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Joven de 26 años murió tras someterse a un tatuaje durante tres días en Medellín, familia pide justicia

Estas las razones médicas de su fallecimiento. Autoridades investigan el caso.

Juan Felipe Palacio Vélez murió tras someterse a un tatuaje
Por Agencia Periodismo Investigativo | Sáb, 29/08/2026 - 14:05 Créditos: Juan Felipe Palacio Vélez murió tras someterse a un tatuaje. Redes sociales y Pexels.

Juan Felipe Palacio Vélez, un joven de 26 años, murió en Medellín después de permanecer hospitalizado con un choque séptico, una falla multisistémica y afectaciones neurológicas y renales, días después de someterse a varias jornadas de tatuaje en una pierna durante Expotatuaje. Hoy más tres meses después de su deceso, su familia recuerda el caso, al tiempo que pide justicia a las autoridades para que la muerte no quede en la impunidad.

Sus familiares buscas también que la Fiscalía determine las circunstancias en las que adquirió la bacteria que desencadenó su deterioro y posterior fallecimiento.

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Todo comenzó el pasado viernes 8 de mayo, Juan Felipe salió de su vivienda, ubicada en el barrio La Loma del Indio, en Medellín, para asistir al encuentro de tatuadores. Su propósito era someterse a un procedimiento que abarcaría desde el tobillo hasta la parte superior de una de sus piernas.

El joven había comentado a personas cercanas que serviría como “lienzo” para un tatuador venezolano que participa como jurado y expositor en ferias de tatuajes realizadas en diferentes lugares de Colombia, entre ellos Soatá, Boyacá; Ipiales, Nariño, y Bosconia, Cesar.

Juan Felipe acudió al evento con pantaloneta, camiseta y tenis.

El procedimiento requería permanecer durante varias horas acostado en una camilla mientras las agujas introducían pigmentos de diferentes colores en la piel de su pierna.

La intervención no terminó ese viernes. El proceso continuó el sábado 9 de mayo y se extendió hasta el domingo. Juan Felipe decidió acudir solo a las jornadas para evitar que algún familiar o conocido tuviera que acompañarlo durante las horas que permanecía en la camilla.

El diseño elegido era un mago barbado elaborado con tonos blancos, negros, rojos, amarillos y magentas. Varios de sus amigos lo encontraron durante el evento mientras permanecía acostado y el tatuador trabajaba sobre la pierna.

Después de terminar la última jornada, el domingo, Día de la Madre, Juan Felipe regresó a su vivienda. Llegó tarde, entró a su habitación y permaneció allí. Se sentía cansado, pero inicialmente no consideró que se tratara de una situación fuera de lo habitual.

Sus familiares señalaron que Juan Felipe ya tenía experiencia con este tipo de procedimientos. En años anteriores se había realizado tatuajes en el cuello, uno de sus brazos y otras partes del cuerpo, por lo que el malestar posterior al procedimiento no generó inicialmente una alarma.

El lunes, su madre, la fiscal Alexandra Vélez, ingresó a la habitación para saber cómo se encontraba. Juan Felipe le pidió que lo dejara descansar porque se sentía indispuesto. Él atribuyó el malestar al procedimiento realizado durante los días anteriores.

Con el paso de las horas, su estado comenzó a preocupar a la familia. Durante la noche, Alexandra Vélez comprobó que su hijo tenía fiebre y le propuso llevarlo a un servicio de urgencias.

“Por la noche lo toco y tiene fiebre; le digo: ‘Papi, vamos ya para urgencias que tenés fiebre’. Me dijo: ‘No, mamá, eso es normal, es un tatuaje muy invasivo, es toda la pierna’”, relató la mujer.

La madre intentó reducirle la temperatura mientras Juan Felipe insistía en que necesitaba dormir debido al agotamiento que sentía.

“Le bajé la fiebre con agüita, vinagre, lo envolví en una toalla y me dijo: ‘Mamá, déjame dormir que estoy muy cansado, muy cansado’”, recordó Alexandra Vélez.

El martes, la situación continuó. Mientras se encontraba trabajando, la madre volvió a comunicarse con su hijo para preguntarle cómo se sentía. La respuesta la llevó a terminar antes su jornada laboral y regresar a la vivienda para verificar personalmente su estado.

Hacia las 4:00 de la tarde llegó a la casa. Juan Felipe volvió a manifestarle que estaba cansado y sin fuerzas.
“Mamá, estoy como tan cansado, tan desalentado”, le respondió.

Ante el deterioro que observaba, Alexandra Vélez llamó a Manuela, su hija mayor, para pedirle ayuda y trasladar a Juan Felipe a un centro asistencial. La madre comenzó a ayudarlo a vestirse y trató de ponerle una pantaloneta. Cuando el joven intentó ponerse de pie, cayó al suelo.

“No fue capaz de pararse, él se cayó; le dije: ‘No, Juan, no te parés; estás muy desalentado’”, contó.

Debido a que temía volver a caer, Juan Felipe decidió desplazarse por el piso para intentar llegar hasta el primer nivel de la vivienda. Comenzó a arrastrarse y alcanzó las escaleras, pero cuando trataba de bajar perdió el conocimiento.

“Él dijo que se iba a ir deslizando a través del suelo para bajar al primer piso, porque le daba miedo volverse a caer. Se fue arrastrado, y cuando empezó a bajar la primera escala, se desvaneció. Yo pensé: ‘Se desmayó’, pero jamás me imaginé que estaba muerto”, relató su madre.

Pocos minutos después llegó Manuela, hermana de Juan Felipe, quien había estudiado Atención Prehospitalaria. Al observar el estado de su hermano, buscó apoyo de una vecina que trabaja como enfermera y solicitó una ambulancia a través de la línea 123.

