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Niño Kevin Acosta estuvo más de 70 días sin medicamento: Petro y MinSalud culpan a la familia por su muerte
Más de dos meses sin tratamiento: muerte del menor desata choque entre Gobierno y comunidad médica.
Durante el consejo de ministros realizado este lunes 16 de febrero, el presidente Gustavo Petro y el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, se pronunciaron sobre la muerte de Kevin Acosta, un niño de siete años diagnosticado con hemofilia que falleció tras, según denuncias públicas, no recibir oportunamente el medicamento requerido para su tratamiento por parte de la Nueva EPS, entidad actualmente intervenida por el Gobierno nacional.
Las declaraciones oficiales generaron reacciones de rechazo en distintos sectores médicos, políticos y ciudadanos.
En su intervención, el presidente Petro sostuvo que la prevención en el entorno familiar también incide en estos casos.
“Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta, pues tiene menos riesgos, es un tema de prevención. Pero hay que saber si el médico o el sistema de salud no enseña, pues las mamás no salen aprendidas, menos en niveles educativos muy deficitarios que hay en Colombia”, afirmó el mandatario.
Con ello, planteó que además de la atención médica, existe una corresponsabilidad en el cuidado de menores con enfermedades de base que implican riesgo ante traumatismos.
Por su parte, el ministro Jaramillo señaló que el fallecimiento se produjo luego de un accidente en bicicleta. “El niño tuvo este accidente en bicicleta. Y es entendible que los niños que sufren hemofilia tienen que estar restringidos en muchas de las actividades que pueden generarle un trauma violento”, manifestó.
El jefe de la cartera de Salud insistió en que la condición médica exige limitaciones para evitar episodios hemorrágicos severos.
Las afirmaciones contrastaron con las denuncias de familiares y con pronunciamientos de especialistas que cuestionaron la interpretación oficial.
El infectólogo Carlos Pérez recordó que los tratamientos para la hemofilia existen precisamente para permitir que los pacientes desarrollen una vida cotidiana con menores restricciones.
“Los medicamentos para el tratamiento de la hemofilia existen para que los niños puedan llevar una vida normal y, cuando sea necesario, atender oportunamente sus complicaciones. El tratamiento está disponible y los pacientes lo estaban recibiendo. Entienda, Dr. Jaramillo: lo estaban recibiendo”, expresó el médico.
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La hemofilia es un trastorno hereditario que afecta la coagulación de la sangre y que requiere suministro periódico de factores de coagulación para prevenir hemorragias internas o externas ante golpes o lesiones.
Organizaciones médicas han reiterado que el acceso continuo al medicamento reduce de manera significativa el riesgo de complicaciones graves.
El contexto
Kevin Arley Acosta Pico, un niño de siete años oriundo del departamento del Huila, vivió con hemofilia A severa desde la infancia y enfrentó un largo periodo sin recibir el medicamento esencial para tratar su condición, el Emicizumab, que debía aplicársele cada 28 días para prevenir hemorragias graves.
La última aplicación documentada de este fármaco fue el 2 de diciembre de 2025, y desde ese momento quedó sin acceso regular al tratamiento, en medio de dificultades administrativas relacionadas con la transición de prestadores de servicios y la red de atención de la Nueva EPS.
Durante los meses siguientes, la madre de Kevin, Katherine Pico, buscó sin éxito que la EPS y las entidades de salud le garantizaran la continuidad del tratamiento.
Tras una caída de la bicicleta que provocó un golpe en la cabeza, el estado de Kevin se agravó y presentó síntomas de sangrado nasal y vómitos con sangre, signos que en pacientes con hemofilia son considerados de alto riesgo y requieren atención urgente.
La falta de acceso al medicamento y a un traslado oportuno a un centro especializado contribuyó a que su condición se deteriorara rápidamente.
Finalmente, Kevin fue remitido al Hospital La Misericordia en Bogotá en estado crítico y permaneció varios días en cuidados intensivos antes de fallecer el 13 de febrero de 2026, a pesar de los esfuerzos médicos.
La Defensoría del Pueblo y diversas organizaciones médicas han señalado que su muerte es representativa de las “fallas en la disponibilidad y el acceso a medicamentos” que enfrentan miles de pacientes con enfermedades raras en Colombia, y han advertido sobre las consecuencias graves de la interrupción del tratamiento en enfermedades como la hemofilia, donde la continuidad terapéutica no es opcional sino vital.
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