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De Mussolini a Maduro: dictadores que fueron derrocados y cómo terminó su poder

La historia se repite: dictadores derrocados: los finales de Mussolini, Ceaușescu, Gadafi, Noriega, Somoza, Maduro y otros.

mussolini y nicolas maduro
Por Agencia Periodismo Investigativo | Sáb, 03/01/2026 - 15:01 Créditos: Benito Mussolini y Nicolás Maduro-Retrato oficial de Mussolini y Facebook NIcolás Maduro

La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en 2026, en el marco de una operación dirigida desde Washington, reaviva en el presente un debate histórico: ¿cómo terminan las dictaduras?.

A lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, al menos seis líderes que concentraron poder absoluto fueron derrocados, capturados o muertos lejos del trono que alguna vez ocuparon. Sus trayectorias y finales ofrecen un espejo para entender los desafíos de la justicia internacional y de los pueblos sometidos.

Benito Mussolini llegó al poder en Italia en 1922, erigiéndose como líder del Partido Nacional Fascista y transformándose en el Duce de una dictadura totalitaria que promovía el ultranacionalismo, la supresión de las libertades y la alianza con la Alemania nazi.

Su régimen debilitó gradualmente el sistema democrático italiano y lo condujo a la Segunda Guerra Mundial del lado del Eje. En 1943, tras la invasión de Sicilia por las fuerzas aliadas y la pérdida de apoyo dentro de su propio Gran Consejo Fascista, fue depuesto por el rey Víctor Manuel III y arrestado.

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Rescatado por comandos alemanes, Mussolini intentó escapar al final de la guerra, pero fue capturado por partisanos italianos cerca del lago de Como y ejecutado el 28 de abril de 1945 junto a su amante Clara Petacci. Sus restos fueron expuestos en Milán en un símbolo crudo del colapso del fascismo en Italia.

Nicolae Ceaușescu, presidente de la República Socialista de Rumanía desde 1965, impuso un régimen comunista profundamente represivo.

Su política de austeridad y culto a la personalidad generó descontento social, que estalló en diciembre de 1989 con protestas masivas en Timișoara y Bucarest.

El 22 de diciembre, abandonó la capital huyendo en helicóptero, pero fue capturado junto a su esposa Elena en un control de carretera y entregado a las fuerzas insurgentes.

Tras un juicio militar sumario, fueron fusilados el 25 de diciembre de 1989, en medio de una revolución que puso fin a décadas de aislamiento comunista en Rumanía.

Muamar el Gadafi gobernó Libia desde 1969 tras liderar un golpe militar que abolió la monarquía. Durante más de cuatro décadas, transformó al país en una Jamahiriya (Estado de masas) bajo su mando absoluto y promovió una peculiar ideología basada en su interpretación del socialismo árabe.

En 2011, en el contexto de la Primavera Árabe, el levantamiento popular contra su régimen derivó en una guerra civil en la que participaron grupos rebeldes y fuerzas externas con el apoyo de la OTAN. Gadafi fue capturado por milicianos del Consejo Nacional de Transición en Sirte y asesinado el 20 de octubre de 2011, marcando el fin violento de su prolongada dictadura.

En Nicaragua, Anastasio Somoza Debayle fue el último de una dinastía familiar que dominó la política nicaragüense durante décadas.

Asumió la presidencia en 1967 y, tras años de represión y corrupción, fue forzado a abandonar el país en 1979 por la revolución sandinista.

Tras huir al exilio, fue asesinado en Paraguay en 1980 por un comando de la guerrilla argentina ERP, cerrando uno de los capítulos más prolongados de control autoritario en Centroamérica.

Manuel Antonio Noriega, militar y político panameño, fue el líder de facto de Panamá desde 1983, aunque nunca ostentó formalmente la presidencia. Inicialmente aliado de los servicios de inteligencia estadounidenses, su implicación en narcotráfico, lavado de dinero y represión lo llevó a deteriorar sus relaciones con Washington.

En diciembre de 1989, Estados Unidos lanzó la operación Just Cause para deponerlo. Noriega se refugió en la Nunciatura Apostólica en Ciudad de Panamá y finalmente se rindió a las fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 1990, fue extraditado y condenado en Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas.

Francisco Macías Nguema, primer presidente de Guinea Ecuatorial tras la independencia en 1968, instauró un régimen unipersonal caracterizado por la represión extrema, el culto a la personalidad y la violación sistemática de derechos humanos.

Su propio sobrino, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, encabezó un golpe de Estado militar el 3 de agosto de 1979 que lo depuso. Tras ser capturado en la selva, Macías fue juzgado públicamente, condenado y ejecutado el 29 de septiembre de 1979, en un proceso que marcó un giro dramático en la historia del país.

El caso de Augusto Pinochet en Chile representa una vía distinta de salida del poder autoritario. Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, lideró una dictadura militar durante 17 años marcada por severas violaciones de derechos humanos y reformas neoliberales.

En un plebiscito nacional celebrado el 5 de octubre de 1988, la opción «No», que rechazaba la continuación de su mandato, triunfó y condujo a la convocatoria de elecciones democráticas que pusieron fin a su gobierno en 1990. Aunque no fue derrocado violentamente ni capturado, su salida del poder mediante un mecanismo electoral es un caso notable de transición negociada.

La detención de Nicolás Maduro en 2026 sitúa a Venezuela en este amplio registro histórico de dictadores que pierden el poder, ya sea por procesos internos de insurrección, golpes militares, invasiones extranjeras o mecanismos constitucionales.

Cada uno de estos casos ofrece lecciones sobre las tensiones entre soberanía, justicia, legitimidad y el fin de los regímenes autoritarios. La historia ha mostrado que, tarde o temprano, los sistemas que concentran el poder sin contrapesos institucionales suelen enfrentar límites dramáticos —sea por la fuerza de la protesta popular, la intervención de actores externos o, en algunos casos, por decisiones colectivas de sus propias sociedades.

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