Publicidad
Banco Agrario: de banco estatal con misión social a protagonista de la rentabilidad del sistema financiero
Obtuvo millonarias utilidades en 2025 y se consolidó entre los primeros. Bases de una administración destacada.
El informe estadístico publicado por la Superintendencia Financiera de Colombia esta semana pasado marcó un antes y un después en el relato sobre el sistema bancario del país: luego de varios trimestres de recuperación de crédito y disminución en indicadores de riesgo, el balance agregado de las instituciones de crédito cerró 2025 con cifras de utilidades que no se veían desde hacía décadas, con un crecimiento anual superior al 70 % en sus ganancias consolidadas, pasando de $8,3 billones en 2024 a más de $14 billones el año pasado, mientras un número cada vez menor de entidades registraba pérdidas.
En ese contexto de dinamismo y estrategia, el Banco Agrario de Colombia, la mayor institución financiera pública del Estado, con historial de banca territorial y enfoque rural, emergió con un resultado que rompió expectativas: $613.923 millones en utilidades durante 2025. Un aumento de cerca del 59 % frente al año inmediatamente anterior.
El Banco Agrario se destacó por su consistencia y su capacidad de traducir una misión social en resultados financieros concretos dentro de un mercado competitivo.
Este desempeño, sostenido mes a mes, no es el producto de la casualidad ni de un entorno favorable pasajero, sino de decisiones estratégicas orientadas a consolidar la calidad de la cartera, a gestionar el riesgo y a buscar eficiencia operativa sin sacrificar la presencia en los territorios rurales donde otras entidades no siempre llegan.
Lea también:(Quién era Liliana Angulo Cortés, la artista que sembró nuevas memorias en el Museo Nacional)
A través de informes corporativos y reportes oficiales, el banco mostró cómo sus activos totales crecieron y su cartera de créditos neta aumentó, respaldada por métricas de riesgo que mejoraron durante el año, reduciendo el índice de cartera en riesgo y la cartera vencida en términos relativos respecto al total del portafolio, y elevando la cobertura de esa cartera, lo que significa mayor respaldo frente a posibles pérdidas.
Ese balance entre crecimiento y disciplina permitió sostener un margen de intermediación que aportó de forma significativa a la utilidad final.
La historia del Banco Agrario en 2025 también se cuenta a partir de la forma en que se posicionó en los rankings que miden la rentabilidad de las instituciones financieras colombianas.
En el listado del cierre de año, divulgado por la Superintendencia, se ubicó en el grupo de entidades con balances positivos, en proximidad con otros bancos del sistema que lideran el mercado, lo que no solo habla de cifras aisladas sino de competitividad dentro de un ecosistema financiero en expansión.
Sin embargo, detrás de esos números hay factores estructurales que explican por qué una entidad con mandato público logró traducir su modelo en utilidades significativas.
Factores de crecimiento
Para empezar, el Banco Agrario potenció segmentos de crédito con mayor dinamismo en 2025: microcrédito, préstamos de vivienda de interés social y financiamiento agropecuario, que formaron parte del impulso de colocación de crédito en todo el sistema.
La recuperación de la cartera después de varios trimestres de contracción apoyó la expansión de recursos prestados, mientras que los indicadores de morosidad se estabilizaron en niveles más bajos, reflejando una mejor calidad de pago de los deudores.
Todo ello se dio en un entorno en el que la Superintendencia destacó la expansión de la profundidad financiera y un comportamiento de crédito favorable, factores que permitieron a las entidades, públicas y privadas, capitalizar un ajuste positivo en sus balances.
Es importante recordar que la historia del Banco Agrario no puede contarse exclusivamente desde la aritmética de utilidades: su mandato constitucional y legal es promover el desarrollo rural, bancarizar regiones con brechas de acceso al crédito y apoyar actividades productivas en zonas donde el retorno económico no siempre es inmediato ni evidente.
El hecho de que, bajo esa razón de ser, también haya reportado resultados financieros superiores al ejercicio anterior es una señal poderosa de que una política pública puede coexistir con criterios técnicos de gestión financiera prudente.
Esto implica una articulación entre riesgo, colocación estratégica de cartera y una estructura de costos que privilegia la sostenibilidad sin perder de vista la misión fundacional.
Para analistas del sector y observadores independientes, el desempeño del Banco Agrario en 2025 representa un caso interesante de cómo una entidad estatal puede equilibrar sus objetivos duales: atención territorial y rentabilidad.
En un mercado donde las grandes ciudades y segmentos de alto ingreso tradicionalmente concentran la mayor parte del negocio bancario, el Banco Agrario consiguió consolidar presencia en nichos de alto impacto social y, simultáneamente, fortalecer sus métricas de calidad y rentabilidad, beneficiándose del entorno financiero más expansivo del año y de la menor proporción de entidades en pérdidas dentro del país.
