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Fallece Liliana Angulo Cortés, directora del Museo Nacional y referente del arte afro
La reconocida artista plástica y gestora cultural murió a los 52 años tras una valiente lucha contra un cáncer linfático; su legado redefine la memoria en Colombia
El sector cultural de Colombia lamenta la partida de Astrid Liliana Angulo Cortés, directora del Museo Nacional, quien falleció este sábado 21 de febrero a los 52 años de edad. La noticia fue confirmada por su familia a través de un emotivo comunicado, donde destacaron que la artista partió en paz y rodeada de sus seres queridos, tras afrontar un prolongado y valiente proceso de salud derivado de un cáncer linfático.
Liliana Angulo, quien había asumido el liderazgo de la institución museística más importante del país en 2024, fue descrita por sus allegados como una mujer visionaria y mística. En su mensaje de despedida, la familia subrayó su papel como "sembradora de memoria y puente entre tiempos", resaltando que su tránsito hacia el "territorio espiritual" refleja la coherencia y la fuerza con la que vivió y trabajó hasta sus últimos días.
Nacida en Bogotá y formada como artista plástica en la Universidad Nacional de Colombia, Angulo consolidó una carrera académica brillante con una maestría en artes de la Universidad de Illinois, Chicago. Su obra, que abarcó la escultura, la fotografía y el performance, se caracterizó por una profunda investigación sobre las raíces afrodescendientes, cuestionando siempre las narrativas de representación, raza y memoria en la historia del arte.
Al asumir la dirección del Museo Nacional, Angulo calificó su nombramiento como un "voto de confianza" y un hito histórico para las mujeres afro en Colombia. Su gestión estuvo marcada por el compromiso de descentralizar la cultura y dar voz a las comunidades tradicionalmente excluidas. Antes de este cargo, su trayectoria incluyó importantes aportes en instituciones como Idartes y la Secretaría de Cultura de Bogotá.
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En sus entrevistas más recientes, la artista recordaba que su acercamiento a lo afro fue una exploración personal necesaria, vinculando su nacimiento en la capital con la herencia de su familia paterna proveniente del Pacífico. Para ella, el arte no era simplemente un producto final o un título académico, sino un proceso de vida integral que permitía reflexionar sobre el cuerpo, el espacio y la resistencia histórica.
La comunidad artística y cultural ha reaccionado con numerosos mensajes de afecto, recordando no solo su rigor intelectual y su pragmatismo, sino también su ternura. La familia de la directora expresó su gratitud por la red de apoyo y oraciones que la acompañaron durante su tratamiento, afirmando que ese afecto fue "medicina y compañía real" en el difícil camino que le tocó transitar.
En las próximas horas se darán a conocer los detalles de las exequias y los rituales de despedida para honrar la vida de una mujer que transformó miradas y corazones a través del arte. Su fallecimiento deja un vacío inmenso en la gestión cultural pública, pero su obra permanece como un testimonio de lucha por la identidad y el reconocimiento de la diversidad étnica en Colombia.
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