Mientras esperaban la llegada de los organismos de emergencia comprobaron que Juan Felipe no presentaba signos vitales. Inmediatamente comenzaron las maniobras de primeros auxilios.

Según Manuela, realizaron masaje torácico, respiración boca a boca e intentaron reanimarlo durante aproximadamente 15 minutos. Posteriormente llegaron dos ambulancias y el personal asistencial continuó con las maniobras.

Los equipos de emergencia consiguieron trasladarlo con vida hasta el Hospital General de Medellín, donde fue recibido por el personal médico.

Después de las primeras valoraciones, un médico informó a la familia sobre la condición en la que se encontraba Juan Felipe. De acuerdo con el relato de Alexandra Vélez, los profesionales le indicaron que el joven presentaba muerte cerebral, una infección bacteriana, alteraciones en la pierna intervenida, compromiso de la otra extremidad y falla renal aguda.

“Me dio el diagnóstico más terrible: no hay nada que hacer, él tiene muerte cerebral, tiene una infección por una bacteria; mire cómo tiene la pierna, tiene ampollas, la tiene colorada, la infección ya le cogió la otra pierna; tiene falla renal aguda. Está anúrico, vamos a hacerle una tomografía, pero no responde a los estímulos neurológicos; su fallecimiento será en las próximas horas”, recordó la madre.

Juan Felipe permaneció bajo atención médica mientras los profesionales realizaron los procedimientos correspondientes. Según la versión entregada por su madre, los médicos administraron antibióticos ante el cuadro infeccioso que presentaba.

El miércoles 13 de mayo, a las 7:30 de la mañana, Juan Felipe dejó de respirar y murió. Su madre aseguró que recibió información médica según la cual el joven había sufrido una infección asociada a un estafilococo aureus.

“Eso fue una pesadilla. Le hicieron todas las maniobras, pero él dejó de respirar al día siguiente, el miércoles 13 de mayo, a las 7:30 a. m. Me dijeron que fue una bacteria, un estafilococo, un aureus, que es la que más daño hace; cuando llega allá con ese cuadro, lo primero que hace el hospital es ponerle antibióticos, pero cuando le hacen el cultivo, ya no hay bacteria, porque se lo hacen después, cuando fallece. La causa de la muerte en la historia clínica es choque séptico por una estafilocoxemia”, manifestó Alexandra Vélez.

De acuerdo con lo relatado por la familia, la infección comprometió el cerebro y los riñones y produjo una falla multisistémica que terminó con la muerte del joven.
Tras el fallecimiento, Juan Felipe fue cremado. Su familia inició acciones para buscar respuestas sobre lo ocurrido y establecer las condiciones en las que se desarrolló el procedimiento al que se sometió durante los tres días anteriores al comienzo de los síntomas.

Los familiares intentaron comunicarse con el tatuador que realizó el trabajo, pero señalaron que no lograron obtener respuesta. También buscaron información de los organizadores de Expotatuaje mediante un derecho de petición, sin conseguir las respuestas que esperaban.

Manuela posteriormente presentó otro derecho de petición ante la Alcaldía de Medellín para conocer cuáles habían sido los controles realizados durante el encuentro y qué disposiciones sanitarias se aplicaron.

Una de las preguntas estaba relacionada con la existencia de un concepto sanitario para autorizar la realización del evento. La administración municipal explicó en su respuesta que la Secretaría de Salud no expide conceptos sanitarios previos para este tipo de actividades.

“La Secretaría de Salud no emite conceptos sanitarios previos para la realización de eventos. En el marco de sus competencias de Inspección, Vigilancia y Control -IVC-, hace visitas sanitarias durante los eventos, de manera aleatoria y sin previo aviso”, indicó la Alcaldía.

La entidad señaló que el 8 de mayo se efectuó una visita al evento. Sin embargo, precisó que la inspección tuvo como propósito verificar las condiciones generales del montaje y revisar los establecimientos destinados a la venta de alimentos y bebidas.

Según la respuesta entregada a la familia, la visita se realizó “con el fin de verificar las condiciones generales del montaje y efectuar la revisión exclusivamente de los puntos de venta de alimentos y bebidas instalados para su desarrollo”.

Otro de los asuntos planteados por los familiares está relacionado con las normas aplicables a las agujas, tintas y demás elementos empleados para realizar tatuajes.

En su contestación, la Alcaldía señaló que existe un vacío normativo respecto de las labores de inspección, vigilancia y control sobre los establecimientos dedicados a esta actividad.

Explicó que la Ley 715 de 2001 y la Resolución 2263 de 2004 no se aplican a estos establecimientos y que existen disposiciones relacionadas con bioseguridad y manejo de residuos.

“Es pertinente indicar que existe un vacío normativo en relación con la IVC de los establecimientos dedicados a tatuajes, puesto que, tanto la Ley 715 de 2001 como la Resolución 2263 de 2004, no son aplicables a estas actividades comerciales; únicamente les aplica la normativa de bioseguridad y de manejo de residuos.

Las tintas no tienen reglamentación y las agujas son consideradas dispositivos médicos y deben tener registro sanitario del Invima”, respondió la administración municipal.

A partir de estas respuestas, los familiares de Juan Felipe han solicitado a diferentes congresistas promover una legislación que establezca mayores disposiciones para esta actividad.

El caso de Juan Felipe es investigado por presunto homicidio culposo. La familia también ha hecho referencia al caso de Yenifer García Valencia, una mujer de 33 años que murió en Bogotá después de que el 15 de agosto se le aplicara anestesia para soportar un procedimiento de tatuaje.

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