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Luis Carlos Galán: así fue el magnicidio que estremeció a Colombia el 18 de agosto de 1989, hace 37 años
Historia de un magnicidio que el país no olvida.
La noche del viernes 18 de agosto de 1989, Luis Carlos Galán Sarmiento llegó a Soacha para participar en una concentración política que hacía parte de su campaña por la Presidencia de Colombia. Faltaban nueve meses para las elecciones de mayo de 1990 y su nombre ocupaba un lugar central en la competencia por la candidatura del Partido Liberal.
La plaza estaba llena. Galán atravesó la multitud protegido por sus escoltas y llegó hasta la tarima desde donde debía dirigirse a sus seguidores. Vestía camisa blanca y levantó los brazos ante el público. Fueron apenas unos segundos.
Entonces comenzaron los disparos.
Las ráfagas alcanzaron al dirigente liberal y desataron una balacera en medio de la concentración. También fueron atacados integrantes de su esquema de seguridad y personas que se encontraban cerca de la tarima.
Galán cayó gravemente herido. Sus escoltas intentaron sacarlo del lugar y trasladarlo hacia Bogotá. Finalmente fue llevado al Hospital de Kennedy, donde murió como consecuencia de las heridas.
Tenía 45 años.
En el mismo ataque murieron el concejal de Soacha Julio César Peñaloza Sánchez y el escolta del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, Santiago Cuervo Jiménez. Otro integrante del esquema de protección, Pedro Nel Angulo Bonilla, resultó herido.
El magnicidio no fue un episodio aislado de la violencia que atravesaba Colombia. Fue una operación preparada para eliminar a uno de los dirigentes políticos con mayores posibilidades de llegar a la Presidencia y a un hombre que durante años había enfrentado públicamente la penetración del narcotráfico en las instituciones.
Las investigaciones judiciales tardaron décadas en establecer la dimensión del complot. El país que llegó a aquel 18 de agosto Colombia atravesaba en 1989 uno de los momentos más violentos de su historia reciente.
El Cartel de Medellín había convertido el terrorismo en un instrumento para presionar al Estado, especialmente frente a la posibilidad de extraditar narcotraficantes a Estados Unidos. Policías, jueces, magistrados, funcionarios, periodistas y dirigentes políticos se habían convertido en objetivos. El asesinato de Galán ocurrió dentro de esa ofensiva.
Solo dos días antes, el 16 de agosto, había sido asesinado en Bogotá el magistrado Carlos Ernesto Valencia García.
La mañana del mismo 18 de agosto fue asesinado en Medellín el coronel Valdemar Franklin Quintero, comandante de la Policía de Antioquia y uno de los oficiales que había enfrentado las estructuras del narcotráfico. Horas después cayó Galán.
En los meses siguientes la ofensiva se intensificaría: la sede de El Espectador sería atacada con explosivos; el vuelo 203 de Avianca sería destruido en pleno vuelo y, en diciembre, un carro bomba devastaría parte de las instalaciones del DAS en Bogotá.
Pero la historia que condujo a Galán hasta la plaza de Soacha había comenzado mucho antes.
De Bucaramanga a Bogotá
Luis Carlos Galán Sarmiento nació en Bucaramanga el 29 de septiembre de 1943. Fue hijo de Mario Galán Gómez y Cecilia Sarmiento Suárez y creció en una familia de doce hermanos. Parte de su infancia transcurrió en Santander, pero la familia posteriormente se estableció en Bogotá.
Estudió en el Colegio Americano y luego en el Colegio Antonio Nariño. Su acercamiento temprano a la política coincidió con las movilizaciones estudiantiles contra el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Todavía era adolescente cuando participó en las protestas que precedieron la caída del régimen en 1957.
Después ingresó a la Pontificia Universidad Javeriana para estudiar Derecho y Economía. La política no fue, sin embargo, su única escuela. También lo fue el periodismo.
Durante sus años universitarios fundó la revista Vértice, desde donde comenzó a escribir sobre los problemas políticos y sociales del país. Aquella experiencia anticipó una actividad que mantendría durante buena parte de su vida.
En 1965 se vinculó a El Tiempo. Trabajó como periodista, editorialista y columnista y tuvo contacto cercano con figuras importantes del liberalismo colombiano. Más adelante participaría también en Nueva Frontera, la publicación fundada por el expresidente Carlos Lleras Restrepo.
