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Quién es Nana Kwaku Bonsam, el famoso chamán de Ghana que agita el Mundial 2026
Perfil del chamán ghanés que dice influir en el Mundial 2026.
Nana Kwaku Bonsam volvió a poner a Ghana en el centro de una conversación mundial que mezcla fútbol, cultura popular, religión tradicional africana, espectáculo mediático y superstición.
Durante el Mundial 2026, el sacerdote tradicional ghanés reapareció en la escena pública con afirmaciones sobre supuestos rituales contra figuras como Harry Kane y con predicciones sobre la suerte de selecciones como Argentina y Ghana, en un torneo en el que su presencia ha sido leída por algunos como folclor futbolero y por otros como expresión de prácticas espirituales con raíces profundas en África occidental.
Medios internacionales registraron que Bonsam dijo haber intervenido espiritualmente antes del partido entre Inglaterra y Ghana, y luego aseguró haber levantado el supuesto “hechizo” contra Kane.
También afirmó que Cabo Verde podía eliminar a Argentina y que Ghana tenía camino para avanzar en el torneo. Esas declaraciones no tienen comprobación científica ni deportiva, pero sí explican por qué su figura volvió a convertirse en noticia en medio de la Copa del Mundo.
Nana Kwaku Bonsam, cuyo nombre de nacimiento es Stephen Osei Mensah, nació el 20 de agosto de 1973 en Afrancho, en la región Ashanti de Ghana. En su país es conocido como sacerdote tradicional o “fetish priest”, una denominación usada en África occidental para referirse a líderes espirituales vinculados a deidades, objetos sagrados, rituales de protección, consultas, amuletos y ceremonias de carácter religioso tradicional.
Su nombre público, Kwaku Bonsam, ha sido traducido en varios perfiles internacionales como “diablo” o “espíritu maligno”, una elección que él mismo convirtió en marca mediática.
Antes de asumir ese papel, fue identificado como Stephen Osei Mensah y, según perfiles publicados sobre su trayectoria, estuvo vinculado a una comunidad cristiana adventista antes de dedicarse a la práctica espiritual tradicional.
Su fama internacional no nació en 2026. Bonsam ya había sido mencionado durante el Mundial de Brasil 2014, cuando afirmó haber causado una lesión a Cristiano Ronaldo antes de la participación de Portugal.
Años después, su nombre volvió a circular en notas deportivas y de cultura popular cada vez que relacionaba el fútbol con supuestos rituales. Esa mezcla de espectáculo, religión tradicional y provocación mediática le dio notoriedad fuera de Ghana, aunque sus afirmaciones pertenecen al terreno de la creencia y no al de los hechos verificables.
Ghana, el país de origen de Bonsam, está ubicado en África occidental, sobre el golfo de Guinea y el océano Atlántico. Limita con Costa de Marfil al oeste, Burkina Faso al norte y Togo al este.
Su capital es Accra y su territorio tiene una posición estratégica en la costa atlántica africana. De acuerdo con el Banco Mundial, Ghana tenía 34.427.414 habitantes en 2024, mientras que su PIB corriente fue reportado en US$114.209 millones para 2025.
La economía ghanesa se apoya en recursos naturales, agricultura, minería, servicios y energía. El país es reconocido por la producción de cacao, oro, petróleo, gas, manganeso y bauxita. También tiene actividad comercial relevante en Accra, Tema, Kumasi y Takoradi.
Ghana ha sido visto durante años como una de las democracias más estables de África occidental, aunque también ha enfrentado presiones fiscales, inflación, endeudamiento y procesos de reestructuración financiera.
El idioma oficial es el inglés, herencia del periodo colonial británico, pero en la vida cotidiana se hablan numerosas lenguas locales, entre ellas twi, ewe, ga, dagbani y fante.
En materia religiosa, Ghana es un país plural: la mayoría de la población se identifica con el cristianismo, también hay una presencia musulmana importante y sobreviven religiones tradicionales africanas que conservan prácticas rituales, culto a ancestros, ceremonias de protección y mediación espiritual.
En ese contexto se entiende la figura de los sacerdotes tradicionales. No son simples personajes de superstición futbolera: en varias comunidades cumplen funciones sociales como consejeros, guardianes de santuarios, mediadores en conflictos, conductores de ceremonias, curanderos espirituales o intérpretes de señales.
Sus rituales pueden incluir invocaciones, uso de hierbas, bebidas, tambores, cantos, sacrificios simbólicos o animales, consulta a deidades, amuletos y objetos sagrados. En el fútbol, esas prácticas se han traducido popularmente en el concepto de “juju”, una palabra usada en África occidental para referirse a fuerzas espirituales, talismanes o rituales de protección y poder.
