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El rugido del “Tigre” en el Malecón: así fue el cierre de campaña de Abelardo de la Espriella en Barranquilla
Concentración de seguidores del candidato en la capital del Atlántico.
El calor de Barranquilla seguía suspendido sobre el río Magdalena cuando empezaron a llegar los primeros simpatizantes vestidos de amarillo, negro y blanco.
Algunos llevaban banderas de Colombia amarradas al cuello como capas improvisadas; otros agitaban carteles con la figura del tigre, el símbolo que Abelardo de la Espriella convirtió en emblema de su campaña presidencial.
Desde temprano, la explanada del Pabellón de Cristal, en el Gran Malecón, comenzó a llenarse de caravanas provenientes de distintos municipios del Atlántico y de departamentos vecinos.
La música sonaba a un volumen ensordecedor y, sobre las pantallas gigantes instaladas frente a la tarima, se repetían imágenes del candidato abrazando militares retirados, comerciantes, jóvenes y trabajadores durante sus recorridos de campaña.
La cita había sido anunciada desde comienzos de mayo como uno de los actos centrales del cierre electoral del movimiento Defensores de la Patria. La campaña confirmó que Barranquilla y Medellín serían las ciudades escogidas para las concentraciones finales antes de las elecciones presidenciales del 31 de mayo.
Pero más allá de la logística y de la convocatoria, el evento de este sábado tenía una carga simbólica evidente. Barranquilla aparecía en el mapa político como una plaza estratégica.
Analistas recordaron en la semana previa que el Atlántico supera los dos millones de votantes habilitados y representa un territorio clave para cualquier aspiración presidencial.
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A medida que caía la tarde, el Malecón se convirtió en una mezcla de verbena costeña y concentración política.
Vendedores ambulantes recorrían la zona ofreciendo gorras con la frase “La Patria se defiende”, camisetas estampadas con el rostro del candidato y pequeñas banderas tricolores.
Desde los parlantes sonaban vallenatos clásicos, mezclados con canciones de campaña y arengas grabadas. En varios momentos, la multitud coreó “¡Abelardo presidente!” mientras grupos de simpatizantes hacían sonar tambores y redoblantes.
Muchos de los asistentes llegaban atraídos por el discurso de seguridad y autoridad que ha caracterizado al abogado penalista convertido en candidato presidencial.
De la Espriella, conocido durante años por su presencia mediática y por haber representado a personajes polémicos de la vida pública colombiana, entró de lleno a la política con un discurso de confrontación contra el gobierno de Gustavo Petro, defendiendo propuestas de mano dura, reducción del Estado y fortalecimiento de la fuerza pública.
En Barranquilla, ese mensaje encontró eco entre comerciantes, empresarios y sectores conservadores que llegaron desde temprano al Malecón.
Entre la multitud se veían reservistas de la fuerza pública, líderes religiosos, jóvenes universitarios y familias completas que ocupaban las zonas cercanas a la tarima principal.
Algunos asistentes llevaban pancartas con frases contra la inseguridad y otras con referencias religiosas. Varias personas se persignaban antes de iniciar los discursos.
Pasadas las seis de la tarde apareció José Manuel Restrepo, fórmula vicepresidencial de De la Espriella.
El exministro fue recibido con aplausos mientras insistía en que Barranquilla representaba “el milagro económico” que, según él, debía replicarse en el país. Esa idea ya había sido planteada por la campaña días atrás, cuando anunciaron el evento en la capital del Atlántico.
Restrepo habló de crecimiento económico, inversión privada y empleo. Intentó darle al acto un tono menos incendiario y más técnico. Sin embargo, el ambiente cambió cuando anunciaron la llegada de Abelardo de la Espriella.
El candidato apareció vestido con camisa blanca y jeans oscuros, caminando entre un corredor de seguridad mientras saludaba a los asistentes.
Los teléfonos celulares se levantaron al mismo tiempo. Desde la tarima, una voz gritó: “¡Llegó el Tigre!”. Entonces empezó uno de los momentos más ruidosos de la noche.
De la Espriella levantó los brazos y observó durante varios segundos la explanada llena. Luego tomó el micrófono y arrancó con un discurso cargado de referencias patrióticas y mensajes contra la izquierda.
Habló de recuperar la seguridad, de combatir la corrupción y de “devolverle el orden a Colombia”. En distintos momentos atacó directamente al gobierno Petro y cuestionó los acuerdos de paz y la situación de orden público en varias regiones del país.
La multitud respondía con gritos y aplausos. Cada vez que mencionaba la palabra “libertad”, miles de personas levantaban banderas o encendían las linternas de sus celulares. El río Magdalena, detrás de la tarima, reflejaba las luces amarillas y blancas de la concentración.
El candidato insistió varias veces en la idea de que su campaña representaba una “rebelión ciudadana” y no una maquinaria política tradicional.
Esa narrativa había sido utilizada también en la promoción oficial de los cierres de campaña, donde el movimiento hablaba de “la fuerza de los nunca” y de una “dupla outsider” capaz de romper con los partidos tradicionales.
En una de sus intervenciones, De la Espriella aseguró que Colombia estaba “ante una batalla definitiva” y que las elecciones del 31 de mayo definirían el rumbo institucional del país. Sus seguidores respondieron coreando “¡sí se puede!”.
Mientras tanto, desde los alrededores del Malecón seguían entrando personas. Algunos observaban desde las barandas cercanas al río; otros permanecían sobre las zonas verdes intentando escuchar las intervenciones a través de las pantallas gigantes.
El evento también dejó ver el músculo organizativo que la campaña intentó construir en la Costa Caribe. Semanas antes, la organización había habilitado una plataforma digital para registrar gratuitamente a los asistentes y controlar el aforo.
Desde la tarima, dirigentes de la campaña hablaban de “remontada” y de “ola ciudadana”. Los presentadores repetían constantemente que el movimiento estaba a pocos días de lograr “la gran sorpresa electoral”.
Hacia el final de la noche, la concentración se transformó casi en un espectáculo musical. Sonaron tambores, música tropical y canciones patrióticas mientras los simpatizantes seguían coreando el nombre del candidato. Sobre la tarima, Abelardo de la Espriella abrazó a José Manuel Restrepo y levantó nuevamente una bandera de Colombia frente a la multitud.
El acto terminó entre fuegos artificiales y humo amarillo que cubrió parte de la explanada del Malecón. Poco a poco, miles de personas comenzaron a dispersarse por las avenidas cercanas mientras continuaban los cánticos y los vendedores ambulantes intentaban aprovechar los últimos minutos de la jornada.
Barranquilla quedó entonces convertida, por una noche, en el escenario final de una campaña que buscó consolidar a Abelardo de la Espriella como una de las principales figuras de la derecha colombiana en la carrera presidencial de 2026.
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