Publicidad
Publicidad
El Helicoide: historia y secretos de la cárcel de presos políticos en Venezuela
De centro comercial futurista a “cámara de torturas”. Su futuro se redefine tras la caída de Nicolás Maduro.
El Helicoide, la cárcel símbolo de la represión en Venezuela, vuelve al centro del debate tras la captura de Nicolás Maduro y la liberación de presos políticos ordenada por Jorge Rodríguez. Este edificio, concebido como un proyecto arquitectónico de vanguardia, se transformó en uno de los lugares más temidos del país.
La extracción de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y la decisión del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, de liberar a un grupo de presos políticos, han puesto nuevamente en el foco internacional a El Helicoide, la prisión más emblemática del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Allí permanecieron durante años opositores, activistas y ciudadanos acusados de conspirar contra el chavismo.
El Helicoide fue diseñado en la década de 1950 por los arquitectos Jorge Romero, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst. Su estructura helicoidal, levantada sobre la Roca Tarpeya en Caracas, estaba destinada a ser el centro comercial más moderno de América Latina, pero el proyecto nunca se concretó y, tras años de abandono, fue ocupado por organismos de seguridad del Estado.
Transformación en centro de detención
En 1984, el edificio pasó a ser sede de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), y posteriormente del SEBIN. Desde entonces, se convirtió en un espacio de detención para opositores políticos, periodistas y militares disidentes. Organizaciones de derechos humanos lo catalogan como un símbolo de represión y tortura en Venezuela.
Además, las denuncias sobre las condiciones de reclusión han sido constantes. Organizaciones de derechos humanos han documentado casos de torturas físicas y psicológicas, hacinamiento extremo y falta de atención médica. Testimonios de expresos relatan golpizas, asfixia con bolsas plásticas y violencia sexual, lo que ha consolidado la imagen de El Helicoide como una “cámara de torturas” en pleno corazón de Caracas.
Por otra parte, este centro no es únicamente una cárcel, sino también la sede principal del SEBIN, lo que lo convierte en un núcleo estratégico del aparato de inteligencia del chavismo. En consecuencia, cualquier decisión sobre su futuro tiene implicaciones directas en la estructura de seguridad del Estado venezolano.
Al mismo tiempo, la comunidad internacional ha mantenido una postura crítica frente a su existencia. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han exigido su cierre inmediato, mientras que gobiernos extranjeros lo señalan como un símbolo de la represión sistemática. Tras la caída de Maduro, incluso se ha planteado la posibilidad de clausurarlo como parte de un proceso de transición política.
No obstante, el destino de El Helicoide sigue siendo incierto. Algunos sectores proponen convertirlo en un espacio de memoria histórica para honrar a las víctimas, mientras otros sugieren mantenerlo como sede de inteligencia bajo nuevas condiciones. Lo cierto es que, más allá de las decisiones políticas, su nombre permanecerá asociado a uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea de Venezuela.
Otras noticias
Etiquetas