El Mundial 2026 convirtió a Bonsam en personaje global porque el fútbol suele amplificar todo lo que rodea a la competencia: cábalas, promesas religiosas, objetos de suerte, rezos, predicciones, maldiciones y rituales.
En Ghana, como en otros países africanos, la relación entre deporte y espiritualidad no es ajena a la cultura popular. Muchos aficionados creen en protecciones, bendiciones o energías alrededor de los partidos, aunque los resultados dependan de preparación física, táctica, técnica, salud, decisiones arbitrales y desempeño colectivo.
Ghana también es un país de enorme riqueza turística. Entre sus destinos más conocidos están el Parque Nacional Kakum, famoso por su pasarela elevada entre árboles; el Castillo de Cape Coast y otros fuertes vinculados a la memoria de la trata esclavista; el Parque Nacional Mole, la reserva natural más grande y antigua del país; las cataratas Wli; el lago Volta; Accra; Kumasi, centro histórico del pueblo ashanti; y las playas del Atlántico.
El Ministerio de Turismo de Ghana destaca a Kakum como una de sus atracciones más visitadas, mientras que Mole es presentado como una de las principales áreas protegidas del país.
La cultura ghanesa está marcada por ceremonias comunitarias, respeto a los mayores, funerales con fuerte carga social, festivales tradicionales, música, danza, gastronomía y sistemas de autoridad local.
Entre sus expresiones más conocidas están el kente, tejido asociado al pueblo ashanti; los tambores parlantes; festivales como Homowo, Aboakyer y Adae; platos como el jollof rice, fufu, banku y waakye; y una vida religiosa en la que conviven iglesias cristianas, mezquitas y santuarios tradicionales.
En el Mundial, Nana Kwaku Bonsam aparece como una figura pintoresca para la prensa internacional, pero también como una ventana hacia una dimensión cultural más amplia: la persistencia de religiones tradicionales africanas en sociedades modernas, urbanas, conectadas y futboleras.
Su presencia en la conversación pública no demuestra que los rituales decidan partidos, pero sí evidencia que el fútbol, más allá de la cancha, es un escenario donde los países llevan sus símbolos, creencias, tensiones, relatos y formas de interpretar la suerte.
En Ghana conviven varias religiones, con predominio del cristianismo. Según el censo oficial de 2021 citado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, cerca del 71 % de la población es cristiana, alrededor del 20 % musulmana, cerca del 3 % sigue creencias indígenas o animistas y otro 6 % pertenece a grupos religiosos minoritarios o no profesa ninguna religión.
Entre los cristianos hay iglesias pentecostales, protestantes, católicas y otras denominaciones; entre los musulmanes predominan comunidades suníes, aunque también hay ahmadíes, chiíes y musulmanes no denominacionales.
Las religiones tradicionales ghanesas parten de una visión espiritual en la que existe un ser supremo, aunque la relación cotidiana con lo sagrado suele estar mediada por divinidades menores, ancestros, espíritus de la naturaleza y autoridades rituales.
En pueblos como los akan, ewe, ga o dagomba, los ritos pueden estar vinculados a la protección de la comunidad, la fertilidad, la salud, la resolución de conflictos, la purificación, la consulta espiritual y la memoria de los antepasados.
Una de las prácticas más extendidas es la libación, que consiste en derramar agua, licor u otra bebida mientras se pronuncian oraciones o invocaciones; estudios académicos sobre comunidades ewe y akan explican que no se trata solo de “derramar líquido”, sino de un acto religioso de comunicación con Dios, los ancestros y las fuerzas espirituales.
En ese marco cultural se ubican los sacerdotes tradicionales, curanderos o chamanes, como se les llama en la prensa internacional. Sus rituales pueden incluir cantos, tambores, danzas, hierbas, amuletos, baños espirituales, sacrificios simbólicos, consultas en santuarios, oraciones, invocaciones y ceremonias de protección o reparación.
En muchos casos se acude a ellos para pedir salud, defensa contra enemigos, prosperidad, limpieza espiritual, orientación familiar o protección antes de viajes, cosechas, funerales, negocios o competencias.
En el fútbol, esa tradición se ha traducido en prácticas populares asociadas al “juju”, entendido como poder espiritual, talismán o ritual de influencia; sin embargo, sus efectos sobre un partido no tienen demostración científica y pertenecen al ámbito de la creencia religiosa y cultural.
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