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Diez años de Giani Infantino en la FIFA: del rescate institucional a la expansión global que ya mira al Mundial 2026

Radiografia a su gestión que comenzó hace una década.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016
Por Agencia Periodismo Investigativo | Vie, 27/02/2026 - 09:02 Créditos: Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016. Tomada de FIFA

El 26 de febrero de 2026, cuando se cumplieron diez años desde que Gianni Infantino fue elegido presidente de la FIFA en el congreso extraordinario de Zúrich, la organización convirtió el aniversario en un balance político e institucional: una carta enviada a las 211 asociaciones miembro enumeró once logros que, según el propio dirigente, marcan la ruta de “reforma, transparencia y desarrollo” con la que prometió sacar al organismo de la crisis que lo dejó al borde del colapso tras los escándalos de gobernanza de la década pasada.

La escena no quedó limitada a los pasillos de Zúrich. En Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sumó un gesto que la FIFA leyó como respaldo en pleno ciclo de preparación del Mundial 2026: en Truth Social felicitó a Infantino por la década en el cargo, lo llamó “gran líder” y dijo que espera que continúe “otros 10, 20 o 30 años”.

Ese mensaje se encuadra en una relación política que la propia FIFA ha presentado públicamente como cercana desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, en un contexto en el que Estados Unidos primero como anfitrión del Mundial de Clubes 2025 y coanfitrión del Mundial 2026.

En el relato que la FIFA construye sobre estos diez años, el punto de partida es claro: Infantino heredó una institución con legitimidad erosionada y la tarea de demostrar que el fútbol podía volver a ser el centro del negocio y, al mismo tiempo, del sistema de solidaridad.

De ahí que el primer hito que subraya su administración sea el programa FIFA Forward, creado en 2016, con el que la organización sostiene haber multiplicado por siete la financiación directa a las asociaciones miembro, transfiriendo recursos con mayor capacidad de decisión local sobre infraestructura, operación y proyectos de desarrollo.

Los informes financieros y de gestión de la propia FIFA detallan ese salto: del antiguo esquema de asistencia (ciclo 2011-2014) a los ciclos Forward 1.0, 2.0 y 3.0, con un presupuesto del orden de los USD 2.183 millones para desarrollo en el ciclo 2023-2026 y una expansión significativa frente a la década anterior.

Esa arquitectura de recursos —presentada como el “nuevo contrato” de la FIFA con sus miembros— se complementa con otras dos piezas que la entidad pone en el paquete de logros: el impulso a la detección y formación de talento con el FIFA Talent Development Scheme y el fortalecimiento administrativo en áreas sensibles (legal, finanzas, infraestructura, medicina, TI, salvaguarda y seguridad), con programas específicos para promover liderazgo femenino dentro del fútbol.

En la práctica, el argumento es que no basta con girar dinero: hay que elevar capacidades para ejecutar, auditar y sostener proyectos en federaciones con realidades muy distintas, desde potencias económicas hasta países con ligas semiprofesionales.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Tomada de FIFA

 

El tercer eje —y quizá el más visible para el aficionado— es la expansión competitiva. Bajo Infantino, la FIFA consolidó el aumento del Mundial masculino a 48 selecciones, un cambio estructural que reconfigura eliminatorias, calendarios y oportunidades deportivas para federaciones históricamente periféricas.

La carta del aniversario agrega la creación de nuevas ventanas competitivas, como la FIFA Series (anunciada para 2026 con participación de equipos de seis continentes), como parte del intento de ofrecer más partidos internacionales con lógica de desarrollo y mercado.

En la rama femenina, la FIFA reivindica dos decisiones: la ampliación del Mundial a 32 equipos desde 2023 y la determinación de llevarlo a 48 desde 2031, junto con un dato que usa como sello de gestión: más de 1.700 proyectos de desarrollo del fútbol femenino desplegados en 204 asociaciones miembro.

En el terreno juvenil, el balance oficial apunta a la expansión del Mundial Sub-17 —en categorías masculina y femenina— y al lanzamiento de un Mundial Sub-15 “estilo festival” abierto a las 211 federaciones, una apuesta por crear rutas más claras desde el fútbol base hacia la élite internacional.

