el equipo del central nacional con un resultado donde Bologna suma 36 puntos, ubicándose en la 8 posición, mientras que Udinese tiene 32 unidades, en la 11 posición en la tabla.

Ese rendimiento, además, tuvo un valor narrativo especial para Bologna: llegó después de atravesar un tramo de incertidumbre física por la lesión de Lucumi.

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A comienzos de enero, el club informó que los exámenes médicos evidenciaron una lesión de bajo grado en el isquiotibial derecho y estimó un periodo de recuperación de tres a cuatro semanas.

La Serie A no da tregua y la defensa suele pagar primero el costo de los calendarios comprimidos, por eso el regreso no se lee solo como “volver a jugar”, sino como recuperar rutinas: la potencia en el primer paso, la confianza para ir al cruce sin calcular de más, la coordinación con el lateral y la claridad para salir con el pase cuando el rival presiona arriba.

En febrero, el proceso mostró una señal concreta: Lucumí volvió a ser citado tras superar el problema muscular, en un momento en el que Bologna necesitaba estabilidad en su zaga.

La recuperación, contada desde afuera, se ve como un parte médico y una fecha; desde adentro, suele ser otra cosa: volver a sentir la carga del partido, revalidar la seguridad del cuerpo y, sobre todo, recuperar el sitio dentro del sistema.

En Turín, esa reaparición tomó forma de actuación completa: sin urgencias, sin exhibicionismo, con la convicción del central que entiende que la mejor noticia para su equipo es que el rival no encuentre caminos.

El impacto del momento no se queda en Italia. En la Selección Colombia, el nombre de Lucumí se asocia a una necesidad estructural: centrales que sepan competir en el duelo, pero también sostener al equipo cuando la presión obliga a decidir en un segundo.

En noviembre de 2025, Colombia jugó amistosos en Estados Unidos como parte de la preparación, incluyendo el triunfo 2-1 ante Nueva Zelanda en Fort Lauderdale; tras ese partido, el técnico Néstor Lorenzo destacó el plan del rival y el nivel de exigencia física que impuso.

En ese contexto de pruebas y ajustes, Lucumí apareció como una alternativa de confianza en la zaga, con minutos en ese encuentro.

Y ahí es donde la temporada de club se conecta con el siguiente escalón. El Mundial de 2026 se disputará en Norteamérica, con sedes en Estados Unidos, México y Canadá, y un formato ampliado.

Para una selección que pretende llegar competitiva, la defensa no se construye en una convocatoria, sino en la continuidad: en futbolistas que llegan con ritmo, liderazgo silencioso y la espalda de partidos donde cualquier error cuesta puntos.

Lucumí, en el Bologna de Italiano, ha encontrado precisamente ese escenario: semanas en las que el equipo depende de su capacidad para sostener el orden, defender el área sin caer en el caos y administrar ventajas mínimas como la de Turín, donde Bologna salió con un triunfo trabajado y una defensa que concedió poco.

En esa línea, su historia reciente se entiende como una secuencia: lesión, recuperación, regreso a la titularidad y confirmación en un partido de visita que exigía concentración hasta el último balón. 

Si Colombia llega al Mundial con el plan de competirle a cualquiera, necesitará centrales que sepan jugar estos partidos antes de que empiecen: leyendo amenazas, anticipando segundas jugadas y sosteniendo el equilibrio cuando el resto del equipo respira con dificultad.

Ante el Udinese, Lucumí volvió a hacer lo que distingue a los defensores grandes: que el triunfo parezca una consecuencia lógica del orden.

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