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Medicina Legal admite dificultades para identificar autenticidad de restos de sacerdote y sociólogo Camilo Torres
ADN degradado complica la identificación. Dudas en el proceso.
El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses informó que enfrenta dificultades técnicas para establecer si los restos óseos analizados corresponden al sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, quien se integró a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y murió en combate el 15 de febrero de 1966.
La entidad anunció que puso en marcha un programa metodológico específico para avanzar en la identificación, pero advirtió que, por ahora, no existe certeza científica sobre la identidad de los huesos.
El pronunciamiento se conoció luego de que el ELN asegurara, hace poco más de tres semanas, que conocía el lugar de inhumación de los restos de Torres y que, con base en testimonios de excombatientes y de militares, sostenía tener una “identificación plena”.
Ese anuncio reactivó una discusión política e histórica sobre la figura del sacerdote, quien fue docente en la universidad pública y se convirtió en un símbolo de la insurgencia armada tras su incorporación al grupo guerrillero.
Para el Estado, sin embargo, los restos siguen teniendo el carácter de “presuntos” hasta que se cumplan los estándares técnicos exigidos para una confirmación formal.
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En el comunicado divulgado la tarde del sábado 14 de febrero, Medicina Legal detalló que el proceso ha estado marcado por “limitaciones relevantes” derivadas del estado de conservación y de las condiciones de las muestras óseas.
La entidad explicó que se trata de restos con varias décadas de antigüedad, sometidos a inhumación en entornos adversos que afectaron la calidad del material biológico disponible.
Esa situación ha dificultado la obtención de perfiles de ADN completos y confiables, condición indispensable para sustentar una identificación con rigor científico.
El organismo forense recordó que los estudios sobre este caso no son recientes. Desde 2016, equipos de genética y antropología han desarrollado análisis relacionados con la posible localización de los restos.
Dichos trabajos se intensificaron a partir de 2023, cuando la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas remitió nuevas muestras óseas para su evaluación.
Como resultado, se cuenta hoy con una muestra biológica que ofrece información orientadora, pero que, por sí sola, no permite afirmar que se trate de Camilo Torres Restrepo.
Ante ese escenario, Medicina Legal señaló que se adelantan estudios complementarios con el objetivo de confirmar o descartar la hipótesis de que los restos pertenezcan al sacerdote.
La institución subrayó que la identificación humana es un procedimiento integral, de carácter multidisciplinario e interinstitucional, en el que deben converger evidencias genéticas, antropológicas y contextuales.
Esa combinación de elementos, indicó, se somete a criterios de validación estrictos antes de emitir un dictamen definitivo.
Dentro del programa metodológico anunciado, el Instituto prevé realizar confrontaciones sistemáticas de los perfiles genéticos obtenidos con muestras de familiares vivos de Camilo Torres, así como la recuperación de información genética de parientes ya fallecidos, cuando ello resulte posible.
Estas comparaciones permitirán establecer grados de parentesco y descartar errores en la atribución de identidad.
La entidad insistió en que ningún resultado parcial puede interpretarse como confirmación hasta tanto no se complete esta fase.
El plan también incluye el envío de segmentos óseos a laboratorios especializados en Estados Unidos y Europa, con el fin de aplicar técnicas avanzadas de análisis de ADN en restos altamente degradados.
El recurso a centros internacionales busca ampliar la capacidad de contraste y asegurar que los resultados se ajusten a estándares aceptados en la comunidad forense.
De manera paralela, equipos nacionales continúan con la valoración antropológica de los restos, que incluye estimaciones de edad, sexo, estatura y posibles rasgos de interés histórico.
Medicina Legal recalcó que, mientras se desarrolla este proceso, el estatus jurídico de los huesos no cambia: se consideran restos presuntamente asociados a Camilo Torres, pero sin identificación confirmada.
La institución hizo énfasis en la necesidad de mantener la cadena de custodia, la documentación rigurosa de cada procedimiento y el respeto por el debido proceso, dado que los resultados pueden tener efectos en procesos de memoria histórica y en eventuales decisiones administrativas o judiciales.
