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¿Por qué los colegios deberían enseñar educación financiera? La propuesta del Banco Agrario

Presidente de la entidad Hernando Chica Zuccardi explicó la situación tras su experiencia bancaria de años.

La propuesta del Banco Agrario
Por Agencia Periodismo Investigativo | Dom, 19/07/2026 - 11:42 Créditos: Iniciativas del Banco Agrario promueven emprendimiento y manejo del dinero. - Banco Agrario

Una historia sencilla ocurrida en un municipio del Valle del Cauca terminó convirtiéndose en una reflexión sobre una de las mayores carencias del sistema educativo colombiano.

No ocurrió en una universidad, ni durante un congreso económico, ni en una reunión de empresarios. Ocurrió frente a una estudiante que vendía obleas y que, como miles de jóvenes en el país, sabía producir, trabajar y vender, pero desconocía cuánto le costaba realmente elaborar el producto con el que obtenía sus ingresos.

Ese episodio es el punto de partida de la experiencia de  Hernando Chica Zuccardi, presidente del Banco Agrario, quien plantea que Colombia continúa formando generaciones completas sin enseñarles herramientas elementales para administrar el dinero, calcular costos, entender un crédito, ahorrar o invertir.

Su experticia en el sector financiero 

pone sobre la mesa un debate que desde hace varios años ocupa a economistas, académicos, entidades financieras y organismos internacionales: la educación financiera sigue siendo una competencia insuficientemente desarrollada dentro del sistema escolar colombiano, pese a que todas las personas, sin excepción, deberán tomar decisiones económicas durante su vida.

Su propuesta comienza con la historia en Guacarí, Valle del Cauca. Allí, durante una jornada de educación financiera liderada por el Banco Agrario, el autor conoció a una niña que complementaba sus ingresos vendiendo obleas.

La menor dominaba el proceso de producción y comercialización, pero nunca había calculado cuánto dinero invertía realmente en ingredientes, transporte, tiempo y demás costos necesarios para fabricar cada unidad.

La experiencia derivó en un ejercicio sencillo de matemáticas aplicadas. Junto con la estudiante calcularon el costo real del producto. La conclusión sorprendió a la joven, quien descubrió que el precio al que vendía las obleas apenas cubría parte del proceso productivo y no reflejaba el verdadero valor de su trabajo.

A partir de ese análisis tomó una decisión inmediata: aumentar el precio de venta hasta los 4.000 pesos por unidad. No se trató, según relata el autor, de una estrategia para obtener mayores ganancias a cualquier costo, sino del resultado de comprender por primera vez cuánto valía realmente su esfuerzo.

Paradójicamente, el primer comprador de la nueva etapa comercial fue el propio presidente del Banco Agrario, quien reconoce que terminó siendo el primer cliente después de aquella clase improvisada de educación financiera.

Programas del banco fortalecen habilidades financieras en jóvenes emprendedores.- Foto suministrada

 

Más allá de la anécdota, la historia ilustra una realidad que afecta tanto a pequeños emprendedores rurales como a comerciantes urbanos, trabajadores independientes y familias que diariamente deben administrar recursos limitados sin haber recibido una formación estructurada sobre finanzas personales.

En Colombia resulta frecuente encontrar personas con amplios conocimientos técnicos en sus oficios, capaces de producir bienes y servicios de alta calidad, pero que presentan dificultades para calcular costos de producción, márgenes de utilidad, rentabilidad, flujo de caja, tasas de interés o capacidad de endeudamiento.

Esa brecha suele traducirse en negocios poco sostenibles, dificultades para acceder al sistema financiero y decisiones económicas que terminan afectando el patrimonio familiar.

El diagnóstico del Banco Agrario, se complementa con otros. Diversos estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestran que los niveles de alfabetización financiera continúan siendo limitados en numerosos países, especialmente entre jóvenes, mujeres y poblaciones rurales.

La organización ha insistido en que enseñar conceptos financieros desde edades tempranas contribuye a mejorar la toma de decisiones económicas, fomenta el ahorro responsable y fortalece la inclusión financiera.

La OCDE sostiene además que comprender el funcionamiento de los intereses, el crédito, el presupuesto familiar o la inflación no constituye un conocimiento reservado para especialistas, sino una competencia básica para desenvolverse en la vida cotidiana.