La relación con Lleras sería determinante. Galán encontró en el expresidente no solamente un referente político, sino una corriente liberal que cuestionaba algunas de las prácticas tradicionales de los partidos y defendía reformas institucionales, económicas y sociales.
Su ascenso fue rápido. Ministro antes de cumplir los 30 años En 1970, durante el gobierno de Misael Pastrana Borrero, Galán fue nombrado ministro de Educación.
Tenía 26 años cuando comenzó el gobierno y cumplió 27 pocas semanas después. Su paso por el ministerio coincidió con un periodo especialmente complejo para las universidades públicas y con fuertes movilizaciones estudiantiles.
Dos años después dejó el gabinete y fue nombrado embajador de Colombia en Italia. Permaneció allí hasta 1976.
A su regreso retomó el periodismo y la actividad política. Se vinculó a Nueva Frontera y comenzó a construir una carrera electoral propia.
Fue concejal y en 1978 llegó al Senado. Pero su proyecto no consistía únicamente en obtener cargos. Pretendía disputar la conducción del liberalismo.
El nacimiento del Nuevo Liberalismo
En 1979 surgió el Nuevo Liberalismo. Galán reunió alrededor de ese movimiento a dirigentes que cuestionaban el clientelismo, la concentración del poder dentro de los partidos y la manera como funcionaban las estructuras políticas regionales.
Entre quienes lo acompañaron estuvo Rodrigo Lara Bonilla.
El movimiento se presentó como una alternativa dentro de la tradición liberal, pero con organización y discurso propios.
Galán comenzó entonces a recorrer el país.
Su capacidad para convocar jóvenes y sectores urbanos aumentó y el Nuevo Liberalismo logró representación en corporaciones públicas.
La prueba decisiva llegó en 1982. Galán presentó por primera vez su candidatura presidencial. El ganador de aquellas elecciones fue el conservador Belisario Betancur. El candidato oficial del liberalismo, Alfonso López Michelsen, ocupó el segundo lugar.
Galán terminó tercero. Obtuvo cerca de 746.000 votos, alrededor del 11 % de los sufragios presidenciales, un resultado considerable para una organización que competía contra las dos grandes estructuras políticas nacionales.
El Nuevo Liberalismo dejó de ser una pequeña disidencia. Se había convertido en una fuerza electoral.
Pablo Escobar y la política
Uno de los episodios que terminó definiendo la historia de Galán ocurrió precisamente durante el crecimiento del Nuevo Liberalismo.
A comienzos de los años ochenta, Pablo Escobar Gaviria buscaba consolidar simultáneamente su poder económico, criminal y político.
Escobar había encontrado espacios dentro de la política antioqueña y terminó vinculado a una lista relacionada con el Nuevo Liberalismo. Galán rechazó públicamente su presencia.
El narcotraficante quedó por fuera de su movimiento, aunque posteriormente llegó a la Cámara de Representantes como suplente de Jairo Ortega dentro de otra estructura política.
El enfrentamiento se profundizó. Rodrigo Lara Bonilla, compañero político de Galán y ministro de Justicia del gobierno de Belisario Betancur, denunció públicamente los vínculos de Escobar con el narcotráfico.
El 30 de abril de 1984 Lara fue asesinado en Bogotá. Su muerte fue uno de los primeros golpes directos del narcotráfico contra figuras nacionales del Estado colombiano.
Para Galán también significó la pérdida de uno de sus colaboradores políticos más cercanos. La confrontación con las organizaciones narcotraficantes había dejado de ser únicamente discursiva.
El regreso al liberalismo
Galán volvió a buscar la Presidencia durante el proceso electoral de 1986, pero finalmente retiró su aspiración y respaldó al candidato liberal Virgilio Barco, quien ganó las elecciones.
Para entonces comenzaba otro proceso político.
El Nuevo Liberalismo y el Partido Liberal iniciaron un acercamiento que terminó con el regreso de Galán a la colectividad.
Uno de los asuntos fundamentales era el mecanismo para escoger al candidato presidencial.
Galán defendía una consulta en la que participaran directamente los ciudadanos, en lugar de que la decisión quedara exclusivamente en manos de convenciones y estructuras partidistas.
En 1989 esa posibilidad se abrió.
La Convención Liberal aprobó la realización de una consulta popular para escoger su candidato presidencial.
