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Argentina rozó el bicampeonato mundial, pero España frustró el sueño: así fue el recorrido de un digno subcampeón
Con un Messi inspirado a los 39 años los albicelestes hicieron partidos épicos.
La selección de Argentina estuvo a un paso de retener la corona conquistada en Catar 2022. Durante más de un mes volvió a demostrar por qué era considerada una de las grandes potencias del fútbol mundial, combinando la experiencia de Lionel Messi con una nueva generación encabezada por Enzo Fernández, Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Alexis Mac Allister y Emiliano "Dibu" Martínez. Sin embargo, el recorrido terminó con un sabor amargo cuando España se impuso por 1-0 en la prórroga de la final disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, dejando a la Albiceleste con el subtítulo del Mundial de la FIFA 2026.
Argentina llegó al torneo como la vigente campeona del mundo y una de las favoritas al título gracias a un proceso consolidado bajo la dirección técnica de Lionel Scaloni. Después de conquistar la Copa América 2021, el Mundial de Catar 2022 y la Copa América 2024, el equipo argentino arribó a Norteamérica con la intención de convertirse en la primera selección en defender exitosamente un título mundial desde Brasil en 1962. La presión era enorme, pero también la confianza en una plantilla que mezclaba liderazgo, equilibrio y una generación de futbolistas acostumbrados a competir en la élite europea.
El camino comenzó en la fase de grupos, donde Argentina confirmó rápidamente su candidatura. Integró el Grupo J junto a Argelia, Austria y Jordania. Su clasificación llegó gracias a un fútbol práctico, de posesión cuando fue necesario y de contundencia ofensiva en los momentos decisivos. El equipo avanzó como líder de su zona, mostrando nuevamente la seguridad defensiva que había caracterizado el ciclo Scaloni y un mediocampo capaz de controlar los tiempos de los partidos.
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En los dieciseisavos de final apareció el primer gran examen frente a Cabo Verde. Lejos de ser un rival sencillo, el conjunto africano complicó durante largos pasajes del encuentro, pero Argentina encontró soluciones gracias a su jerarquía ofensiva y terminó imponiéndose 3-2 en un partido abierto, intenso y cargado de emociones que confirmó la capacidad del equipo para responder bajo presión.
La siguiente escala fue Egipto en los octavos de final. Otra vez el marcador reflejó una batalla futbolística exigente. Los africanos obligaron a Argentina a emplearse a fondo, pero la calidad individual terminó inclinando la balanza con un nuevo triunfo por 3-2.
El equipo sudamericano mostró capacidad de reacción y volvió a resolver un compromiso que exigió máxima concentración durante los 90 minutos. Ese resultado fortaleció la confianza de un plantel que empezaba a creer nuevamente en la posibilidad del bicampeonato.
En los cuartos de final esperaba Suiza, una selección reconocida por su disciplina táctica y orden defensivo. Argentina ofreció probablemente una de sus actuaciones más completas del torneo.
Con mayor control del balón, mejores asociaciones y eficacia en las áreas, derrotó a los europeos por 3-1 para instalarse nuevamente entre las cuatro mejores selecciones del planeta. La defensa respondió con firmeza y el ataque encontró espacios para castigar en momentos oportunos.
Las semifinales ofrecieron un clásico moderno frente a Inglaterra. Fue uno de los partidos más vibrantes del campeonato. Los ingleses comenzaron ganando, pero Argentina volvió a demostrar el carácter competitivo que la había distinguido durante el ciclo Scaloni.
Enzo Fernández equilibró el marcador y Lautaro Martínez firmó el gol definitivo para sellar la remontada por 2-1 y clasificar a una nueva final mundialista. La victoria significó, además, la oportunidad de defender la corona obtenida cuatro años antes en Catar.
Con la clasificación asegurada, el mundo del fútbol volvió a centrar la atención sobre Lionel Messi. A sus 39 años disputó la última final mundialista de su extraordinaria carrera, convertido ya en uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos.
Aunque físicamente administró esfuerzos durante el campeonato, continuó siendo el principal referente emocional del grupo y un líder dentro y fuera del campo. Cada una de sus apariciones generó expectativa entre millones de aficionados que soñaban con despedirlo levantando una segunda Copa del Mundo consecutiva.
La final enfrentó a las dos selecciones que habían mostrado el mejor rendimiento colectivo del torneo. España llegó invicta, con una generación joven liderada por Lamine Yamal, Nico Williams, Pedri, Rodri, Pau Cubarsí y Unai Simón, mientras Argentina confiaba en la experiencia acumulada de un plantel acostumbrado a disputar grandes finales internacionales. Desde el comienzo quedó claro que el compromiso sería una batalla táctica de alto nivel.
España asumió la iniciativa durante buena parte del encuentro. Controló la posesión, presionó alto y obligó a Emiliano Martínez a intervenir en repetidas ocasiones para mantener con vida a la Albiceleste.
Argentina respondió con orden defensivo y buscó aprovechar los espacios mediante transiciones rápidas, aunque le costó generar oportunidades claras frente a una defensa española que prácticamente neutralizó sus principales circuitos ofensivos.
El desarrollo del compromiso cambió de manera significativa cuando Enzo Fernández fue expulsado al final del tiempo reglamentario tras recibir una segunda tarjeta amarilla.
La inferioridad numérica condicionó el planteamiento argentino durante la prórroga y aumentó la presión ofensiva del conjunto español, que encontró mayores espacios para atacar.
Después de varias aproximaciones y un gol previamente anulado a Nico Williams, España encontró el premio en el minuto 106. Ferran Torres apareció dentro del área para conectar un remate decisivo tras una asistencia de Nico Williams y vencer a Emiliano Martínez. Ese tanto terminó definiendo la final y otorgó a la selección española su segundo campeonato mundial, dieciséis años después de la histórica conquista de Sudáfrica 2010.
Aunque el desenlace resultó doloroso para la Albiceleste, el subtítulo ratificó la vigencia de uno de los proyectos deportivos más exitosos del fútbol internacional.
Alcanzar dos finales consecutivas de la Copa Mundial y disputar cuatro grandes finales internacionales en apenas cinco años consolidó una etapa histórica para el fútbol argentino, que continúa figurando entre las principales referencias del deporte a nivel global.
El recorrido de Argentina en el Mundial 2026 dejó actuaciones memorables, remontadas, exhibiciones de carácter competitivo y una nueva demostración de que el legado construido por Lionel Scaloni trasciende a una generación específica.
El bicampeonato no llegó, pero la Albiceleste volvió a competir hasta el último minuto por el máximo trofeo del fútbol, cerrando otra campaña que quedará registrada entre las más destacadas de su historia reciente.
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