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De la confesión de Hugo Carvajal a la captura de Nicolás Maduro: así operaba el Cartel de los Soles
El otrora oficial destapó el Cartel de los Soles y allanó el camino para la captura de Nicolás Maduro.
La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas militares de Estados Unidos, se produjo después de años de acumulación de procesos judiciales, investigaciones federales y testimonios que apuntaron al presunto uso del Estado venezolano como plataforma para el narcotráfico internacional.
Uno de los hitos centrales de ese expediente fue la confesión judicial de Hugo Carvajal, exdirector de inteligencia militar, quien en junio de 2025 se declaró culpable ante una corte federal estadounidense de cargos por narcotráfico y narcoterrorismo.
Carvajal, conocido como “El Pollo”, admitió su participación en una estructura criminal que, según la Fiscalía de Estados Unidos, operó durante años desde las más altas esferas del poder venezolano.
Los cargos aceptados incluyeron conspiración para importar cocaína a territorio estadounidense, conspiración para cometer narcoterrorismo y delitos relacionados con armas de guerra, un conjunto de acusaciones que, en su máxima expresión, lo exponen a una condena de cadena perpetua.
La audiencia de sentencia fue fijada para el 29 de octubre, aunque su cooperación con la justicia quedó desde entonces bajo reserva judicial.
Durante el proceso, los fiscales sostuvieron que Carvajal formó parte del denominado Cartel de los Soles, una red integrada —según la acusación— por altos mandos militares y funcionarios del régimen chavista, que facilitó durante años el envío de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y otros destinos.
En esa estructura, afirmaron los investigadores, existió colaboración directa con organizaciones armadas colombianas, entre ellas la extinta guerrilla de las FARC, en un esquema que combinó protección estatal, control territorial y uso de rutas estratégicas.
Las autoridades estadounidenses describieron el caso como un ejemplo de “captura del Estado” por redes criminales.
El entonces fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, Jay Clayton, advirtió que la investigación reveló cómo funcionarios de gobiernos extranjeros utilizaron su poder para facilitar el tráfico de drogas a gran escala, afectando directamente la seguridad y la salud pública de Estados Unidos.
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La trayectoria de Carvajal dentro del aparato estatal venezolano fue extensa. Dirigió la Dirección de Inteligencia Militar entre 2004 y 2011, durante el gobierno de Hugo Chávez, y regresó al cargo entre 2013 y 2014 ya bajo la presidencia de Maduro.
Desde 2008 había sido incluido en la llamada Lista Clinton, que identifica a personas y entidades vinculadas al narcotráfico y restringe sus operaciones financieras internacionales.
En 2014 fue detenido brevemente en Aruba por solicitud de Estados Unidos, pero logró eludir la extradición al alegar inmunidad diplomática.
Años después, en 2017, rompió públicamente con Maduro, a quien acusó de violaciones a los derechos humanos y de haber sumido al país en una crisis humanitaria marcada por la escasez de alimentos y medicinas.
En 2019 reconoció al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, un gesto que profundizó su ruptura con el chavismo.
Ese mismo año fue arrestado en España por una nueva solicitud de extradición, aunque logró fugarse y permaneció prófugo durante casi dos años.
Su recaptura en septiembre de 2021 y posterior extradición en julio de 2023 marcaron el inicio de la fase final del proceso que culminó con su confesión.
En un comunicado posterior, el Departamento de Justicia de Estados Unidos afirmó que Carvajal y otros miembros del Cartel de los Soles “corrompieron instituciones legítimas del Estado venezolano, incluidas partes del ejército, los servicios de inteligencia, el poder legislativo y el poder judicial, para facilitar el tráfico masivo de cocaína”.
La admisión de culpa de Carvajal reforzó, según analistas judiciales, los expedientes abiertos contra otros miembros del régimen, incluido Maduro, a quien la justicia estadounidense ha señalado durante años como presunto jefe de esa organización criminal.
Esa acumulación de pruebas, testimonios y procesos fue uno de los factores que desembocaron en la operación militar ejecutada el 3 de enero de 2026, con la que Estados Unidos aseguró haber puesto bajo custodia al mandatario venezolano.
Así, la confesión de un antiguo jefe de inteligencia se convirtió en una pieza clave dentro de un rompecabezas judicial que tardó más de una década en completarse.
La captura de Maduro cerró un ciclo iniciado mucho antes en los tribunales federales, donde, paso a paso, se fue documentando una presunta alianza entre poder político, fuerzas armadas y narcotráfico transnacional que hoy enfrenta su mayor prueba ante la justicia internacional.
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