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Iván mordisco: el cabecilla de las disidencias que lidera la expansión armada en medio de la ‘paz total’
De dado por muerto a líder del emc: así creció el poder de ‘Mordisco’ mientras se recrudece la violencia.
En medio de la actual ola de violencia en el suroccidente del país, el nombre de alias Iván mordisco vuelve a ocupar el centro del escenario. Detrás de los ataques, las autoridades identifican el accionar de Néstor Gregorio Vera Fernández, cabecilla del estado mayor central (EMC) de las disidencias de las Farc, una de las estructuras armadas más fuertes del país.
Mordisco, por quien se ofrece una recompensa de más de $5.000 millones, fue comandante de un frente del bloque oriental de las antiguas Farc y es considerado, en la práctica, el primer disidente de alto perfil tras el acuerdo de paz. Nunca firmó lo pactado en el Teatro Colón y desde entonces se mantuvo en armas, consolidando una estructura propia.
A ese mismo territorio llegó alias Gentil Duarte, quien intentó sin éxito convencerlo de negociar. Tras su muerte en Venezuela —en hechos que aún no han sido esclarecidos—, mordisco asumió el liderazgo de estas estructuras, consolidándose como el principal jefe de las disidencias.
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Durante el gobierno de Iván Duque, mordisco fue reportado oficialmente como muerto luego de una operación militar. Sin embargo, reapareció, desmintiendo esa versión y manteniendo su influencia en zonas estratégicas, especialmente en los Llanos Orientales y corredores clave para economías ilegales.
Con la llegada del presidente Gustavo Petro y la implementación de la política de ‘paz total’, el escenario cambió. Esta estrategia abrió espacios de interlocución con grupos armados ilegales, incluyendo facciones del EMC, lo que modificó la dinámica del conflicto y su visibilidad política.
Uno de los puntos de inflexión fue el reconocimiento público de estructuras armadas en eventos realizados en los Llanos del Yarí. Desde distintos sectores se ha señalado que estas decisiones facilitaron la federación de varias facciones, su coordinación territorial y su presentación como una organización con vocería nacional, aumentando su capacidad de articulación.
Las cifras reflejan esa expansión. Según la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), en 2019 el grupo de Gentil Duarte tenía presencia en cerca de 50 municipios; tras la pandemia pasó a 118 y, para 2025, bajo la sombrilla del EMC, alcanzó los 127 municipios. Analistas señalan que este crecimiento coincidió con la apertura de la política de ‘paz total’, que permitió su reorganización.
Para Laura Bonilla, subdirectora de Pares, los enfoques de seguridad han cambiado en discurso, pero no en práctica. “Los dos gobiernos han modificado el nombre de la política de seguridad, pero las operaciones siguen siendo similares, basadas en la militarización y con poco énfasis en la prevención. Además, hay una fijación en capturas de alto nivel que no impactan tanto a estos grupos”, advirtió.
Hoy, las estructuras más fuertes del EMC delinquen en Cauca, Nariño y Valle del Cauca, territorios donde el acceso a economías ilegales —especialmente el narcotráfico— ha fortalecido su capacidad armada. Esa capacidad se ha evidenciado en recientes ataques con explosivos, uso de drones y hostigamientos simultáneos en varias zonas del suroccidente del país.
En este contexto, alias Iván mordisco se mantiene como una figura clave del conflicto armado actual y uno de los principales desafíos para la seguridad y la política de paz en Colombia.
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