El posible hallazgo de los restos ha tenido repercusiones en el ámbito político. El presidente Gustavo Petro anunció, el pasado 23 de enero, que, en caso de comprobarse la identidad, el cuerpo del sacerdote sería tratado con respeto y depositado con honores, en reconocimiento a su papel como fundador de la facultad de sociología de la Universidad Nacional y como referente de la llamada teología de la liberación. El mandatario lo definió como “sacerdote y revolucionario”, y adelantó que los restos tendrían un lugar de reposo digno.
El 22 de enero de 2026, en el marco de la conmemoración de los 60 años de la muerte en combate de Camilo Torres Restrepo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) publicó un comunicado firmado por su Comando Central (COCE), en el que hizo pública su intención de entregar los restos mortales de Torres a la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. El texto circuló ampliamente en medios alternativos y redes sociales.
En el comunicado, el grupo insurgente afirmó haber ubicado y verificado los restos del sacerdote y sociólogo, y comunicó su voluntad de “repatriarlos y entregarlos a la Universidad Nacional para su custodia en el campus que formó su pensamiento insurgente.”
El ELN describió esta acción como un “acto de justicia histórica” y una “restitución del cuerpo del Comandante Camilo a su pueblo y a la universidad que lo vio nacer como revolucionario.”
El mensaje agregó que, según ellos, la entrega tendría lugar en un espacio físico dispuesto para el homenaje, e hizo un llamado a los movimientos sociales, estudiantiles y populares a “acompañar esta jornada de reivindicación revolucionaria”.
También cuestionaron a los sectores que, según su visión, intentan despolitizar la figura de Torres para separarla del proyecto insurgente del ELN, al que lo consideran fundador y símbolo permanente.
Jorge Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929 en una familia de la élite liberal colombiana. Su formación inicial incluyó estudios en colegios privados en la capital, y en 1947 ingresó brevemente a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia antes de decidirse por la vida religiosa y entrar al Seminario Conciliar de Bogotá, donde estudió teología y fue ordenado sacerdote católico en 1954.
Tras su ordenación, viajó a Bélgica a la Universidad Católica de Lovaina para especializarse en sociología, disciplina en la que combinó perspectivas empíricas y análisis social en torno a la desigualdad, la pobreza urbana y las transformaciones sociales.
A su regreso a Colombia, en 1958, se vinculó como capellán de la Universidad Nacional y se convirtió en una figura distintiva del pensamiento social, integrando su ministerio religioso con la investigación en ciencias sociales.
En 1960 fue cofundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, considerada la primera de su tipo en América Latina.
Esta iniciativa se consolidó junto a otros académicos como Orlando Fals Borda, Virginia Gutiérrez de Pineda y Eduardo Umaña Luna, entre otros intelectuales.
La facultad promovía enfoques metodológicos que combinaban el análisis cuantitativo y cualitativo, y buscaba estudiar científicamente las dinámicas sociales en el país.
Durante este periodo, Torres también promovió formas de organización comunitaria y participación social, como el Movimiento Universitario de Promoción Comunal (MUNIPROC), que articuló proyectos de acción social en barrios populares de Bogotá.
Su labor académica y pastoral lo situó en el centro de los debates sobre pobreza, reforma agraria, justicia social y la función de la Iglesia en la sociedad colombiana de mediados del siglo XX.
Convencido de que las transformaciones profundas demandaban acciones más allá de los mecanismos institucionales existentes, decidió vincularse al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965, una organización guerrillera que combinaba enfoques inspirados en la Revolución Cubana con elementos de la Teología de la Liberación.
Su incorporación al ELN marcó un giro decisivo en su trayectoria: dejó de ejercer funciones eclesiásticas activas y optó por involucrarse en la lucha armada, convencido de que la justicia social requería confrontar las estructuras de poder mediante la insurrección.
Menos de un año después, el 15 de febrero de 1966, murió en combate en Patio Cemento (Santander) durante su primera acción militar como miembro de esa guerrilla.
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