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Alertan aumento del consumo de drogas en niños desde los 12 años en Bogotá y otras ciudades
Informes oficiales evidencian un crecimiento sostenido en el consumo de marihuana y tusi entre menores.
Los videos de niños y adolescentes consumiendo drogas en calles de distintas ciudades del país se han multiplicado en plataformas digitales, generando debate y preocupación. Sin embargo, más allá del impacto en redes sociales, las cifras oficiales confirman que el fenómeno corresponde a una tendencia real y creciente.
En Bogotá, un informe presentado por la concejal Diana Diago con base en datos de la Secretaría de Salud revela que entre 2023 y 2025 los casos identificados de menores consumidores de marihuana aumentaron 156 %, al pasar de 677 a 1.739. La marihuana continúa siendo la sustancia de mayor consumo entre población infantil y juvenil.
Las cifras por edades generan mayor alerta. En 2024 se reportaron 10 casos en niños entre los 6 y 11 años. En el grupo de 12 a 18 años, el registro alcanzó 1.729 casos en ese mismo periodo.
El incremento también se observa en otras sustancias. El consumo de tusi entre menores pasó de 792 casos en 2023 a 1.568 en 2025, lo que representa un aumento cercano al 98 %, según el informe debatido en el Concejo de Bogotá.
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La preocupación no se limita a la capital. En Antioquia, un reporte del Hospital Carisma indicó que la edad promedio de inicio en el consumo de drogas descendió a 12,5 años. Para los especialistas, esta tendencia evidencia una exposición cada vez más temprana a entornos de riesgo y microtráfico.
César Hernández, médico especialista en farmacodependencia y subdirector científico de Carisma, explicó que el inicio puede darse en escenarios accidentales o inducidos. El llamado “aprendizaje modelado”, por ejemplo, ocurre cuando los menores replican conductas observadas en su entorno familiar o social.
Para la concejal Diago, el aumento sostenido de casos demuestra que las medidas actuales no han logrado contener el avance del consumo en espacios públicos y entornos escolares.
Aunque los videos virales muestran escenas impactantes, las estadísticas sugieren que no se trata de hechos aislados, sino de un problema estructural que plantea retos en prevención, atención en salud mental y protección integral de niños y adolescentes en el país.
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