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Karina García desata indignación por pedir que devolvieran un perro porque “no era original”
Polémica por la petición de la influencer.
Las declaraciones de la creadora de contenido Karina García sobre un perro que recibió una amiga generaron críticas en Colombia y reabrieron la discusión sobre la responsabilidad que implica tener un animal de compañía, el abandono de perros y gatos, la compra de ejemplares por su raza y las condiciones en las que operan algunos criaderos dedicados a producir cachorros para su comercialización.
La controversia surgió después de una transmisión en vivo en la que García habló de Noah, su perro de raza pomerania, y relató el caso de una amiga que había recibido como regalo un animal que supuestamente pertenecía a la misma raza.
Posteriormente, según contó, descubrieron que se trataba de un cruce entre pomerania y shih tzu. La creadora de contenido aseguró que recomendó devolverlo porque no correspondía al perro de raza que inicialmente habían ofrecido.
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“Gente, pues es un animalito, que Dios lo bendiga, pero yo le dije a ella: ‘Mi reina, devuélvaselo a ese económico, a ese tacaño’ . ‘Amiga, perdóneme, perdóneme, pero yo le tengo que decir la verdad. A usted no le dieron un pomerania original. ¡Devuélvalo!’”, manifestó García durante la transmisión, de acuerdo con los fragmentos divulgados y recogidos por medios nacionales.
La creadora de contenido continuó comparando las características físicas de los dos perros y utilizó otra expresión que concentró buena parte de las críticas: “Parecía una rata. O sea, no tenía la cara de mi pomerania original”. Después se refirió a su mascota afirmando: “En cambio, mi bebé sí es original”.
Las palabras provocaron reacciones de usuarios que cuestionaron que un animal fuera presentado bajo una lógica similar a la devolución de un producto cuando no cumple determinadas características físicas o de raza.
Otros usuarios señalaron que el comentario podía reforzar la idea de que los perros de raza tienen un valor diferente al de los mestizos. También hubo seguidores de García que consideraron que las declaraciones fueron sacadas de contexto.
La controversia se produce en un país que enfrenta desde hace años un problema de abandono de animales de compañía. Una referencia presentada en el Senado de la República indicó que más de tres millones de perros y gatos viven en las calles de Colombia.
El mismo balance advirtió sobre las limitaciones institucionales existentes para responder a la situación: de los 1.123 municipios del país, para ese momento apenas 25, ubicados en cinco departamentos, contaban con programas de esterilización y solo funcionaban 12 centros de bienestar animal.
Aunque no existe un censo nacional actualizado que permita establecer exactamente cuántos perros y gatos son abandonados cada año en Colombia, las cifras disponibles muestran la dimensión del problema y obligan a diferenciar entre estimaciones nacionales de animales que viven en las calles y registros puntuales de abandono.
En Bogotá, por ejemplo, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte alertó en febrero de 2025 sobre casos de perros y gatos dejados en parques administrados por la entidad.
La legislación colombiana, además, modificó hace una década la manera en que jurídicamente son entendidos los animales. La Ley 1774 de 2016 estableció que son seres sintientes y que deben recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor provocados directa o indirectamente por las personas.
La norma señala entre sus principios la prevención del sufrimiento y la erradicación del abandono, el abuso, el maltrato, la violencia y el trato cruel.
La misma ley establece cinco condiciones mínimas de bienestar que deben garantizar quienes tienen animales bajo su responsabilidad: que no sufran hambre ni sed; que no padezcan injustificadamente dolor o malestar físico; que no desarrollen enfermedades debido a negligencia o descuido; que no sean sometidos a miedo o estrés, y que tengan posibilidades de manifestar su comportamiento natural.
A esa legislación se sumó la Ley 2054 de 2020, creada para enfrentar las consecuencias del abandono, el maltrato, la desatención estatal y la tenencia irresponsable de animales domésticos de compañía.
La norma contempla la existencia de centros de bienestar animal, albergues municipales, hogares de paso u otros lugares seguros destinados a recibir animales perdidos, abandonados, rescatados o en riesgo.
En abril de 2025 entró además en vigencia la Ley 2455, conocida como Ley Ángel, que fortaleció los mecanismos de prevención, investigación y sanción frente a la violencia contra los animales y actualizó el Estatuto Nacional de Protección de los Animales.
La legislación amplió herramientas para que las autoridades intervengan frente a situaciones en las que esté en riesgo la vida o integridad de un animal y ordenó establecer una ruta institucional para atender casos de maltrato.
El Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal de Bogotá advirtió en abril de 2026 que detrás de algunos criaderos ilegales han sido encontrados perros sometidos a hacinamiento, espacios reducidos, deficiencias de higiene, falta de agua, alimentación inadecuada y ausencia de atención veterinaria.
La entidad señaló además que algunas hembras son sometidas a reproducción constante, una práctica que puede derivar en sobreexplotación y afectar su salud.
El problema no es exclusivo de Colombia. Organizaciones internacionales especializadas utilizan el término “puppy mills” o fábricas de cachorros para describir operaciones comerciales de reproducción masiva en las que la obtención de ganancias se antepone al bienestar de los perros.
La ASPCA señala que en este tipo de instalaciones los reproductores pueden permanecer durante largos periodos en jaulas pequeñas, con escasa socialización, deficiencias sanitarias y atención veterinaria insuficiente.
Uno de los principales focos de preocupación son las hembras utilizadas para la reproducción. En instalaciones de cría intensiva pueden ser apareadas repetidamente con poco tiempo de recuperación entre camadas.
Humane World for Animals señala que en las denominadas fábricas de cachorros las madres pueden pasar gran parte de su vida encerradas y ser utilizadas fundamentalmente para producir nuevas camadas.
Las consecuencias también alcanzan a los cachorros. La ASPCA advierte que las malas condiciones sanitarias favorecen la propagación de enfermedades y que la separación temprana de las madres y hermanos, sumada a una socialización deficiente, puede estar relacionada con problemas posteriores de miedo, ansiedad y comportamiento.
Los registros recientes muestran que el fenómeno continúa. En su informe correspondiente a 2025, la ASPCA analizó datos de inspecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y reportó 680 incumplimientos de estándares mínimos de bienestar en criaderos comerciales autorizados.
Entre las situaciones documentadas figuraban perros enfermos o lesionados sin atención veterinaria, alimento con moho, falta de acceso al agua y caniles afectados por plagas de roedores e insectos.
Humane World for Animals también informó en abril de 2026 sobre casos documentados en establecimientos de reproducción comercial donde fueron encontrados perros en espacios sucios o reducidos, animales con heridas sin tratamiento y muertes que, según la organización, pudieron prevenirse.
Uno de los casos registrados correspondió precisamente a un cachorro pomerania que presentaba debilidad, secreción nasal, tos y dificultades respiratorias sin haber recibido previamente valoración veterinaria adecuada.
En Colombia, las autoridades han insistido en que adquirir un perro implica una responsabilidad que se extiende durante toda la vida del animal y que su bienestar no puede depender exclusivamente de características estéticas, pedigrí o expectativas sobre su apariencia.
La legislación vigente reconoce que los animales sienten dolor, miedo y estrés y establece obligaciones concretas para quienes asumen su cuidado.
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