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El Chapo’ Guzmán pide trato justo en prisión y reaparece su historial criminal con cifras millonarias
Carta de ‘El Chapo’ desde prisión reabre debate sobre su imperio criminal y miles de toneladas de droga traficadas.
Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, conocido como “El Chapo”, remitió una carta al juez federal Brian Cogan, en la que solicita garantías de trato justo durante su permanencia en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos.
En la misiva, fechada el 10 de abril y recibida el 17 de abril en una corte de Nueva York, el exlíder del Cártel de Sinaloa expone una serie de quejas relacionadas con su régimen de reclusión.
Guzmán, de 66 años, cumple cadena perpetua en el centro penitenciario ADX Florence, en Colorado, considerado uno de los más estrictos del sistema federal estadounidense.
En ese lugar, los internos permanecen en aislamiento cerca de 23 horas al día, bajo un esquema diseñado para reclusos de alto perfil o considerados de extrema peligrosidad.
En el documento, redactado en inglés, el condenado plantea que su situación actual vulnera derechos fundamentales y solicita la intervención del juez para que se revisen sus condiciones de detención.
Entre los señalamientos, menciona incomunicación prolongada, deficiencias en la alimentación y presuntos actos de maltrato que, según afirma, podrían constituir tratos crueles.
El exjefe del narcotráfico invoca disposiciones constitucionales tanto de México como de Estados Unidos. En particular, hace referencia a la Primera Enmienda, relativa a la libertad de expresión, y a la Octava Enmienda, que prohíbe castigos crueles e inusuales.
A su juicio, dichas normas deben ser consideradas en el contexto de su extradición y ejecución de la pena, con el fin de garantizar un trato conforme a derecho.
“Solicito que se me brinde un trato justo en este país, conforme a las leyes que rigen mi extradición y los principios constitucionales aplicables”, señala en uno de los apartes de la carta presentada ante la corte.
Este no es el primer pronunciamiento de Guzmán ante las autoridades judiciales estadounidenses desde su condena. En agosto de 2025, el interno ya había solicitado al mismo juez que se le permitiera restablecer comunicación con su abogado, José Israel Encinosa.
En esa ocasión, afirmó que no tenía acceso a llamadas telefónicas, visitas ni correspondencia con su defensa, lo que, según argumentó, limitaba su derecho a la representación legal.
Guzmán fue extraditado a Estados Unidos en enero de 2017, tras haber escapado en dos ocasiones de centros penitenciarios en México, una de ellas mediante un túnel construido desde su celda en el penal del Altiplano.
En julio de 2019, fue declarado culpable de múltiples cargos relacionados con narcotráfico, lavado de activos y participación en organización criminal, tras un juicio que se extendió por varios meses en Nueva York.
Desde entonces, permanece recluido en ADX Florence, instalación conocida por albergar a algunos de los reclusos más notorios del sistema penitenciario federal, incluidos condenados por terrorismo y crimen organizado.
Diversos informes de organizaciones de derechos humanos han cuestionado las condiciones de aislamiento en este tipo de centros, al considerar que pueden afectar la salud física y mental de los internos.
Hasta el momento, no se ha informado de una respuesta oficial del juez Brian Cogan frente a la reciente comunicación enviada por Guzmán Loera. Tampoco se ha pronunciado públicamente la Oficina Federal de Prisiones sobre las condiciones específicas denunciadas en la carta.
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El criminal que hoy pide un trato digno y hoy aboga que se respeten sus derechos humanos tiene un temible prontuario criminal.
El prontuario criminal de Joaquín “El Chapo” Guzmán está documentado en procesos judiciales de Estados Unidos como uno de los más extensos del narcotráfico contemporáneo.
Durante su juicio en Nueva York se estableció que, a lo largo de más de tres décadas, encabezó operaciones que introdujeron cantidades masivas de cocaína, heroína, marihuana y metanfetamina al mercado estadounidense, con un valor estimado de hasta 14.000 millones de dólares en droga traficada.
La estructura bajo su mando no solo garantizaba el transporte de estupefacientes, sino también el control de rutas estratégicas desde Colombia y Centroamérica hacia México y Estados Unidos, lo que le permitió consolidar un dominio sostenido en el hemisferio occidental.
Las cifras atribuidas a la organización que dirigió evidencian la magnitud de su operación. Investigaciones federales han señalado que el Cártel de Sinaloa, bajo su liderazgo junto a Ismael “El Mayo” Zambada, fue responsable de introducir al menos 1,5 millones de kilogramos de cocaína en Estados Unidos durante décadas, además de otras drogas sintéticas.
En operativos recientes contra esta estructura, la DEA ha incautado más de 7,4 toneladas de cocaína, 2,2 toneladas de metanfetamina y cientos de kilogramos de fentanilo en una sola semana, lo que refleja la escala industrial del tráfico que sostuvo la organización.
A esto se suman decomisos acumulados de más de 5,4 toneladas de fentanilo en México entre 2021 y 2025, gran parte vinculados a zonas históricamente controladas por el grupo.
En el plano financiero, las autoridades estadounidenses han estimado que la red criminal generó ingresos multimillonarios anuales, con ganancias que alcanzaban decenas de millones de dólares por cada ciclo de distribución de cocaína, además de utilidades provenientes de metanfetaminas y opioides sintéticos.
Durante operativos internacionales, se han asegurado más de 11 millones de dólares en efectivo y activos, lo que representa solo una fracción del flujo económico del cartel.
El componente violento de su estructura quedó acreditado en múltiples investigaciones y testimonios judiciales. El Cártel de Sinaloa fue señalado por agencias federales como responsable de asesinatos, secuestros, ejecuciones de testigos y enfrentamientos armados, utilizados para mantener el control territorial y eliminar competidores.
Las propias acusaciones en Estados Unidos vinculan a la organización con miles de muertes derivadas de su actividad criminal, tanto por la violencia directa como por el impacto del tráfico de drogas en distintas regiones.
La red operaba en al menos 40 países con decenas de miles de integrantes, lo que le permitió sostener un sistema criminal transnacional con capacidad de intimidación, expansión logística y permanencia durante décadas.
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