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Estudio de Universidad de Antioquia cuestiona cifras del Dane: Colombia habría perdido 170.000 empleos

En entredicho información estadística sobre trabajo en el país.

Universidad de Antioquia y Dane
Por Agencia Periodismo Investigativo | Lun, 15/06/2026 - 19:53 Créditos: Universidad de Antioquia y DANE. UdeA, DANE.

Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Antioquia (UdeA) puso sobre la mesa un debate sobre la precisión de las estadísticas laborales que actualmente sirven como referencia para evaluar el comportamiento del mercado de trabajo en Colombia.

El análisis concluyó que existe una diferencia sustancial entre los datos de empleo formal divulgados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y los registros administrativos de aportes a la seguridad social administrados por la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales (UGPP).

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La investigación sostiene que mientras las cifras oficiales indican la creación de aproximadamente 814.000 empleos formales durante el último año, los registros de cotización a seguridad social muestran un resultado contrario.

Según los hallazgos del estudio, en lugar de registrarse un incremento en los puestos de trabajo formales, el país habría experimentado una reducción superior a los 170.000 empleos en el mismo período.

El documento fue titulado ¿Tenemos más o menos formalidad laboral? La historia con las cifras del DANE versus los registros de pago de seguridad social y fue desarrollado por Edwin Esteban Torres Gómez, doctor en Economía e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia, junto con el Grupo de Investigaciones de Macroeconomía Aplicada de la institución.

El propósito central de la investigación fue confrontar dos fuentes de información utilizadas para medir el comportamiento del empleo formal en Colombia.

Por una parte, se analizaron los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), instrumento estadístico mediante el cual el Dane calcula indicadores como ocupación, desempleo e informalidad laboral.

Por otra, se revisaron los registros administrativos de la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA), sistema que consolida los pagos realizados a salud, pensión y demás componentes de la seguridad social por parte de trabajadores y empleadores.

Los investigadores partieron de la premisa de que ambas fuentes deberían reflejar tendencias similares sobre el comportamiento del empleo formal. Sin embargo, al realizar la comparación encontraron diferencias que, según el estudio, se han ampliado de manera progresiva desde mediados de 2024.

De acuerdo con las cifras divulgadas por el Dane, el mercado laboral colombiano ha mostrado señales de recuperación durante los últimos meses.

Los reportes oficiales indican una reducción de la tasa de desempleo, así como una disminución de la informalidad laboral. En el período analizado, el indicador de informalidad pasó de 56,8% a 55,3%, mientras que el empleo formal registró una tendencia ascendente.

No obstante, la revisión de los datos contenidos en la PILA llevó a los investigadores a una conclusión diferente. Según los registros de aportes a la seguridad social, el número de afiliados vinculados al empleo formal ha mostrado un proceso de desaceleración y posteriormente una disminución.

El estudio señala que para febrero de 2026 los registros administrativos reflejaban una caída anual de 1,35% en las afiliaciones asociadas al empleo formal.

El profesor Edwin Esteban Torres explicó a El Colombiano que la investigación surgió a partir de una aparente contradicción entre la evolución de la economía colombiana y las cifras laborales divulgadas oficialmente.

Según indicó, llamó la atención que el crecimiento económico permaneciera en niveles reducidos mientras los indicadores laborales reportaban aumentos significativos en la ocupación y descensos pronunciados en el desempleo.

Desde la perspectiva económica, esta situación parecía apartarse de los patrones históricamente observados. Torres señaló que tradicionalmente existe una relación entre el crecimiento de la actividad económica y la generación de empleo, conocida como la Ley de Okun, según la cual una economía con bajo dinamismo difícilmente puede registrar aumentos acelerados en la ocupación.

Ante esa discrepancia, el grupo investigador decidió contrastar los resultados de las encuestas laborales con los registros administrativos disponibles.

El análisis concluyó que las divergencias entre ambas mediciones comenzaron a hacerse más evidentes a partir de junio de 2024.

Mientras las estadísticas oficiales continuaban mostrando incrementos en el empleo formal, los registros de seguridad social empezaron a reflejar un deterioro gradual en el número de trabajadores que realizaban aportes.

Según los cálculos de la investigación, entre 2022 y febrero de 2026 el empleo formal medido por el Dane presentó tasas de crecimiento cercanas al 4,6%.

En contraste, los registros administrativos mostraban aumentos de apenas 0,9 %.
Los investigadores también realizaron comparaciones utilizando una definición de empleo formal más cercana a la aplicada por el Dane, considerando trabajadores ocupados que realizan cotizaciones a salud y pensión.

Aun bajo ese criterio, las diferencias persistieron. En ese escenario, el Dane reportaba un crecimiento del 3,1 %, mientras los registros administrativos continuaban ubicándose alrededor del 0,9%.