Galán estaba nuevamente en campaña. Esta vez llegaba con una organización nacional, años de experiencia política y un reconocimiento público muy superior al que tenía cuando se presentó por primera vez en 1982.
Su candidatura fue proclamada el 4 de julio de 1989. El camino hacia las elecciones de 1990 había comenzado.
Y también la fase definitiva del plan para matarlo.
Las amenazas
Galán sabía que estaba amenazado. Su posición frente al narcotráfico y su respaldo a la extradición lo habían convertido en objetivo de organizaciones criminales.
No era una amenaza abstracta. El 4 de agosto de 1989, apenas dos semanas antes del asesinato, se frustró un atentado en Medellín.
Galán debía asistir a un acto en la Universidad de Medellín. Las autoridades detectaron movimientos sospechosos y el ataque no llegó a ejecutarse.
Uno de los oficiales que intervino en las medidas adoptadas para protegerlo fue el coronel Valdemar Franklin Quintero.
Catorce días después, en la mañana del 18 de agosto, Quintero fue asesinado.
Esa misma noche Galán debía viajar a Soacha.
El esquema de seguridad
Este punto se convirtió, muchos años después, en una de las piezas centrales de la investigación judicial. Galán era uno de los hombres más amenazados de Colombia y su protección estaba a cargo del DAS. Sin embargo, su esquema de seguridad sufrió modificaciones.
La Corte Suprema de Justicia estableció décadas después que el debilitamiento de esa protección no fue simplemente producto de errores administrativos.
En 2016, al condenar al general retirado Miguel Alfredo Maza Márquez, quien era director del DAS en 1989, la Sala Penal concluyó que había participado en el plan criminal.
Según la decisión judicial, Maza Márquez contribuyó al debilitamiento de la seguridad de Galán y designó como jefe de su esquema a un hombre de su confianza.
La Corte relacionó esa actuación con los vínculos que el entonces director del DAS mantenía con Henry de Jesús Pérez Durán, jefe de las autodefensas del Magdalena Medio.
La dimensión del crimen comenzaba así a aparecer con mayor claridad. No se trataba únicamente de un grupo de sicarios disparando desde la multitud. Detrás existía una estructura.
El complot
Las decisiones judiciales reconstruyeron una alianza criminal en la que participaron diferentes actores. El Cartel de Medellín tuvo un papel central.
Pablo Escobar Gaviria fue identificado como uno de los principales responsables de la decisión de asesinar a Galán.
También apareció Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, uno de los principales jefes del narcotráfico colombiano y hombre estrechamente relacionado con estructuras paramilitares.
Henry Pérez, jefe paramilitar del Magdalena Medio, quedó vinculado a la preparación de la operación.
A esa estructura se sumaron integrantes de organismos estatales cuya actuación permitió reducir las condiciones de seguridad del candidato.
La investigación sobre Alberto Santofimio Botero añadió otra dimensión. La justicia estableció que el dirigente político intervino como determinador del asesinato al estimular a Pablo Escobar para eliminar a Galán.
Santofimio había sido una figura de peso dentro del liberalismo y había aspirado a la Presidencia.
Su responsabilidad atravesó un complejo recorrido judicial antes de quedar establecida definitivamente.
La noche de Soacha
Galán llegó a Soacha pese a las amenazas. En la plaza lo esperaba una multitud. El dispositivo de seguridad presentaba graves vulnerabilidades. La concentración permitía una cercanía extraordinaria entre el público y el candidato, y los controles no correspondían al nivel de riesgo que enfrentaba.
Galán avanzó hacia la tarima. Cuando apareció frente a la multitud, los sicarios abrieron fuego.
Las imágenes de aquellos segundos quedaron convertidas en uno de los registros más reconocibles de la historia política colombiana: Galán levantando los brazos sobre una tarima y, poco después, el caos provocado por los disparos.
Los atacantes lograron ejecutar el plan. El candidato fue sacado del lugar mientras continuaban los disparos. No sobrevivió.
Colombia despertó al día siguiente sin el dirigente que durante casi una década había intentado construir una alternativa dentro del liberalismo.
Una investigación marcada por errores
La actuación inicial de las autoridades estuvo rodeada de irregularidades.
Personas que no habían participado en el crimen fueron señaladas como responsables y la investigación tomó durante años caminos que posteriormente tuvieron que ser revisados.
