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Exitoso Festival de Empleabilidad en Cundinamarca: más empleo para la gente en la región
Gobernador Jorge Rey convirtió la búsqueda de trabajo en un encuentro de oportunidades reales.
Desde antes de que el reloj marcara las ocho de la mañana, la Plazoleta de la Paz ya no era un lugar de tránsito habitual en la sede de la Gobernación de Cundinamarca.
Era, más bien, un punto de convergencia silencioso pero cargado de expectativa: filas organizadas de jóvenes con carpetas bajo el brazo, madres con hojas de vida cuidadosamente dobladas, técnicos, profesionales y bachilleres que llegaban con una misma intención —encontrar una oportunidad laboral que no siempre aparece en los portales digitales—.
El Festival de Empleabilidad promovido por el gobernador Jorge Rey no se limitó a ser una feria más. Desde el diseño mismo del evento se planteó como un escenario distinto: uno en el que la empleabilidad no se entendiera únicamente como la oferta de vacantes, sino como un proceso integral que comienza en la preparación del perfil y termina en la posibilidad real de vinculación laboral.
“Cerramos el Festival de Empleabilidad con 6.000 asistentes, más de 50 empresas participantes y 15.196 aplicaciones. Este ejercicio permitió conectar de manera directa el talento humano del departamento y la capital del país con el sector productivo.

Durante la jornada alcanzamos 386 vinculaciones efectivas –contrato firmado– y 443 personas en etapa final de selección, entre entrevistas y exámenes médicos, sumado a las cerca de 3.500 que continuarán en ruta de vinculación.
También fortalecimos la empleabilidad con servicios complementarios, más de 600 ciudadanos atendidos en el Centro de Empleo y 300 pruebas psicotécnicas y de inglés realizadas, mejorando perfiles y condiciones de acceso al trabajo formal”; señaló Rey.
A lo largo del día, los pasillos improvisados entre carpas y stands se transformaron en corredores de diálogo directo entre empresas y aspirantes. No había intermediarios.
Cada conversación, cada entrevista rápida, cada revisión de hoja de vida tenía el peso de una oportunidad concreta.
Las empresas —provenientes de sectores como logística, servicios, comercio, producción e infraestructura— ofrecían más de 4.500 vacantes activas, ampliando el espectro de posibilidades para perfiles diversos, desde quienes buscan su primer empleo hasta quienes intentan reinsertarse en el mercado laboral.
Pero el movimiento no se reducía a la entrega de documentos. En distintos puntos del recinto se desarrollaban sesiones de orientación laboral, asesorías personalizadas para mejorar hojas de vida y pruebas de inglés dirigidas especialmente a quienes aspiraban a cargos en multinacionales o sectores bilingües.
Esa combinación de servicios convirtió la jornada en un espacio de formación en tiempo real, donde el candidato no solo postulaba, sino que ajustaba su perfil en función de las exigencias actuales del mercado.
El evento también reflejó una apuesta institucional más amplia. La Gobernación articuló esfuerzos con entidades como el Sena, Colsubsidio y plataformas de empleo, integrando herramientas que buscan cerrar brechas entre la oferta laboral y las capacidades de los aspirantes.
Esa articulación permitió que la jornada trascendiera el carácter puntual de una feria y se consolidara como parte de una estrategia sostenida para dinamizar el empleo en el departamento.

En medio del flujo constante de personas, el ambiente no era únicamente de búsqueda, sino también de expectativa colectiva. Cada entrevista breve —muchas de ellas de no más de diez minutos— podía convertirse en una puerta de entrada a un proceso de selección.
La inmediatez del contacto directo con reclutadores rompía con la distancia habitual de los procesos digitales, donde las hojas de vida suelen perderse en sistemas automatizados.
La jornada también incluyó un componente social que desbordó el objetivo estrictamente laboral. La presencia de mercados campesinos y espacios de integración económica local evidenció un enfoque más amplio: el de conectar empleo con desarrollo territorial.
La escena de productores rurales compartiendo espacio con grandes empresas sintetizaba una visión de economía que intenta integrar distintos niveles productivos en un mismo escenario
No era la primera vez que el departamento organizaba este tipo de iniciativas, pero sí una de las más masivas. Experiencias previas ya habían demostrado resultados concretos, con miles de hojas de vida recibidas en jornadas similares y procesos de contratación iniciados directamente en estos espacios
Sin embargo, esta edición elevó la escala tanto en participación como en impacto, reflejado en las más de 15.000 aplicaciones registradas durante el evento.
En el trasfondo de la jornada se percibía un elemento estructural: la necesidad de empleo en una región que, pese a su cercanía con Bogotá, enfrenta desafíos propios en materia de acceso laboral.
El Festival de Empleabilidad operó así como una respuesta institucional que busca reducir esa brecha mediante encuentros directos entre oferta y demanda.
Al cierre del día, cuando los stands comenzaban a desmontarse y los asistentes abandonaban el lugar con carpetas más ligeras pero con nuevas expectativas, quedaba la sensación de haber participado en algo más que una feria.
Lo que ocurrió en la Plazoleta de la Paz fue, en esencia, un ejercicio de conexión humana en torno al trabajo: un espacio donde miles de historias individuales —de búsqueda, necesidad y esperanza— coincidieron en un mismo punto, impulsadas por una política pública que apuesta por convertir la empleabilidad en un proceso tangible y accesible.
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