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Cuando EE.UU. intervino Panamá y capturó a Noriega: antecedentes de la operación contra Maduro
Operación Causa Justa: la caída de Noriega por parte de Estados Unidos en 1989.
A propósito de la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de fuerzas vinculadas con Estados Unidos, conviene recordar uno de los episodios más trascendentales y controvertidos de la política exterior norteamericana en América Latina: la invasión de Panamá y la rendición del general Manuel Antonio Noriega entre diciembre de 1989 y enero de 1990.
La Operación Causa Justa (Operation Just Cause) fue la acción militar emprendida por el gobierno del presidente de Estados Unidos, George H. W. Bush, entre el 20 de diciembre de 1989 y el 3 de enero de 1990, con el objetivo declarado de derrocar al líder panameño y capturarlo para enfrentar cargos en territorio estadounidense.
Panamá, desde principios de la década de 1980, estaba bajo el control de Noriega, un militar que ejercía el poder de facto tras la disolución de procesos democráticos.
Su relación con Washington, inicialmente cercana por sus vínculos con la inteligencia estadounidense, se deterioró progresivamente tras varias crisis políticas internas, incluyendo la anulación de elecciones en 1989 que había consagrado victoria al candidato opositor Guillermo Endara, y hechos de violencia que atentaron contra ciudadanos estadounidenses en territorio panameño.
El gobierno estadounidense presentó múltiples justificaciones para la invasión: proteger la vida de ciudadanos estadounidenses residentes en Panamá, defender el proceso electoral legítimo y capturar a Noriega, quien ya era buscado por tribunales federales del sur de Florida y Tampa por cargos de narcotráfico, crimen organizado, lavado de dinero y contrabando de drogas.
El operativo militar y la captura
La operación implicó el despliegue de entre 24.000 y 27.000 militares estadounidenses —una de las mayores acciones de este tipo desde la Guerra de Vietnam— contra las Fuerzas de Defensa de Panamá (PDF) y posiciones estratégicas en la ciudad de Panamá y Colón.
Las fuerzas norteamericanas atacaron posiciones militares, bloquearon instalaciones clave como el Aeropuerto Omar Torrijos y libraron combates intensos en múltiples frentes.
Equipos de operaciones especiales, incluidos los Navy SEALs, tuvieron misiones específicas para neutralizar las capacidades de Noriega y cortar posibles rutas de escape.
Durante dos semanas Noriega logró eludir su captura. El 24 de diciembre de 1989 se refugió en la Nunciatura Apostólica (embajada de la Santa Sede) en Ciudad de Panamá.
Allí permaneció rodeado por tropas estadounidenses, que recurrieron a tácticas de guerra psicológica, como la exposición prolongada a música artística a alto volumen, para presionarlo a rendirse. Finalmente, Noriega se entregó el 3 de enero de 1990 a las fuerzas de Estados Unidos.
Inmediatamente tras su captura, Noriega fue trasladado a Estados Unidos, donde en abril de 1992 fue juzgado en un tribunal federal de Miami y declarado culpable de múltiples cargos de narcotráfico, crimen organizado y lavado de dinero. Fue condenado a 40 años de prisión, posteriormente reducidos, e ingresó al sistema penitenciario federal.
Tras cumplir parte de su condena en Estados Unidos, enfrentó procesos adicionales en Francia por lavado de dinero, y luego fue extraditado a Panamá en 2011, donde recibió nuevas condenas por violaciones a los derechos humanos y otros crímenes.
Manuel Antonio Noriega falleció el 29 de mayo de 2017 a los 83 años en el Hospital Santo Tomás de Ciudad de Panamá, tras años de deterioro de su salud.
Manuel Antonio Noriega Moreno nació el 11 de febrero de 1934 en Ciudad de Panamá, en el seno de una familia humilde. Desde joven se formó bajo estricta disciplina militar, y fue precisamente ese camino el que definió su destino político.
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Viajó a Perú para ingresar a la Escuela Militar de Chorrillos, una de las más prestigiosas de América Latina, donde desarrolló habilidades en inteligencia y contrainteligencia que más tarde pondría al servicio de potencias extranjeras y redes del crimen transnacional.
A su regreso a Panamá, se integró a la Guardia Nacional, donde ascendió progresivamente hasta convertirse en el hombre fuerte del país. A finales de la década de 1970 y comienzos de los años ochenta, su influencia dentro del aparato militar panameño se consolidó al mismo tiempo que estrechaba vínculos con agencias de inteligencia de Estados Unidos, particularmente con la CIA, que lo empleó como informante y operador clave en la lucha anticomunista durante la Guerra Fría.
Desde Panamá, Noriega colaboró con Washington en operaciones encubiertas dirigidas hacia Centroamérica, al tiempo que tejía redes paralelas con organizaciones del narcotráfico.
Su ascenso al poder coincidió con la muerte del general Omar Torrijos. Noriega tomó el control absoluto de las Fuerzas de Defensa de Panamá y, desde allí, del Estado mismo.
Su régimen suprimió libertades, cooptó instituciones civiles y anuló procesos electorales para perpetuar su dominio. Mientras tanto, Panamá se convirtió en un nodo estratégico del narcotráfico continental.
Las autoridades estadounidenses lo acusaron de facilitar el tránsito de cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos, y de usar el sistema bancario panameño para lavar dinero proveniente del crimen organizado.
En 1988, un gran jurado federal en Estados Unidos lo acusó formalmente por delitos de tráfico de drogas, lavado de dinero y asociación ilícita, un hecho que marcó la ruptura definitiva con su antiguo aliado norteamericano.
Noriega, en lugar de replegarse, desafió abiertamente a Washington. Anuló los resultados de las elecciones presidenciales de 1989, en las que la oposición había ganado, y mantuvo una narrativa beligerante frente a Estados Unidos.
Su propaganda mostraba al país como víctima del intervencionismo y del imperialismo extranjero, mientras las tensiones diplomáticas escalaban.
Finalmente, la postura desafiante de Noriega, sumada a los crímenes imputados y las agresiones contra ciudadanos estadounidenses en Panamá, desembocó en la invasión militar del 20 de diciembre de 1989.
Dos semanas después, tras refugiarse en la Nunciatura Apostólica en Ciudad de Panamá, se entregó a las fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 1990. Fue trasladado a Estados Unidos, donde fue juzgado, condenado y encarcelado por narcotráfico. Más tarde enfrentó nuevos procesos en Francia y Panamá. Murió en 2017, en su país natal, a los 83 años.
Hoy la historia se repite con Nicolás Maduro y algunas similitudes con el caso Noriega.
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