En un contexto donde cada vez existen más productos financieros y plataformas digitales, la falta de conocimientos incrementa la vulnerabilidad frente al sobreendeudamiento, las estafas y las decisiones impulsivas de consumo.

La preocupación también ha sido compartida por el Banco Mundial, entidad que ha documentado cómo la educación financiera puede mejorar la capacidad de las familias para enfrentar emergencias económicas, planificar inversiones, fortalecer pequeños emprendimientos y reducir los niveles de exclusión financiera.

En Colombia, la Superintendencia Financiera, el Banco de la República, el Ministerio de Educación Nacional y diferentes entidades públicas han desarrollado durante años programas de promoción de la educación económica y financiera.

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Sin embargo, especialistas coinciden en que buena parte de estas iniciativas han funcionado como proyectos complementarios y no como una asignatura integrada de manera permanente al currículo escolar.

Precisamente esa es la principal reflexión que plantea Hernando Chica Zuccardi. El presidente del Banco Agrario sostiene que la educación financiera no debería impartirse mediante talleres ocasionales, jornadas especiales o charlas aisladas, sino formar parte de la educación básica de cualquier ciudadano, al mismo nivel que otras áreas fundamentales del conocimiento.

Hernando Chica Zuccardi, Presidente del Banco Agrario

 

El argumento adquiere mayor relevancia si se observa la realidad económica nacional. Cada año miles de jóvenes terminan sus estudios de bachillerato e ingresan al mercado laboral, solicitan créditos educativos, adquieren productos financieros, emprenden pequeños negocios o administran ingresos familiares sin haber recibido formación sistemática sobre conceptos esenciales como tasas de interés, endeudamiento responsable, presupuesto, rentabilidad o inversión.

En las zonas rurales esa necesidad resulta todavía más evidente. Colombia cuenta con millones de pequeños productores agropecuarios cuya actividad depende de decisiones financieras permanentes relacionadas con compra de insumos, acceso al crédito, comercialización de cosechas, administración de riesgos climáticos y planeación de inversiones.

Una mejor formación financiera puede representar una diferencia significativa entre la sostenibilidad o el fracaso de un proyecto productivo.

Como presidente del Banco Agrario, entidad especializada en el financiamiento del sector rural, afirma que durante años ha recorrido distintas regiones del país conversando con agricultores, comerciantes y emprendedores.

A partir de esa experiencia concluye que, en numerosas ocasiones, el principal obstáculo para crecer no radica en la ausencia de talento o voluntad, sino en la falta de información para administrar adecuadamente los recursos.

La propia evolución del sistema financiero colombiano también ha incrementado la necesidad de fortalecer estas competencias.

Hoy existen billeteras digitales, pagos electrónicos, créditos virtuales, aplicaciones de inversión, plataformas de ahorro y nuevas modalidades de financiamiento que exigen mayores conocimientos por parte de los usuarios para comprender costos, riesgos y beneficios.

Banco impulsa jornadas de educación financiera en comunidades estudiantiles.

 

Organismos como Unesco han señalado igualmente que las competencias para la vida deben incluir habilidades relacionadas con la toma de decisiones económicas responsables, especialmente en contextos donde la tecnología modifica permanentemente la manera como las personas administran su dinero.

La historia de la niña de Guacarí termina convirtiéndose así en una metáfora sobre un problema mucho más amplio. No se trata únicamente de enseñar a calcular el costo de unas obleas, sino de formar ciudadanos capaces de comprender el valor de su trabajo, administrar sus recursos, planificar su futuro y reducir la probabilidad de tomar decisiones financieras equivocadas.

La reflexión cobra especial importancia en un país donde millones de hogares enfrentan desafíos asociados al acceso al crédito, el ahorro para la vejez, la creación de emprendimientos y la estabilidad económica familiar.

En ese escenario, diversos especialistas coinciden en que la educación financiera no constituye un lujo académico, sino una herramienta práctica para fortalecer la autonomía económica de las personas desde la infancia.

El mensaje final de Chica Zuccardi la resume esa idea: un país no transforma su futuro únicamente ampliando el acceso al crédito. También lo hace cuando enseña a sus ciudadanos, desde la escuela, a comprender el valor del trabajo, administrar sus recursos y convertir el conocimiento en oportunidades de desarrollo.

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