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¿Por qué se celebra el 20 de julio en Colombia? Historia del Día de la Independencia
20 de julio de 1810: la historia del día que cambió el rumbo de Colombia.
Cada 20 de julio, Colombia detiene por unas horas el ritmo cotidiano para recordar uno de los episodios más trascendentales de su historia. Las calles se llenan de banderas, los desfiles militares recorren las principales ciudades y las instituciones públicas desarrollan actos solemnes.
Sin embargo, detrás de esa conmemoración existe una historia mucho más compleja que el popular relato del "florero de Llorente". Lo que ocurrió aquel viernes 20 de julio de 1810 fue el inicio de un largo proceso político, militar y social que transformó para siempre el destino del entonces Virreinato de la Nueva Granada y que, nueve años después, culminaría con la independencia definitiva tras la Batalla de Boyacá.
Contrario a una idea ampliamente difundida, el 20 de julio no fue el día en que Colombia obtuvo su independencia absoluta de España. Los historiadores coinciden en que esa fecha marcó el comienzo del movimiento emancipador, la conformación del primer gobierno autónomo en Santafé y el surgimiento de un proyecto político que terminaría rompiendo los vínculos con la Corona española.
A comienzos del siglo XIX, el mundo atravesaba profundas transformaciones. La Revolución Francesa había difundido ideas sobre libertad, igualdad y soberanía popular; Estados Unidos ya había consolidado su independencia, y España enfrentaba una de las mayores crisis de su historia tras la invasión napoleónica de 1808.
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Napoleón Bonaparte obligó a abdicar al rey Carlos IV y posteriormente a Fernando VII, colocando en el trono español a su hermano José Bonaparte. Esa situación generó un vacío de poder que también repercutió en las colonias americanas.
En la Nueva Granada, un creciente grupo de criollos —descendientes de españoles nacidos en América— cuestionaba el monopolio político ejercido por funcionarios enviados desde Europa. Aunque muchos de ellos seguían manifestando lealtad formal hacia Fernando VII, reclamaban mayor autonomía administrativa y participación en las decisiones del gobierno local.
Aquella tensión venía acumulándose desde finales del siglo XVIII, alimentada por hechos como la Expedición Botánica dirigida por José Celestino Mutis, el movimiento de los Comuneros de 1781 y la difusión clandestina de las ideas ilustradas.
Los dirigentes criollos comprendieron que necesitaban un detonante capaz de movilizar a la población de Santafé. La estrategia consistía en provocar un incidente público que permitiera exigir la convocatoria de un cabildo extraordinario y cuestionar la autoridad del virrey Antonio Amar y Borbón.
El protagonista involuntario de ese plan fue el comerciante español José González Llorente. La versión más conocida relata que los criollos solicitaron prestado un florero para recibir al comisionado real Antonio Villavicencio.
Sabían que Llorente probablemente rechazaría la petición o respondería de forma despectiva. Esa negativa serviría como pretexto para generar indignación popular.
Aunque durante décadas el episodio fue presentado como una simple discusión originada por un florero, la investigación histórica ha demostrado que aquel incidente había sido cuidadosamente preparado por los dirigentes criollos como parte de una estrategia política previamente organizada.
El florero fue apenas la chispa visible de un conflicto mucho más profundo relacionado con la crisis del poder español en América.
La discusión frente al establecimiento comercial rápidamente atrajo a numerosos habitantes de Santafé. Los rumores comenzaron a propagarse por las calles y la tensión fue creciendo durante toda la jornada.
José María Carbonell desempeñó un papel determinante al recorrer distintos sectores de la ciudad convocando a artesanos, trabajadores y habitantes comunes para que acudieran a la Plaza Mayor y respaldaran las exigencias de los criollos.
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Con el aumento de la presión popular, las autoridades coloniales terminaron aceptando la convocatoria de un cabildo abierto.
Durante la noche del 20 de julio se constituyó una Junta Suprema de Gobierno integrada por representantes criollos y, de manera transitoria, presidida por el propio virrey Amar y Borbón.
Esa circunstancia demuestra que inicialmente el movimiento no proclamó una ruptura inmediata con España, sino la creación de un gobierno autónomo que gobernaría mientras regresaba Fernando VII al trono. Con el paso de los meses, las posiciones evolucionaron hasta desembocar en la independencia absoluta.
