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Francia caos y destrucción: 1.800 detenidos y 1.500 comercios afectados por incendios, saqueos y vandalismo
Encapuchados incendiaron edificios y destruyeron bienes públicos. Milán en Italia también en destrucción.
Francia amaneció este domingo con comercios saqueados, edificios públicos incendiados, vehículos destruidos, monumentos afectados y más de 1.800 detenidos tras la jornada de disturbios registrada el sábado en París y otras ciudades del país.
Los actos de vandalismo, los enfrentamientos con la Policía y los ataques contra establecimientos comerciales dejaron daños cuya magnitud todavía está siendo evaluada por las autoridades.
La violencia también se registró en Milán, Italia, donde grupos de encapuchados atacaron negocios, levantaron barricadas incendiarias y se enfrentaron con las fuerzas de seguridad.
Los primeros balances difundidos durante la jornada del domingo sitúan en más de 1.500 los establecimientos comerciales saqueados o destruidos en territorio francés, mientras que otros reportes registran cerca de 500 policías heridos.
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La destrucción alcanzó a París, Marsella, Lyon, Lille, Limoges, Burdeos y otras localidades. En la capital francesa, grupos de personas rompieron vitrinas, forzaron persianas metálicas, ingresaron a establecimientos comerciales y sustrajeron mercancías.
También incendiaron automóviles, bicicletas, contenedores de basura y barricadas construidas con elementos del mobiliario urbano. En otras ciudades, los ataques estuvieron dirigidos contra ayuntamientos, instalaciones policiales y dependencias administrativas.
Uno de los hechos más graves ocurrió en Limoges, donde el Ayuntamiento, un edificio histórico del siglo XIX, fue incendiado durante los disturbios.
El inmueble, reconocido por su valor patrimonial, sufrió daños de consideración después de que las llamas alcanzaran parte de sus instalaciones. El ataque afectó una de las principales construcciones institucionales de la ciudad y obligó a intervenir a los servicios de emergencia.
En París, los incidentes se extendieron por sectores comerciales y turísticos, entre ellos los alrededores de la plaza de la República, la plaza de la Madeleine, la plaza de la Concordia y varias calles próximas a la Ópera.
Los grupos que participaron en los saqueos aprovecharon los desplazamientos de las unidades antidisturbios para atacar establecimientos situados en diferentes puntos de la ciudad.
Entre los negocios afectados se encuentran tiendas de Kenzo, Salomon, Arc'teryx y Céline. En algunos establecimientos fueron destruidos los escaparates y sustraídos productos de sus estanterías.
Los ataques también alcanzaron supermercados, comercios de artículos deportivos, establecimientos de compraventa de oro y locales de apuestas. La rotura de vidrios, los daños en cerramientos y los restos de barricadas incendiadas quedaron distribuidos por varias calles de la margen derecha del Sena.
En algunos sectores, los responsables de los saqueos utilizaron piezas arrancadas del mobiliario urbano para golpear vitrinas y persianas de seguridad. La destrucción de los accesos permitió que varias personas ingresaran simultáneamente a los negocios y retiraran mercancías. Los hurtos se produjeron mientras continuaban los enfrentamientos con las unidades policiales encargadas de contener los disturbios.
Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos, vehículos con cañones de agua y unidades motorizadas para dispersar a los grupos que atacaban establecimientos y levantaban barricadas.
La concentración de incidentes en diferentes puntos de París obligó a movilizar efectivos entre los sectores afectados. En los alrededores de la plaza de la Concordia se registraron lanzamientos de piedras, botellas y otros objetos contra los agentes.
El centro de Marsella también sufrió ataques contra instalaciones públicas. Un grupo de encapuchados intentó ingresar en una comisaría y posteriormente irrumpió en el Ayuntamiento, donde ocasionó destrozos en diferentes espacios.
Durante los hechos fue derribada una estatua de Marianne, figura que representa a la República Francesa. El daño a este símbolo se sumó a la destrucción del mobiliario y de otros elementos del edificio municipal.
En Lyon, los disturbios alcanzaron la oficina de turismo situada en la plaza Bellecour, donde se registró un incendio. En Lille también se denunciaron ataques contra instalaciones municipales, mientras que en Burdeos se reportó el saqueo de la residencia oficial de la prefecta. Los hechos incluyeron daños a edificios administrativos y establecimientos comerciales.
La violencia se produjo durante una jornada nacional de movilizaciones convocadas inicialmente por reclamaciones relacionadas con el costo de vida, las condiciones de la educación pública y el funcionamiento de los servicios estatales.