Ese resultado, entonces, no solo es un número en una tabla: es la materialización de una estrategia que combina riesgos calculados con objetivos de inclusión, de cobertura territorial y de respuesta a una demanda de crédito que había mostrado síntomas de estancamiento en ejercicios anteriores.
Banca pública rentable
El cierre de 2025, oficializado por la Superintendencia Financiera, reafirma que la banca pública puede ser rentable, si se acompaña de métricas disciplinadas, inversión en calidad de cartera y un enfoque claro en segmentos de crecimiento estructural, incluso en contextos de volatilidad global.
Las declaraciones y actividades del propio presidente de la entidad, Hernando Chica Zuccardi, ofrecieron una radiografía más clara del enfoque estratégico detrás de estos números.
Chica Zuccardi —quien lidera el Banco Agrario desde 2022 con una trayectoria en finanzas y comercio exterior— ha venido enfatizando, en foros, entrevistas y eventos sectoriales, que el fortalecimiento del banco no es sólo una cuestión de cifras, sino de impacto social y económico en los territorios rurales y en los sectores más vulnerables del país.
En noviembre de 2025, al hacer un balance del desempeño institucional ante gremios del agro, Chica Zuccardi afirmó que los desembolsos crediticios crecieron cerca del 70 % y llegaron a más de 300. 000 familias, lo cual, en su interpretación, no era solo estadística, sino evidencia de un proceso de inclusión financiera real.
Señaló que el banco ha colocado cerca de $700 000 millones en productos catalogados como sostenibles, con un enfoque en objetivos de desarrollo alineados con metas ambientales y sociales, lo que demuestra una lógica de banca que integra resultados económicos con impacto positivo.
Ese mismo directivo ha subrayado que la entidad no se concibe como un competidor tradicional dentro del sistema financiero colombiano, sino como un canal de recursos que permite la continuidad productiva en zonas rurales, un concepto que calza con el mandato constitucional del Banco Agrario, enfocado en la bancarización de regiones que usualmente no son prioritarias para los bancos privados.
Se refirió concretamente a la labor del banco para facilitar el acceso al crédito en escenarios de agricultura tradicional y diversificada, con estrategias que buscan reducir el costo del financiamiento mediante acuerdos con autoridades locales para subsidiar tasas de interés y llegar a las realidades del campo.
En varios eventos —incluidos encuentros regionales como el celebrado en Mompox (Bolívar)— Chica Zuccardi también destacó los avances en acuerdos con entes territoriales para fortalecer la economía popular y el sector microempresarial, entregando créditos a pequeños productores y posicionando al banco como un actor económico con sensibilidad social.
Así, se enfocó en explicar que la mejoría en los indicadores no es simplemente un efecto del ciclo financiero general, sino consecuencia directa de una estrategia institucional orientada a la inclusión, la asociatividad y la sostenibilidad.
Esa visión fue reforzada por otras acciones que lideró el presidente de la entidad a lo largo del año: expansión de la red de oficinas, con nuevas sedes inauguradas para acercar servicios financieros a comunidades rurales relevantes; y productos innovadores, como la Tarjeta Crédito Mujer Agro, diseñada para empoderar económicamente a mujeres rurales y destacada por su valor social y reconocimiento externo por parte de organizaciones como Pacto Global Red Colombia, lo que reforzó la narrativa de un banco público que apuesta por la equidad de género y la transformación social.
Utilidades económicas y sociales
Los resultados financieros, en ese sentido, parecieron resonar con una gestión integral que tocó múltiples frentes: crecimiento de la cartera de crédito, atención a las necesidades de productores agrícolas y microempresarios, respaldo a esquemas asociativos de negocios rurales, y un impulso hacia servicios tecnológicos para facilitar la experiencia de clientes en zonas urbanas y rurales.
Esa combinación permitió que las utilidades de 2025 se percibieran no como un mero síntoma del comportamiento del mercado, sino como evidencia de una gestión estratégica que logró conciliar el mandato social del banco con criterios técnicos de rentabilidad, disciplina financiera y expansión ordenada de cartera en un entorno competitivo.
En un año caracterizado por la recuperación de la colocación de crédito en el sistema, la mejora de indicadores de morosidad y el retorno de capital a niveles más altos luego de años de desafíos, la historia del Banco Agrario en 2025 deja una huella que va más allá de las cifras: narra el relato de una institución pública que logró demostrar que es posible ser rentable sin renunciar a su compromiso con el desarrollo rural y la inclusión financiera.
Otras noticias
Etiquetas