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El objetivo declarado es doble: ampliar el acceso y, a la vez, capturar audiencias globales cada vez más fragmentadas, donde el fútbol compite con otras industrias de entretenimiento desde edades tempranas.

Pero una década de gestión en la FIFA no se mide solo por torneos. La organización también coloca en el centro los cambios tecnológicos y de integridad competitiva.

El logro emblemático, según su lista, es la adopción del VAR desde 2018 y su expansión a decenas de asociaciones miembro (83, según el balance del aniversario), con versiones de menor costo como VAR Light y herramientas como Football Video Support, pensadas para democratizar la revisión de jugadas en ligas con menos presupuesto.

En el mismo bloque, la FIFA incluye iniciativas institucionales como un “posicionamiento global contra el racismo” aprobado con apoyo unánime de las asociaciones miembro en 2024.

 

La otra palabra clave del decálogo es “transparencia”. Infantino sostiene que su administración instaló reportes financieros de alto estándar (IFRS), fortaleció revisiones centrales sobre fondos de desarrollo y reformó procesos de licitación y designación de sedes para torneos mayores.

En ese terreno, los estados financieros y resúmenes de ciclo que publica la FIFA resaltan, además, el tamaño del engranaje financiero que se consolidó con el Mundial de Catar 2022: la organización reportó un resultado neto alto en 2022 que cerró el ciclo 2019-2022 por encima de lo presupuestado, y destaca inversiones relevantes en programas de desarrollo y educación, incluidos centenares de millones canalizados por Forward.

La pandemia fue, para esta administración, una prueba de estrés que hoy es presentada como logro: el plan de alivio por COVID-19 —USD 1.5 mil millones, según el listado del aniversario— y la ampliación de mecanismos de ayuda ante desastres, junto con la creación de un fondo de recuperación posconflicto aprobado por el Consejo de la FIFA en diciembre de 2025.

En la narrativa institucional, el fútbol aparece no solo como industria, sino como herramienta de cohesión y reconstrucción, un discurso que también se conecta con gestos de diplomacia deportiva alrededor del Mundial 2026.

Y en el capítulo de reingeniería del producto, el aniversario subraya un giro que ha marcado la década: el foco creciente en el fútbol de clubes desde la FIFA. La carta enumera como hito el primer Mundial de Clubes “histórico” en 2025 (formato ampliado), la proyección del Mundial de Clubes femenino para 2028, la Copa Intercontinental anual y una “Women’s Champions Cup”, además de una ampliación de beneficios y distribuciones para clubes.

Es, en términos políticos, una expansión del alcance de la FIFA hacia un terreno donde tradicionalmente mandaban confederaciones y ligas, con una promesa de redistribución económica y vitrinas globales.

En este punto, el aniversario se vuelve también un ejercicio de legitimación externa. La felicitación pública de Trump —más allá de su tono— opera como una postal del peso geopolítico que tendrá el Mundial 2026 y de la necesidad de la FIFA de blindar relaciones con gobiernos anfitriones en un ciclo donde la seguridad es tema permanente.

En paralelo a la conmemoración, Infantino ha reiterado confianza en México como sede mundialista pese a preocupaciones por violencia y seguridad, un asunto que ha aparecido en la agenda informativa internacional en los últimos días.

Con ese telón de fondo, los “logros” que la FIFA atribuye a Infantino no se reducen a una lista de gestión: son una forma de ordenar una década en la que el organismo buscó recuperar credibilidad, aumentar su capacidad financiera, expandir el mapa competitivo (más selecciones, más torneos, más categorías), y sostener una promesa política interna: que los ingresos del fútbol regresen al fútbol, con reglas más auditables y un reparto más amplio.

La discusión sobre costos deportivos, congestión de calendarios y tensiones con actores del ecosistema —clubes, ligas, sindicatos, confederaciones— sigue viva, pero el balance oficial del décimo aniversario se concentra en un mensaje: la FIFA volvió a funcionar como centro del sistema y lo hizo ampliando el negocio y la redistribución al mismo tiempo.

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