El documento aprobado aquella noche es conocido popularmente como el Acta de Independencia. Sin embargo, diversos historiadores y el Archivo General de la Nación recuerdan que el texto original correspondía realmente al Acta de la Revolución del 20 de Julio de 1810, un documento mediante el cual se reorganizó el gobierno local y se creó la Junta Suprema.
El manuscrito original desapareció durante el incendio de las Galerías Arrubla, ocurrido en Bogotá en 1900, por lo que las copias conservadas provienen de reproducciones realizadas años antes.
Lejos de representar el final del dominio español, el 20 de julio abrió un periodo complejo conocido como la Patria Boba (1810-1816). Las provincias del antiguo virreinato comenzaron a organizar gobiernos propios, pero pronto surgieron profundas diferencias entre centralistas y federalistas. Mientras unos defendían un gobierno nacional fuerte, otros impulsaban una organización basada en provincias autónomas.
Las divisiones políticas debilitaron el naciente proyecto republicano y facilitaron la ofensiva española encabezada por el general Pablo Morillo, quien llegó en 1815 con un poderoso ejército para restaurar el control de la Corona.
Comenzó entonces la denominada Reconquista Española, caracterizada por persecuciones, ejecuciones y encarcelamientos de numerosos dirigentes independentistas. Figuras como Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Policarpa Salavarrieta y otros patriotas fueron ejecutados durante ese periodo.
La independencia definitiva solo empezó a consolidarse en 1819, cuando Simón Bolívar emprendió la Campaña Libertadora cruzando los Andes junto a un ejército integrado por venezolanos y neogranadinos. Tras las victorias en el Pantano de Vargas y, especialmente, en la Batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819, las fuerzas españolas perdieron el control efectivo del territorio, permitiendo la creación de la República de Colombia, conocida posteriormente como la Gran Colombia.
Precisamente por esa razón, algunos historiadores sostienen que el 20 de julio simboliza el nacimiento del movimiento emancipador, mientras que el 7 de agosto representa la consolidación militar de la independencia. Ambas fechas forman parte del mismo proceso histórico y resultan inseparables para comprender el origen del Estado colombiano.
El protagonismo de la independencia tampoco perteneció únicamente a unos pocos próceres. Durante muchos años la historia oficial se concentró en figuras como Antonio Nariño, Camilo Torres, Jorge Tadeo Lozano o Francisco José de Caldas, pero investigaciones posteriores han destacado el papel de sectores populares, artesanos, indígenas, campesinos, mujeres y líderes como José María Carbonell, cuya labor movilizando al pueblo fue determinante para mantener viva la presión durante aquella jornada de julio.
También se ha reconocido la participación de mujeres como Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos y muchas otras que actuaron como mensajeras, espías, financiadoras o colaboradoras del movimiento independentista, ampliando la comprensión de un proceso que involucró a diversos sectores sociales.
Con el paso de los siglos, el 20 de julio se convirtió en la principal fiesta patriótica del país. Desde finales del siglo XIX comenzaron a institucionalizarse ceremonias oficiales, homenajes y desfiles militares.
Actualmente, la Constitución y las leyes colombianas mantienen esta fecha como una de las celebraciones cívicas más importantes del calendario nacional. A diferencia de otros festivos que pueden trasladarse al lunes mediante la Ley Emiliani, el Día de la Independencia conserva siempre su celebración exactamente el 20 de julio debido a su carácter histórico y patriótico.
La fecha también posee un significado institucional. Cada 20 de julio se instala una nueva legislatura del Congreso de la República y, cuando corresponde al inicio de un periodo constitucional, toman posesión los nuevos congresistas elegidos por voto popular, reforzando el vínculo entre la memoria histórica y el funcionamiento de la democracia colombiana.
Más de dos siglos después, el episodio del florero continúa siendo uno de los símbolos más reconocibles de la historia nacional. Sin embargo, los estudios históricos coinciden en que aquel objeto fue únicamente el detonante visible de un proceso mucho más amplio que había comenzado años atrás con las reformas borbónicas, la circulación de las ideas ilustradas, el inconformismo criollo y la crisis política de la monarquía española.
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