El profesor Torres manifestó que el grupo esperaba encontrar algunas diferencias entre ambas fuentes, pero no de la magnitud observada durante el estudio.

Uno de los casos expuestos en la investigación corresponde a febrero de 2026. Para ese mes, las cifras oficiales señalaban un crecimiento anual de 8,2% en el empleo formal. Sin embargo, los registros de la PILA reflejaban una reducción cercana al 1,3%.

La diferencia entre ambos resultados se convirtió en uno de los principales argumentos utilizados por los investigadores para cuestionar la consistencia de las mediciones.

Consultado sobre la naturaleza de la diferencia encontrada, Torres afirmó que se trata de un error que no puede ser explicado únicamente por fluctuaciones estadísticas normales.

El académico aclaró que no atribuye motivaciones políticas a los resultados del Dane y reconoció la trayectoria técnica de la entidad. Sin embargo, sostuvo que las discrepancias identificadas superan los márgenes que normalmente podrían considerarse atribuibles al error estadístico.

Asimismo, explicó que la metodología de la encuesta laboral no ha experimentado modificaciones sustanciales durante el período analizado, por lo que, a su juicio, los resultados no pueden justificarse por cambios metodológicos recientes.

Uno de los aspectos que más preocupa a los autores del estudio tiene relación con el uso de las estadísticas laborales en la formulación de políticas públicas.

Los datos sobre empleo, desempleo e informalidad son utilizados por entidades gubernamentales para diseñar programas, establecer prioridades presupuestales y evaluar el impacto de distintas estrategias económicas.

En ese contexto, Torres advirtió que una sobreestimación del empleo formal podría conducir a diagnósticos equivocados sobre la situación real del mercado laboral colombiano.

El investigador también señaló que las diferencias podrían tener efectos sobre otros indicadores económicos y sociales, entre ellos las mediciones de pobreza monetaria, que utilizan información relacionada con ingresos laborales.

Frente a los cuestionamientos, el Dane respondió públicamente a través de la red social X, en una interacción relacionada con una publicación del programa Nos cogió la noche.

La entidad rechazó que exista una inconsistencia estadística en sus mediciones y sostuvo que las diferencias observadas obedecen a la naturaleza distinta de las fuentes de información utilizadas.

Según explicó el organismo, las estadísticas laborales colombianas son construidas bajo estándares internacionales definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las Naciones Unidas, lo que permite garantizar comparabilidad con otros países y coherencia metodológica.

El Dane indicó que las encuestas de hogares y los registros administrativos tienen objetivos diferentes, cubren universos poblacionales distintos y fueron diseñados para finalidades específicas. Por esa razón, sostuvo que sus resultados no pueden compararse de manera directa.

La entidad también recordó que la medición oficial de la informalidad laboral incorpora variables adicionales que no están presentes en los registros de aportes a seguridad social, como las características empresariales de las unidades productivas, la existencia de contabilidad organizada y la situación de trabajadores independientes o asalariados que no realizan cotizaciones.

Finalmente, el organismo señaló que el debate académico es legítimo y necesario, aunque insistió en que las cifras deben interpretarse dentro de su respectivo contexto metodológico para evitar conclusiones que puedan afectar la confianza en las estadísticas oficiales.

La discusión sobre las cifras de empleo no constituye el único episodio reciente en el que indicadores producidos por el Dane han sido objeto de cuestionamientos.

Uno de los antecedentes más recientes ocurrió con las cifras de pobreza monetaria correspondientes a 2023 y divulgadas durante 2024. Inicialmente, la entidad informó que el indicador se había reducido hasta 33%.

Posteriormente, tras realizar ajustes en la base de datos utilizada para el cálculo, corrigió el resultado y lo ubicó en 34,6%.

La modificación generó críticas debido a que la publicación inicial se produjo pocos días antes de la instalación de una nueva legislatura en el Congreso el 20 de julio de 2024.

El Dane negó que existieran consideraciones políticas detrás de la corrección y explicó que el cambio obedeció exclusivamente a ajustes técnicos.

Otro episodio se presentó a finales de 2024, cuando organizaciones empresariales y centros de análisis económico expresaron dudas sobre las cifras de productividad divulgadas por la entidad.

Gremios y centros de estudios, entre ellos la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) y Fedesarrollo, señalaron que los resultados parecían no corresponder con el comportamiento general de la economía.

Las observaciones surgieron porque, mientras el Dane reportaba incrementos superiores al 3 % en productividad laboral y una variación de 1,73% en la Productividad Total de los Factores, el crecimiento del producto interno bruto (PIB) se ubicaba alrededor de 1,6%.

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