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Se derrumba una torre del histórico Castillo de Escalona en Toledo: una pérdida para el patrimonio medieval
Colapsa torre albarrana del Castillo de Escalona, fortaleza clave de la historia de Castilla.
Una torre albarrana del histórico Castillo de Escalona, en la provincia de Toledo, colapsó la mañana de este sábado pocos minutos antes de que el recinto abriera sus puertas al público. El derrumbe no dejó personas heridas, aunque causó daños materiales y generó alarma entre quienes se encontraban en el lugar.
De acuerdo con las primeras informaciones difundidas por medios españoles, el desplome se produjo cuando varios visitantes aguardaban en las inmediaciones para ingresar al monumento. Algunos de ellos lograron captar en video el momento en que la estructura comenzó a desprender cascotes y terminó colapsando por completo.
La torre cayó sobre la zona exterior próxima al aparcamiento del recinto, donde varios vehículos resultaron afectados por los escombros.
Las autoridades locales acordonaron inmediatamente el área y suspendieron las visitas turísticas mientras se evalúa la estabilidad del resto de la fortificación. Inicialmente se temió que una pareja que se encontraba cerca de la zona pudiera haber quedado atrapada, pero posteriormente se confirmó que no hubo víctimas ni heridos.
Tras el incidente, responsables municipales y actores políticos locales solicitaron abrir una investigación para esclarecer las causas del derrumbe y determinar si existían problemas estructurales previos o fallos en la conservación del monumento.
El episodio ha sido descrito por representantes locales como una pérdida patrimonial significativa, dado que la torre formaba parte del conjunto defensivo medieval del castillo.
El Castillo de Escalona, catalogado como Bien de Interés Cultural, es una de las fortificaciones medievales más importantes de Castilla-La Mancha. El complejo se levanta sobre una meseta que domina el río Alberche y tuvo un papel estratégico en la defensa del territorio desde la Edad Media.
La fortaleza fue inicialmente una construcción de origen romano que posteriormente pasó a manos musulmanas y más tarde fue ampliada durante el período medieval cristiano. A lo largo de los siglos fue residencia de figuras relevantes de la nobleza castellana, entre ellas Álvaro de Luna, y llegó a ser una de las fortalezas más destacadas de la región.
En 2024 el castillo fue adquirido por el Ayuntamiento de Escalona con el propósito de rehabilitarlo y potenciar su uso turístico y cultural. Tras décadas de propiedad privada, el recinto reabrió al público en abril de 2025.
Las torres albarranas son estructuras defensivas típicas de la arquitectura militar medieval en la península ibérica. Se caracterizan por estar separadas de la muralla principal y conectadas a ella mediante un arco o pasarela, lo que permitía controlar mejor el acceso a las fortificaciones y mejorar la defensa del recinto.
El derrumbe del castillo de Escalona se suma a otros episodios recientes en la provincia de Toledo en los que partes de antiguas fortificaciones han colapsado debido al paso del tiempo o a condiciones climáticas adversas. Este tipo de incidentes ha reavivado el debate sobre la necesidad de mayores inversiones en conservación y restauración del patrimonio histórico.
Historia
El Castillo de Escalona, situado en la provincia de Toledo sobre una meseta que domina el río Alberche, es una de las fortificaciones históricas más relevantes de Castilla-La Mancha. Su emplazamiento estratégico —entre los territorios de Ávila y Toledo— convirtió el lugar en un punto clave para el control de rutas militares y comerciales desde la Antigüedad.
Los historiadores señalan que el enclave tuvo origen romano, posteriormente fue ocupado por los musulmanes y más tarde pasó a manos cristianas durante la expansión de los reinos del norte en la península ibérica.
Durante el siglo XI, poco antes de la conquista de Toledo, el castillo fue tomado por Alfonso VI de León y Castilla, integrándose en la red de fortificaciones que protegían la frontera frente a incursiones musulmanas.
En los siglos siguientes se reforzó su papel defensivo frente a ataques de almorávides y almohades, que intentaron recuperar el territorio en varias ocasiones, lo que explica la construcción de murallas y torres que consolidaron a Escalona como un bastión estratégico de la Corona castellana.
En el siglo XIII el castillo pasó a manos de la nobleza. El rey Fernando III entregó la villa y la fortaleza al infante Manuel de Castilla, hermano de Alfonso X el Sabio. Allí nació en 1282 Don Juan Manuel, uno de los escritores más importantes de la literatura medieval castellana y autor de El Conde Lucanor.
Durante esta etapa el castillo no solo cumplió funciones militares, sino que se convirtió en residencia señorial y centro político de una poderosa casa nobiliaria.
La etapa de mayor esplendor llegó en el siglo XV bajo el dominio de Álvaro de Luna, condestable de Castilla y figura central en la corte del rey Juan II. En 1424 recibió la fortaleza y ordenó grandes ampliaciones, incluyendo un palacio interior de estilo mudéjar que convirtió el complejo en uno de los más lujosos de la península.
Las crónicas de la época describen celebraciones, torneos y recepciones reales en Escalona, lo que llevó a que el castillo fuera considerado uno de los centros políticos y sociales más importantes del reino.
Tras la caída en desgracia de Álvaro de Luna en 1453, ejecutado por orden real, el castillo fue sitiado por tropas de la Corona mientras su viuda Juana Pimentel resistía en su interior con sus hijos.
Finalmente la fortaleza fue entregada al rey, quien la concedió posteriormente a Juan Pacheco, marqués de Villena y uno de los nobles más influyentes de la época. Durante el final de la Edad Media, Escalona se convirtió en escenario de intrigas políticas y luchas entre facciones nobiliarias vinculadas a la sucesión de la Corona de Castilla.
Con el paso de los siglos, el castillo perdió su función militar. Durante la Guerra de la Independencia contra Francia (1808-1814) sufrió graves daños e incendios provocados por las tropas napoleónicas, que destruyeron parte de sus estructuras.
A partir del siglo XIX el conjunto quedó parcialmente en ruinas, aunque su valor histórico y arquitectónico llevó a que fuera declarado monumento protegido en 1922, antecedente de la actual figura de Bien de Interés Cultural.
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