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España conquistó el Mundial 2026: así fue el recorrido completo de La Roja hasta levantar su segunda Copa
Ocho partidos ganados y un solo gol en contra durante el torneo.
Dieciséis años después de tocar el cielo en Johannesburgo con el histórico gol de Andrés Iniesta frente a Países Bajos, España volvió a escribir una de las páginas más importantes de su historia futbolística.
La selección dirigida por Luis de la Fuente conquistó la Copa Mundial de la FIFA 2026 tras derrotar 1-0 a Argentina en la final disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, coronando un recorrido que combinó paciencia, talento, disciplina táctica y una generación de futbolistas llamada a marcar una época.
La conquista no fue producto de una actuación aislada. España construyó el campeonato partido tras partido, creciendo conforme avanzó el torneo y demostrando que el proyecto iniciado tras la Eurocopa 2024 había alcanzado su madurez.
Con una mezcla de jóvenes figuras como Lamine Yamal, Nico Williams, Pedri y Pau Cubarsí, junto a futbolistas consolidados como Dani Olmo, Mikel Merino, Rodri, Unai Simón y Mikel Oyarzabal, La Roja terminó consolidándose como el equipo más equilibrado del campeonato.
El camino comenzó en el Grupo H, uno de los sectores que presentaba rivales con estilos muy distintos. España abrió su participación enfrentando a Cabo Verde, una selección físicamente fuerte y muy ordenada defensivamente que exigió paciencia para encontrar espacios. Aunque el estreno no fue sencillo, el conjunto español logró imponer progresivamente su tradicional dominio de la posesión y dio el primer paso hacia la clasificación.
En la segunda jornada apareció uno de los primeros puntos de inflexión del campeonato. Frente a Arabia Saudí, el equipo mostró una versión mucho más dinámica, aceleró la circulación del balón y comenzó a consolidar asociaciones ofensivas que posteriormente resultarían determinantes durante toda la competición.
Dani Olmo asumió el liderazgo creativo desde la mitad del campo, mientras Lamine Yamal empezó a desequilibrar constantemente por la banda derecha, confirmando que, pese a su juventud, podía soportar la presión del escenario más importante del fútbol mundial.
La fase de grupos concluyó con un exigente compromiso frente a Uruguay. El conjunto sudamericano representó el mayor examen para los españoles en esa primera etapa del torneo.
La intensidad del mediocampo uruguayo obligó a España a modificar algunos aspectos tácticos, privilegiando el control del balón y las transiciones rápidas para neutralizar la presión rival. El resultado permitió asegurar el liderato del grupo y, con ello, un mejor panorama para afrontar la fase eliminatoria.
El nuevo formato del Mundial de 48 selecciones llevó a España a disputar los dieciseisavos de final, una ronda inédita en la historia de la Copa del Mundo.
Su rival fue Austria, una selección que había mostrado un notable crecimiento durante los últimos años. Sin embargo, el conjunto español ofreció una de sus actuaciones más convincentes hasta ese momento y se impuso con claridad por 3-0. La circulación rápida del balón, la presión tras pérdida y la contundencia ofensiva reflejaron la identidad que Luis de la Fuente había construido durante los últimos ciclos internacionales.
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Los octavos de final trajeron un clásico ibérico frente a Portugal. El encuentro se convirtió en una auténtica batalla táctica entre dos selecciones acostumbradas a monopolizar la posesión del balón.
Durante gran parte del compromiso predominó el equilibrio, pero España encontró la diferencia gracias a su paciencia para mover el balón y aprovechar un reducido margen de error del conjunto portugués. El triunfo por 1-0 confirmó que La Roja también sabía competir en partidos cerrados, donde cada detalle podía decidir la clasificación.
La dificultad aumentó en los cuartos de final con Bélgica, una selección que llegaba después de eliminar a Estados Unidos y que mantenía una de las nóminas más completas del torneo. El partido obligó a España a mostrar una de sus versiones más.
La movilidad permanente de Dani Olmo, el equilibrio de Rodri en la primera línea de construcción y el trabajo defensivo de toda la estructura permitieron sostener un encuentro de alta exigencia. Finalmente, el triunfo por 2-1 abrió las puertas hacia una nueva semifinal mundialista.
Francia esperaba en la antesala de la final. El duelo reunía a dos de las selecciones europeas más poderosas del último lustro y era considerado por muchos analistas como una final anticipada.
España respondió con autoridad. Controló los tiempos del partido, limitó las principales virtudes ofensivas del conjunto francés y consiguió una victoria por 2-0 que reflejó su superioridad colectiva. Más allá del marcador, el encuentro confirmó el extraordinario momento futbolístico del equipo de Luis de la Fuente, que llegaba invicto al partido decisivo.
El 19 de julio de 2026 llegó el gran desafío frente a la Argentina de Lionel Messi, vigente campeona del mundo y una de las selecciones más competitivas del torneo. El MetLife Stadium recibió una final cargada de expectativas entre dos modelos futbolísticos distintos: el juego de posesión y circulación de España frente al orden táctico y la jerarquía individual del conjunto sudamericano.
Durante los noventa minutos reglamentarios predominó la igualdad. España monopolizó el balón, pero encontró una defensa argentina muy sólida que logró sostener el empate hasta la prórroga.
El encuentro cambió definitivamente tras la expulsión de Enzo Fernández por doble amonestación al inicio del tiempo suplementario. Con un hombre más sobre el terreno de juego, España incrementó la presión ofensiva y encontró el premio a su insistencia cuando Ferran Torres apareció para marcar el gol del campeonato en el minuto 106.
La anotación desató la celebración de miles de aficionados españoles presentes en Nueva Jersey y permitió administrar la ventaja durante los minutos restantes hasta el pitazo final.
La consagración representó mucho más que una segunda estrella. España confirmó la continuidad de un modelo de formación que durante más de dos décadas ha privilegiado la técnica, la inteligencia táctica y el desarrollo de futbolistas desde las categorías juveniles.
El título llegó además después de una secuencia de éxitos internacionales que incluyó la Liga de Naciones, la Eurocopa y los Juegos Olímpicos, consolidando una de las etapas más exitosas en la historia del fútbol español.
A diferencia de 2010, cuando el protagonismo recayó sobre una generación encabezada por Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Iker Casillas, David Villa y Sergio Busquets, esta nueva conquista tuvo múltiples protagonistas.
Dani Olmo asumió el liderazgo futbolístico durante buena parte del campeonato; Lamine Yamal confirmó su condición de estrella mundial; Pedri volvió a demostrar su extraordinaria visión de juego; Rodri aportó equilibrio en cada partido; Unai Simón respondió cuando fue exigido; y Ferran Torres terminó escribiendo su nombre en la historia al marcar el gol que devolvió a España a la cima del fútbol mundial.
El recorrido completo resumió la evolución de un equipo que supo adaptarse a cada rival sin renunciar a su identidad. Superó una exigente fase de grupos frente a Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay; eliminó consecutivamente a Austria, Portugal, Bélgica y Francia; y finalmente derrotó a la campeona defensora, Argentina, para conquistar la Copa Mundial de la FIFA 2026.
El camino confirmó que el título no fue fruto del azar, sino la culminación de un proyecto deportivo cuidadosamente construido y respaldado por una generación destinada a ocupar un lugar privilegiado en la memoria del fútbol internacional.
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