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Francia impone su jerarquía ante Senegal con un 3-1 y Mbappé escribe una nueva página en la historia mundialista

El favorito para ganar el título tuvo un segundo tiempo destacado ante los africanos, un difícil rival.

Francia gana 3 - 1 ante Senegal
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mar, 16/06/2026 - 18:25 Créditos: Kylian Mbappé en partido contra Senegal. FIFA.

El fútbol tiene una memoria larga. Algunas heridas tardan décadas en cicatrizar y ciertos partidos quedan suspendidos en el tiempo esperando una revancha. Francia y Senegal volvieron a encontrarse este 16 de junio de 2026 en la Copa Mundial de la FIFA, veinticuatro años después de aquella noche de Seúl en la que los africanos sorprendieron al mundo derrotando al entonces campeón vigente por 1-0 en el partido inaugural del Mundial de Corea y Japón 2002.

Esta vez la historia fue distinta. Francia ganó 3-1 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey y comenzó su camino mundialista enviando un mensaje claro al resto de candidatos al título.

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El resultado final puede sugerir una victoria cómoda, pero el desarrollo del encuentro contó una historia mucho más compleja. Durante gran parte de la primera mitad, Senegal logró incomodar a uno de los equipos más talentosos del planeta.

Los dirigidos por Pape Thiaw mostraron orden táctico, intensidad en la presión y valentía para atacar cuando encontraban espacios.

Francia, por momentos, lució incómoda, lenta en circulación y sin la claridad que suele caracterizar a sus grandes generaciones.

Los primeros compases del partido estuvieron marcados por la disciplina defensiva senegalesa. Kalidou Koulibaly lideró una zaga que redujo los espacios para Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Michael Olise.

El conjunto africano no se limitó a resistir. También atacó. Nicolas Jackson estuvo cerca de abrir el marcador con un remate que se estrelló contra el poste, mientras que Ismaïla Sarr generó peligro en varias transiciones rápidas. Durante algunos minutos, el fantasma de 2002 volvió a recorrer las tribunas.

Francia conservaba la posesión, pero carecía de profundidad. Los movimientos ofensivos parecían previsibles y Senegal encontraba respuestas para cada intento.

Didier Deschamps observaba desde la línea cómo su equipo dominaba el balón sin dominar realmente el partido. Al descanso, el marcador permanecía inmóvil y las sensaciones favorecían a los africanos, que habían logrado llevar el encuentro al terreno que más les convenía.

Sin embargo, las selecciones campeonas suelen encontrar soluciones donde otros equipos encuentran problemas. En el entretiempo llegaron los ajustes. Deschamps reorganizó piezas, modificó posiciones y permitió que Michael Olise tuviera una participación más influyente entre líneas. El efecto fue inmediato. Francia regresó al campo con una velocidad diferente, con una presión más agresiva y con una circulación mucho más fluida.

La transformación comenzó a reflejarse en las ocasiones de gol. Olise obligó a intervenir al portero Édouard Mendy y Mbappé empezó a aparecer con mayor frecuencia en zonas peligrosas. La sensación de asedio fue creciendo. Senegal continuaba resistiendo, pero cada vez más cerca de su área.

El momento decisivo llegó en el minuto 66. Michael Olise encontró un espacio mínimo y ejecutó un pase que resumió toda la diferencia entre una buena selección y una aspirante al título. El balón dejó a Mbappé frente al arco y el delantero francés definió con la serenidad de los grandes goleadores. El 1-0 rompió el equilibrio que había dominado el encuentro durante más de una hora.

Aquel tanto tuvo además un significado histórico. Con esa anotación, Mbappé igualó el registro goleador de Olivier Giroud como máximo artillero en la historia de la selección francesa. Pero el delantero del Real Madrid aún guardaba otro capítulo para la noche.

El gol alteró por completo el panorama del partido. Senegal tuvo que adelantar líneas y asumir riesgos. Francia encontró entonces los espacios que había buscado sin éxito durante toda la primera mitad.

La velocidad de sus atacantes comenzó a hacer estragos. El ingreso de Bradley Barcola añadió frescura y profundidad. Apenas minutos después de entrar al terreno de juego, el joven atacante aprovechó una asistencia de Adrien Rabiot y definió con precisión para ampliar la ventaja a 2-0.

Parecía el cierre definitivo. Francia controlaba el ritmo y Senegal mostraba señales de desgaste. Sin embargo, los africanos se negaron a rendirse. Ya en el tiempo añadido, Ibrahim Mbaye aprovechó un error del guardameta Mike Maignan para descontar y colocar el 2-1. Por unos instantes, el estadio volvió a llenarse de incertidumbre.

La ilusión senegalesa duró apenas unos segundos. Mbappé tomó nuevamente el protagonismo. Con la determinación de las grandes estrellas, recibió fuera del área y sacó un remate potente que venció a Mendy. El balón terminó en la red y selló el 3-1 definitivo. Fue el golpe final de una figura que apareció cuando más lo necesitaba su selección.

Ese segundo gol no solo aseguró los tres puntos para Francia. También convirtió a Mbappé en el máximo goleador histórico de la selección francesa con 58 anotaciones, superando la marca que pertenecía a Olivier Giroud.

Lo consiguió con apenas 27 años y en su partido número 99 con la camiseta nacional, una cifra que alimenta las expectativas sobre todo lo que aún puede lograr en el escenario internacional.

La victoria dejó a Francia en una posición favorable dentro del Grupo I y reforzó las percepciones que la ubican entre las principales candidatas al título mundial.

Aunque la primera mitad evidenció algunas dificultades, la reacción tras el descanso mostró la profundidad de una plantilla capaz de modificar el rumbo de un partido gracias a su talento individual y a los ajustes tácticos de su entrenador.

Para Senegal, la derrota dejó sentimientos encontrados. Durante más de una hora compitió de igual a igual frente a uno de los gigantes del fútbol mundial. Su organización, intensidad y valentía le permitieron discutir el partido durante largos tramos. Sin embargo, también quedó expuesta la diferencia que existe cuando los encuentros se definen por detalles y por futbolistas capaces de resolverlos con una sola acción.

Al caer la noche en Nueva Jersey, Francia abandonó el estadio con tres puntos, un triunfo convincente y una nueva marca histórica para su capitán. Senegal se marchó con la certeza de haber competido dignamente, pero también con la obligación de reaccionar rápidamente para mantener vivas sus aspiraciones de avanzar en el torneo.

Y mientras los aficionados franceses celebraban el estreno victorioso, una imagen resumía mejor que cualquier estadística lo ocurrido: Kylian Mbappé levantando los brazos después de su segundo gol, consciente de que acababa de superar un récord histórico y de que, una vez más, el Mundial parecía convertirse en su escenario favorito.

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