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El “Metro” que se reinventa: aceleran las obras del estadio Metropolitano bajo la apuesta del alcalde Alejandro Char
El principal escenario del fútbol en Colombia se moderniza para la final de la Copa Sudamericana.
El ruido de las retroexcavadoras llegó justo cuando el último silbato había dejado en silencio al estadio. No hubo pausa. Apenas terminó aquel partido entre Junior y Tolima, en enero de 2026, el Metropolitano cerró sus puertas y comenzó una transformación que hoy avanza como una carrera contra el tiempo, impulsada por la promesa de Alejandro Char de entregar un escenario completamente renovado antes de noviembre, cuando Barranquilla será vitrina continental con la final de la Copa Sudamericana.
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Desde entonces, el “Metro” dejó de ser el coloso familiar de casi cuatro décadas para convertirse en un enorme frente de obra. En apenas un mes, más de 120.000 metros cúbicos de material fueron removidos, la cancha descendió cerca de cuatro metros y comenzaron a levantarse los primeros muros de contención que sostendrán la nueva estructura.
La imagen es la de una intervención profunda, casi quirúrgica, en la anatomía de un estadio que durante años fue símbolo de la selección Colombia y del Junior de Barranquilla.
El proyecto, que supera los 170.000 millones de pesos y equivale a más de 45 millones de dólares, no es una simple remodelación estética.
“El supermetro: un estadio a la altura de los grandes escenarios del mundo.
El ‘Coloso de La Ciudadela’ quedará a otro nivel: cancha con césped híbrido, sala de prensa moderna, museos para el Junior y la Selección Colombia, restaurantes, camerinos amplios, cinta LED con pantallas, y sillas para que 60 mil personas vivan los partidos como se merecen.
Además, respondiendo a una de las solicitudes más constantes de nuestra gente, pasamos de 363 a 827 sanitarios. Todo pensado para disfrutar cada momento con más comodidad.
Seguimos trabajando #ATodaMáquina para recibir la final de la Copa Sudamericana y grandes eventos internacionales, en un escenario renovado que nos pondrá a la altura de las grandes capitales del mundo”, resaltó el alcalde de Barranquilla Alejandro Char.
Es, en esencia, una reconfiguración total del espacio. La pista atlética —esa franja que durante décadas separó a los hinchas del juego— desaparece para dar paso a graderías más cercanas al campo, en una decisión que redefine la experiencia del espectador y busca alinear el estadio con los estándares internacionales más exigentes.
Las nuevas estructuras no se levantan lentamente. El ritmo ha sido uno de los ejes discursivos de la administración Char. Más de 700 trabajadores participan en distintos frentes de obra, mientras se funden más de 150 columnas y cerca de 1.800 vigas prefabricadas que luego son ensambladas dentro del estadio como piezas de un engranaje mayor. El objetivo es claro: acelerar tiempos sin sacrificar la magnitud del proyecto.
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A medida que avanzan las semanas, las señales de transformación se hacen visibles. Las nuevas graderías comienzan a tomar forma en los sectores oriental, sur y occidental, elevándose como una promesa concreta de lo que será un estadio con capacidad cercana a los 60.000 espectadores.
Eso significa más de 14.000 o 17.000 nuevos lugares, según las proyecciones, una ampliación que no solo responde a la demanda futbolera sino a una estrategia de ciudad que busca consolidarse como sede de grandes eventos internacionales.
Pero el cambio no es únicamente de volumen. También es de concepto. El nuevo Metropolitano incorporará una fachada bioclimática tensada, diseñada para mejorar el confort térmico y proyectar una imagen contemporánea, sin desprenderse del carácter histórico del escenario.
A ello se suman zonas VIP más amplias, camerinos modernizados y un césped renovado que, según la administración, estará a la altura de los grandes torneos del continente.
En el discurso oficial, la obra trasciende lo deportivo. Se presenta como un motor económico. Cada jornada de trabajo no solo levanta columnas, sino que sostiene empleos y dinamiza sectores asociados a la construcción, en una ciudad que ha hecho de la infraestructura uno de sus principales argumentos de transformación urbana.
Sin embargo, el calendario impone presión. El estadio debe estar listo en octubre de 2026, apenas semanas antes de que la Conmebol asuma el control del escenario para organizar la final continental del 21 de noviembre.
El margen es estrecho, y cualquier retraso podría tener implicaciones logísticas y reputacionales para la ciudad.
En ese contexto, las visitas constantes del alcalde, los videos en redes sociales y las declaraciones optimistas forman parte de una narrativa que busca transmitir confianza. Char ha insistido en que las obras avanzan “a toda velocidad” y que el resultado será un estadio “a otro nivel”, una frase que se repite como consigna en cada actualización del proyecto.
El Metropolitano, inaugurado en 1986 y remodelado en distintas etapas, nunca había enfrentado una intervención de esta escala.
Lo que ocurre ahora no es una mejora puntual, sino una apuesta por redefinir su papel en el mapa del fútbol latinoamericano.
Y mientras las estructuras crecen, el estadio permanece en silencio. No hay goles, no hay cánticos, no hay banderas. Solo el eco de la maquinaria y la expectativa de una ciudad que espera reencontrarse con su escenario más emblemático, transformado, ampliado y adaptado a una nueva era en la que el fútbol ya no solo se juega en la cancha, sino también en la capacidad de las ciudades para competir en el escenario global.
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