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The Economist alerta: Colombia produce cerca del 70 % de la cocaína del mundo
El narcótico habría desplazado al petróleo entre las principales exportaciones del país.
Colombia se mantiene como el principal productor de cocaína del mundo y sería responsable de cerca del 70 % de esta sustancia que llega a los mercados internacionales, según un análisis publicado por The Economist, que además señala que desde 2024 el negocio de esta droga habría alcanzado un peso económico que le permitió desplazar al petróleo como uno de los principales productos de exportación del país.
La publicación británica examinó la dimensión que ha adquirido el narcotráfico colombiano y estimó que aproximadamente siete de cada diez dosis de cocaína comercializadas en el mercado mundial tendrían su origen en Colombia.
La cifra refleja el volumen alcanzado por una actividad ilegal que durante décadas ha mantenido al país como uno de los principales centros de producción de esta droga.
De acuerdo con The Economist, la expansión del negocio también se evidencia en el valor económico que estaría generando.
El medio sostiene que, desde 2024, la cocaína habría desplazado al petróleo como uno de los principales productos de exportación de Colombia, situación relacionada con el tamaño de las cadenas de producción y distribución que mantienen las organizaciones dedicadas al narcotráfico.
La producción de cocaína está vinculada, además, con las disputas que mantienen grupos armados y organizaciones criminales por el control de territorios utilizados para los cultivos ilícitos, el procesamiento de la droga y su posterior traslado hacia otros países.
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Estas estructuras buscan mantener el dominio sobre corredores, zonas de producción y rutas que permiten movilizar los cargamentos hacia los mercados internacionales.
El panorama descrito por la publicación se presenta después de décadas de acciones dirigidas a combatir el narcotráfico en Colombia.
Durante ese periodo se han destinado recursos a operaciones militares, programas de sustitución de cultivos ilícitos y estrategias de erradicación, sin que el país haya dejado de ocupar una posición central dentro del mercado internacional de la cocaína.
Las estimaciones atribuidas a The Economist indican que Colombia sería responsable de alrededor del 70 % de la cocaína que llega al mercado mundial. El negocio ha mantenido su funcionamiento mediante la aparición de nuevas rutas, la participación de diferentes actores y la utilización de mecanismos de producción y distribución que permiten sostener el comercio internacional de la droga.
El crecimiento de los cultivos ilícitos y de la producción también está relacionado con la financiación de organizaciones armadas que utilizan los recursos provenientes del narcotráfico para sostener sus estructuras.
El control de las zonas donde se desarrollan estas economías representa uno de los principales objetivos de los grupos que participan en el negocio.
Esta situación adquiere una dimensión particular en regiones apartadas del país, donde las economías ilícitas generan ingresos que superan los obtenidos mediante algunas actividades legales.
En estos territorios, diferentes organizaciones buscan controlar la producción, los corredores de movilidad y las rutas utilizadas para transportar la cocaína.
El escenario se desarrolla mientras continúa el debate en Colombia sobre las medidas que debe implementar el Estado frente al narcotráfico.
Algunos sectores plantean reforzar las operaciones de erradicación y las acciones contra las organizaciones criminales, mientras otros proponen combinar la presencia institucional, el desarrollo rural y la sustitución de economías ilegales con operaciones dirigidas contra las redes internacionales encargadas de financiar y comercializar la droga.
El narcotráfico también permanece como una de las fuentes de financiación de distintas organizaciones armadas. La disputa por estas rentas ilegales mantiene enfrentamientos por el dominio territorial y por el acceso a las rutas necesarias para llevar la cocaína desde las zonas de producción hasta los puntos desde donde es enviada al exterior.
Las disputas alrededor de estas economías han contribuido a la continuidad de hechos de violencia en diferentes regiones de Colombia. Al mismo tiempo, las autoridades enfrentan estructuras criminales que pueden fragmentarse, establecer alianzas o ser reemplazadas por otras organizaciones cuando sus integrantes o redes son afectados por operaciones estatales.
El análisis de The Economist plantea que el narcotráfico colombiano mantiene una participación determinante dentro del mercado mundial de cocaína y que el tamaño económico alcanzado por esta actividad habría llegado a niveles comparables con sectores que tradicionalmente han tenido un peso importante en las exportaciones nacionales.
La estimación según la cual cerca del 70 % de la cocaína comercializada internacionalmente tendría origen colombiano se produce en un contexto marcado por la existencia de miles de hectáreas destinadas a cultivos ilícitos, redes de distribución internacional, organizaciones criminales y comunidades vinculadas a economías ilegales.
Colombia continúa así enfrentando un negocio que, pese a las operaciones contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico, los programas de sustitución y las estrategias de erradicación desarrolladas durante décadas, conserva capacidad para producir y distribuir cocaína hacia diferentes mercados internacionales.
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