El expediente creció
Testimonios de narcotraficantes, integrantes de estructuras paramilitares, funcionarios y antiguos miembros de organismos de seguridad permitieron reconstruir gradualmente el entramado.
La justicia comenzó a establecer que el asesinato había sido posible por la convergencia de intereses provenientes de distintos sectores. Narcotráfico.
Paramilitarismo. Política. Y organismos del Estado.
La investigación dejó de concentrarse exclusivamente en quién había disparado. La pregunta fundamental pasó a ser quiénes habían diseñado, facilitado y ordenado el magnicidio.
Alberto Santofimio
Uno de los procesos judiciales más importantes fue el seguido contra Alberto Santofimio Botero. La Fiscalía abrió formalmente investigación en su contra en 2005. En 2007 fue condenado a 24 años de prisión.
Posteriormente, el Tribunal Superior de Cundinamarca revocó esa decisión y Santofimio recuperó la libertad.
El caso llegó a la Corte Suprema. En 2011 la Sala Penal revocó la absolución y restableció la condena. La justicia consideró probado que Santofimio había determinado a Pablo Escobar para asesinar a Galán.
Años después, la defensa intentó nuevamente modificar esa decisión.

En mayo de 2023 la Corte Suprema inadmitió una acción de revisión y mantuvo intacta la condena.
La Sala sostuvo que los elementos presentados no constituían pruebas nuevas capaces de derrumbar las conclusiones alcanzadas durante el proceso.
La responsabilidad penal de Santofimio quedó, por tanto, en firme.
Miguel Maza Márquez
El otro fallo fundamental llegó en 2016.
La Corte Suprema de Justicia condenó a 30 años de prisión al general retirado Miguel Alfredo Maza Márquez, director del DAS para la época del magnicidio.
La sentencia fue especialmente relevante porque estableció judicialmente la participación de quien dirigía el organismo encargado, precisamente, de la protección del candidato.
La Corte concluyó que Maza Márquez hizo parte del plan y contribuyó a debilitar el esquema de seguridad de Galán. También estableció su relación con Henry Pérez y la estructura paramilitar del Magdalena Medio.
La decisión permitió comprender el magnicidio desde una dimensión diferente.
El éxito del atentado no dependió solamente de la capacidad operativa de los sicarios. También necesitó que las barreras encargadas de proteger al candidato fueran debilitadas.
Un crimen de lesa humanidad
La justicia colombiana terminó adoptando otra decisión trascendental.
El asesinato de Luis Carlos Galán fue considerado un crimen de lesa humanidad. La calificación tiene consecuencias jurídicas fundamentales.
Significa que la investigación no queda cerrada simplemente por el paso del tiempo y que las autoridades pueden continuar buscando a quienes participaron en la planeación, ejecución o facilitación del crimen.
La Corte Suprema ubicó el asesinato dentro de un contexto más amplio de violencia sistemática ejecutada por organizaciones criminales que durante aquellos años utilizaron asesinatos selectivos y terrorismo contra sectores de la población y contra representantes del Estado.
Por eso, 37 años después, el expediente de Galán no pertenece solamente al pasado. La justicia todavía puede perseguir responsabilidades que permanezcan sin esclarecer.
El candidato que no llegó a las elecciones
Galán fue asesinado antes de que los colombianos pudieran votar en la consulta liberal que él mismo había impulsado. Su muerte modificó completamente el escenario electoral.
César Gaviria Trujillo, quien había sido jefe de debate de la campaña, terminó recogiendo las banderas políticas del galanismo. En marzo de 1990 ganó la consulta liberal.
Dos meses después fue elegido presidente de Colombia. Pero la muerte de Galán produjo efectos que fueron más allá de una candidatura.
El asesinato ocurrió en medio de una sucesión de crímenes contra dirigentes políticos.
Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la Unión Patriótica en 1986, había sido asesinado en 1987.
Después de Galán serían asesinados Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial de la Unión Patriótica, el 22 de marzo de 1990, y Carlos Pizarro Leongómez, candidato de la Alianza Democrática M-19, el 26 de abril siguiente.
En menos de tres años, cuatro figuras que habían ocupado o buscaban ocupar espacios centrales de la política nacional fueron asesinadas.
La democracia colombiana llegó a las elecciones de 1990 atravesada por las balas. Hoy 37 años después el país no olvida a Luis Carlos Galán.
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