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El Mundial más rico de la historia: FIFA reconfiguró el negocio del fútbol y elevó los premios tras cumbre de Vancouver

Se incrementaron los giros a las selecciones participantes.

El Mundial 2026 será histórico al ser el primero con 48 selecciones participantes (en lugar de 32) y organizado por tres países: Estados Unidos, México y Canadá.
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 29/04/2026 - 08:09 Créditos: El Mundial 2026 será histórico al ser el primero con 48 selecciones participantes (en lugar de 32) y organizado por tres países: Estados Unidos, México y Canadá. Tomada de FIFA

En Vancouver, lejos de los estadios y del ruido de las tribunas, el fútbol volvió a demostrar que también se juega en cifras. Allí, en una reunión del Consejo de la FIFA marcada por presiones de federaciones y advertencias sobre los costos crecientes del torneo, se terminó de sellar una decisión que redefine el mapa económico del Mundial 2026: más dinero para todos, pero sobre todo, más poder financiero concentrado en el mayor espectáculo deportivo del planeta.

La historia venía escribiéndose desde meses atrás. En diciembre de 2025, la FIFA había anunciado una bolsa récord de 727 millones de dólares para repartir entre las 48 selecciones participantes, un salto del 50 % respecto a Qatar 2022.

Ese anuncio ya colocaba al torneo de Norteamérica —Estados Unidos, México y Canadá— como el más lucrativo en la historia del fútbol. Pero no era suficiente.

Las federaciones, especialmente europeas, comenzaron a advertir que participar en el Mundial podía no ser negocio. Costos logísticos elevados, diferencias tributarias entre sedes y una estructura de premios que solo beneficiaba realmente a quienes avanzaban a las fases finales generaron un ruido inusual en los pasillos del poder futbolístico.

Fue en ese contexto que la FIFA llegó a Vancouver con una decisión prácticamente tomada: aumentar los recursos destinados a las selecciones. El ajuste no fue simbólico. Según lo aprobado, el fondo global se elevó en torno a un 15 %, superando los 870 millones de dólares, con mejoras directas en los pagos de participación y preparación.

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El cambio más significativo no estuvo en el premio del campeón —que se mantiene en 50 millones de dólares— sino en la base del sistema. Cada selección, incluso aquellas eliminadas en fase de grupos, verá incrementados sus ingresos mínimos. Si antes el piso rondaba los 10,5 millones de dólares, ahora las cifras se ajustan al alza con mayores montos garantizados desde el inicio del torneo.

La lógica detrás de este movimiento es menos deportiva que estructural. El Mundial 2026 no solo será el primero con 48 equipos, sino también el más ambicioso en términos comerciales. La FIFA proyecta ingresos cercanos a los 13.000 millones de dólares en el ciclo 2023-2026, una cifra que prácticamente duplica la del periodo anterior.

En ese contexto, el aumento de premios no es una concesión: es una redistribución estratégica para sostener el ecosistema del torneo.

Porque el problema era claro: sin incentivos suficientes, algunas selecciones podían incluso perder dinero participando, algo impensable en el mayor escaparate del fútbol mundial.

La presión fue tal que, en paralelo, la FIFA incluso negoció beneficios fiscales para las federaciones, buscando reducir la carga tributaria en Estados Unidos, uno de los países sede.

Pero detrás de los números hay una tensión más profunda. El aumento del fondo global no necesariamente corrige las desigualdades internas. El sistema sigue premiando de manera exponencial el avance en el torneo: pasar de fase implica saltos millonarios que consolidan la brecha entre potencias y selecciones emergentes. En otras palabras, el Mundial reparte más dinero que nunca, pero no necesariamente de forma más equitativa.

Aun así, el mensaje político de la FIFA es claro: el negocio crece y todos deben recibir una parte mayor del botín. El incremento también se extiende a los programas de desarrollo y a las asociaciones miembro, reforzando el discurso de que el crecimiento financiero del fútbol debe irradiarse hacia todas las federaciones.

En Vancouver no hubo goles ni celebraciones, pero sí una señal inequívoca del rumbo del fútbol global. El Mundial 2026 será más grande, más complejo y, sobre todo, más rico. Y en ese tablero, donde cada cifra cuenta, la FIFA volvió a demostrar que el verdadero partido también se juega en los balances.

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