Las protestas reunieron a estudiantes, sindicatos, trabajadores, jubilados y participantes vinculados con el movimiento de los chalecos amarillos, surgido en Francia en 2018.
El Ministerio del Interior francés, encabezado por Laurent Nuñez, calculó una participación aproximada de 550.000 personas, mientras que los organizadores elevaron la estimación a 800.000 asistentes.
No todos los participantes estuvieron involucrados en los disturbios. Durante la jornada se desarrollaron marchas pacíficas, al mismo tiempo que grupos organizados protagonizaron enfrentamientos, incendios y saqueos.
El Gobierno francés atribuyó parte de los ataques a grupos radicalizados de ultraizquierda. Esa identificación corresponde a la posición de las autoridades y no constituye, por sí sola, una determinación judicial sobre la responsabilidad individual de los detenidos.
El balance de arrestos divulgado el domingo supera las 1.800 personas, de las cuales alrededor de 855 fueron detenidas en París, según los recuentos difundidos hasta ese momento.
El presidente Emmanuel Macron condenó los hechos de violencia y anunció una respuesta institucional frente a los ataques contra personas, bienes públicos y establecimientos privados.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, inició la coordinación de la evaluación de los daños y de las actuaciones correspondientes a las ciudades afectadas.
En Milán, la jornada del sábado 17 de octubre terminó igualmente con saqueos, incendios y enfrentamientos entre encapuchados y agentes antidisturbios.
Los hechos se concentraron en los alrededores de la plaza del Duomo y el corredor comercial de Corso Vittorio Emanuele, uno de los sectores de mayor actividad comercial y turística de la ciudad italiana.
Durante los disturbios fueron atacados establecimientos de Nike, Foot Locker y La Rinascente. En el caso de Foot Locker, los responsables rompieron la vitrina e ingresaron al establecimiento para sustraer mercancías.
También se registraron daños en otros locales de la zona comercial. La agencia italiana ANSA confirmó los ataques contra estos establecimientos, aunque no publicó un inventario definitivo de negocios saqueados.
Los enfrentamientos se produjeron durante una movilización denominada “Italia in piazza”, convocada por motivos relacionados con el costo de vida y los conflictos internacionales.
Grupos de encapuchados lanzaron piedras, adoquines y otros objetos contra las unidades policiales. También levantaron barricadas con mesas retiradas de establecimientos de hostelería y les prendieron fuego.
La violencia obligó a evacuar sectores de la plaza del Duomo y de una galería comercial frecuentada por residentes y turistas. Las fuerzas de seguridad utilizaron cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a los participantes en los enfrentamientos. Un vehículo de los Carabineros resultó seriamente dañado durante los incidentes.
Los primeros reportes sobre Milán señalaron aproximadamente 50 personas detenidas, entre ellas varios menores de edad, y al menos dos agentes heridos.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, condenó los ataques contra las fuerzas de seguridad y los daños ocasionados a la ciudad. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, también rechazó los actos violentos y la destrucción de bienes públicos y privados.
Aunque los disturbios de Milán coincidieron con los registrados en Francia, hasta el momento no se ha establecido que ambas movilizaciones formaran parte de una operación coordinada ni que los responsables de los ataques actuaran bajo una misma organización.
En Francia, el balance económico continúa pendiente de la evaluación de las aseguradoras, los comerciantes y las administraciones locales. Tampoco se ha divulgado un inventario nacional definitivo de vehículos incendiados, edificios públicos afectados, monumentos destruidos o pérdidas económicas.
La información disponible permite identificar daños en el Ayuntamiento de Limoges, instalaciones municipales de Marsella, la oficina de turismo de Lyon y numerosos establecimientos comerciales de París, entre otros lugares.
Los hechos registrados incluyen conductas que pueden constituir delitos de hurto, daño en bien ajeno, incendio provocado, violencia contra funcionarios y destrucción de patrimonio público.
Sin embargo, no se ha identificado una calificación judicial general de terrorismo para los disturbios, por lo que los ataques no pueden presentarse como delitos terroristas acreditados.
El balance de este domingo deja a Francia con centenares de personas afectadas por los enfrentamientos, miles de intervenciones policiales, numerosos establecimientos comerciales atacados y edificios institucionales dañados.
Las autoridades continúan con la identificación de los responsables, la evaluación de las pérdidas y las actuaciones judiciales relacionadas con los incendios, saqueos y agresiones cometidos durante la jornada del sábado.
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