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Estados Unidos se roba el espectáculo: la goleada 4-1 sobre Paraguay que sacude el Mundial
Al comienzo del evento en ese país el equipo se convierte en la revelación.
La Copa Mundial de 2026 apenas comienza, pero ya tiene uno de sus primeros grandes protagonistas. En una noche que quedará grabada en la memoria de los aficionados estadounidenses, la selección de Estados Unidos aplastó 4-1 a Paraguay en el SoFi Stadium de Los Ángeles y lanzó un mensaje contundente al resto de candidatos al título: los anfitriones no están en el torneo únicamente para organizar la fiesta, también quieren ser parte de ella hasta las últimas instancias.
Frente a más de 70.000 espectadores que transformaron el escenario californiano en una auténtica caldera futbolística, el equipo dirigido por Mauricio Pochettino ofreció una exhibición de intensidad, velocidad, precisión y confianza que sorprendió incluso a quienes veían en Estados Unidos una selección competitiva, pero todavía lejos de las potencias tradicionales. La actuación fue tan convincente que analistas y medios internacionales comenzaron a ubicar al conjunto norteamericano entre las revelaciones tempranas del campeonato.
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El encuentro correspondía a la primera jornada del Grupo D y enfrentaba a dos selecciones que llegaban con expectativas distintas. Paraguay regresaba a una Copa del Mundo después de años de ausencia y lo hacía bajo la conducción de Gustavo Alfaro, técnico que había logrado reconstruir la competitividad de la Albirroja. Estados Unidos, por su parte, llegaba impulsado por el hecho de jugar en casa y por una generación de futbolistas que acumula experiencia en las principales ligas europeas.
Desde el pitazo inicial quedó claro que los locales tenían un plan muy definido. Presión alta, circulación rápida de balón y una agresividad ofensiva que desarmó por completo la estructura paraguaya. El dominio estadounidense fue evidente durante gran parte del compromiso, reflejado también en las estadísticas finales: 65 % de posesión, 16 remates totales contra 9 de Paraguay y seis disparos al arco frente a apenas uno de los sudamericanos.
El primer golpe llegó temprano y marcó el tono de la noche. Estados Unidos aprovechó las dudas defensivas paraguayas para abrir el marcador y ganar confianza. Lo que siguió fue un vendaval ofensivo encabezado por Folarin Balogun, delantero que confirmó por qué es considerado una de las piezas más importantes del proyecto estadounidense. El atacante firmó un doblete y se convirtió en la gran figura del partido, castigando cada error defensivo de la selección sudamericana.
A su alrededor brillaron otras figuras. Christian Pulisic desplegó toda su creatividad y liderazgo, participando en varias de las acciones más peligrosas. Weston McKennie y Tyler Adams dominaron el mediocampo con autoridad, mientras que Malik Tillman aportó movilidad y profundidad en el frente de ataque. La sensación general era que cada línea del equipo funcionaba en sincronía perfecta.
Paraguay nunca logró encontrar respuestas. El equipo de Gustavo Alfaro se vio superado por el ritmo de circulación estadounidense y por la velocidad de las transiciones. Los defensores paraguayos cometieron errores inusuales y la presión permanente de los locales terminó provocando un autogol que agravó aún más la situación. Para el descanso, el marcador reflejaba una diferencia contundente y el partido parecía prácticamente definido.
La segunda mitad ofreció algunos intentos de reacción por parte de la Albirroja. El descuento paraguayo llegó gracias a Mauricio, quien aprovechó una de las pocas desconcentraciones defensivas estadounidenses para vencer al arquero Matt Freese. Durante algunos minutos pareció que Paraguay podía encontrar impulso para reducir aún más la diferencia. Sin embargo, la ilusión duró poco.
Estados Unidos recuperó rápidamente el control del juego y volvió a imponer condiciones. La defensa integrada por Tim Ream y Chris Richards mantuvo el orden necesario para evitar cualquier sobresalto. Richards, de hecho, protagonizó una actuación estadísticamente extraordinaria al completar todos sus pases durante el encuentro, una marca que diversos registros históricos atribuyen como récord de precisión en un Mundial desde 1966.
Cuando el reloj se acercaba al final, Giovanni Reyna terminó de sellar la goleada con el cuarto tanto estadounidense. El estadio explotó en celebración. Los aficionados comprendían que estaban presenciando algo más que una victoria inaugural. Era una demostración de madurez futbolística de una selección que durante décadas persiguió el sueño de competir de igual a igual contra las grandes potencias del planeta.
La magnitud de la actuación quedó reflejada también en la repercusión internacional. Medios de distintos países coincidieron en destacar la superioridad del conjunto de Pochettino y la calidad del fútbol exhibido. Algunos llegaron a describir el rendimiento estadounidense como uno de los más completos observados en la jornada inicial del Mundial.
La noche también dejó espacio para un episodio histórico relacionado con el arbitraje. Durante el partido se produjo la primera corrección mediante VAR por un caso de identidad equivocada en una Copa del Mundo, una decisión que atrajo la atención internacional y que terminó convirtiéndose en una de las curiosidades del debut estadounidense.
La victoria deja a Estados Unidos en una posición privilegiada dentro del Grupo D y aumenta las expectativas antes de su próximo compromiso frente a Australia. Más importante aún, instala una pregunta que hace apenas unos meses parecía exagerada: ¿puede esta generación estadounidense convertirse en protagonista real de la Copa del Mundo?
Por ahora, la respuesta comienza a construirse sobre hechos concretos. Cuatro goles, una exhibición futbolística y una actuación que sorprendió al planeta. En un torneo donde cada edición necesita una historia inesperada, Estados Unidos parece dispuesto a escribir la suya desde el primer capítulo.
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