Publicidad
¿Quién fue Andrés Caicedo?: la polémica que enfrenta al director del Caro y Cuervo con Elvira Cuervo
“Para eso no está el Caro y Cuervo”: polémica por declaraciones de su director sobre Andrés Caicedo.
Elvira Cuervo de Jaramillo, exministra de Cultura y descendiente del filólogo colombiano Rufino José Cuervo, cuestionó las declaraciones del director del Instituto Caro y Cuervo, Sergio Esteban Vélez, y rechazó que la entidad sea utilizada para emitir opiniones o juicios sobre asuntos que, a su consideración, se apartan de las funciones relacionadas con el estudio y la defensa de la lengua.
La exministra se pronunció durante una entrevista en 6AM W, de Caracol Radio, en medio de la controversia surgida por las declaraciones de Vélez sobre los escritores Gonzalo Arango y Andrés Caicedo y por la utilización de los canales del Instituto Caro y Cuervo para divulgar opiniones de su director.
Lea también (Hospital San Nicolás de Planeta Rica reanuda servicios tras una semana de paro por no pago de salarios)
Cuervo de Jaramillo, tataranieta de Rufino José Cuervo, recordó el papel que desempeña el instituto en el estudio del castellano y señaló que la dirección de la entidad no debería utilizar su posición institucional para formular juicios morales sobre escritores o hechos relacionados con sus vidas.
Sus reparos se concentraron en los comentarios de Vélez sobre Andrés Caicedo y en las referencias a aspectos como la “sensibilidad”, la “espiritualidad” y la “valentía” de este autor y de otras figuras de la literatura, entre ellas el poeta José Asunción Silva.
La exministra también hizo referencia a su tío abuelo Emilio Cuervo Márquez, quien se quitó la vida en Francia, para sostener que este tipo de asuntos no corresponde a la misión del Instituto Caro y Cuervo.
“Para eso no está el Instituto Caro y Cuervo. Se ha debido entonces pronunciar hace cien años sobre la decisión de Emilio Cuervo Márquez. Eso no les corresponde. Lo que nos corresponde es velar sobre el lenguaje, no opinar sobre hechos alrededor, ajenos a él”, afirmó Cuervo de Jaramillo durante la entrevista.
La exfuncionaria insistió en que el Instituto Caro y Cuervo debe concentrar su trabajo en las funciones relacionadas con el lenguaje y evitar pronunciamientos sobre circunstancias personales o decisiones de escritores que no hacen parte de ese campo.
Cuervo de Jaramillo, quien además se desempeñó como embajadora de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas, planteó que el instituto debería enfocar sus esfuerzos en la defensa del lenguaje y prestar atención a las formas de expresión utilizadas actualmente por los jóvenes.
Según manifestó, existe un uso de expresiones que considera soeces y vulgares entre sectores de la población joven, asunto frente al cual, a su juicio, el Instituto Caro y Cuervo podría desarrollar un trabajo articulado con el Ministerio de Educación.
“Yo creo que el ICC debe estar dedicado a la defensa del lenguaje. Hoy en día, pues, como usted lo ha oído muy bien, los jóvenes están utilizando un lenguaje absolutamente soez y vulgar, que no debe ser admitido por la sociedad; ahí debe trabajar el Instituto con el Ministerio de Educación de manera conjunta y paralela”, señaló.
La exministra sostuvo de esta manera que la labor del instituto debe mantenerse concentrada en el lenguaje y cuestionó que desde su dirección se emitan consideraciones sobre aspectos de la vida de escritores como Andrés Caicedo, Gonzalo Arango o José Asunción Silva.
La controversia tiene como protagonista a Sergio Esteban Vélez, director del Instituto Caro y Cuervo, por sus declaraciones y por la difusión de opiniones desde los canales de la institución.
Frente a esos hechos, Cuervo de Jaramillo rechazó que el nombre del instituto sea empleado para formular juicios sobre asuntos distintos de su misión relacionada con la lengua.
Para la exministra, el papel del Instituto Caro y Cuervo debe estar dirigido al estudio, cuidado y defensa del lenguaje. Por esa razón, sostuvo que los comentarios sobre las decisiones personales de escritores o las circunstancias que rodearon sus vidas no corresponden a las tareas que debería desarrollar la institución.
“Para eso no está el Instituto Caro y Cuervo”, reiteró Cuervo de Jaramillo al marcar su posición frente a las actuaciones que originaron la controversia alrededor de la dirección de la entidad.
Andrés Caicedo Estela fue un escritor, dramaturgo, guionista, crítico de cine y promotor cultural colombiano, nacido en Cali el 29 de septiembre de 1951. Su obra estuvo vinculada a la vida urbana, la juventud, el cine, la música y los conflictos de una generación que encontró en la ciudad un escenario para narrar sus relaciones, excesos, búsquedas y rupturas.
Aunque murió a los 25 años, dejó una producción que posteriormente adquirió reconocimiento dentro de la literatura colombiana.
Desde temprana edad mostró interés por la escritura y el teatro. Durante su adolescencia escribió cuentos y piezas dramáticas y participó en actividades teatrales en Cali.
A finales de la década de 1960 se vinculó al Departamento de Teatro de la Universidad del Valle y al Teatro Experimental de Cali, espacios en los que desarrolló parte de su formación y entró en contacto con el ambiente cultural de la ciudad.
Entre sus primeros trabajos estuvieron las obras “La piel del otro héroe” y “Recibiendo al nuevo alumno”. También realizó adaptaciones teatrales y trabajó alrededor de textos de autores como Eugène Ionesco y Herman Melville.
Paralelamente comenzó a publicar cuentos y a participar en concursos literarios. En 1969, su cuento “Berenice” obtuvo un reconocimiento en la Universidad del Valle, mientras que “Los dientes de Caperucita” recibió el segundo premio en un concurso latinoamericano organizado por la revista Imagen, de Caracas.
El cine ocupó otro lugar central en su trayectoria. Caicedo fue uno de los integrantes del movimiento cultural desarrollado en Cali durante las décadas de 1960 y 1970 y participó, junto con figuras como Luis Ospina, Ramiro Arbeláez y Hernando Guerrero, en la creación del Cine-Club de Cali.
Allí se proyectaban y discutían películas y se consolidó un espacio que contribuyó a la actividad cinematográfica de la ciudad.
Su interés por el séptimo arte también se reflejó en la escritura. Publicó críticas y comentarios cinematográficos en periódicos de Cali y participó en la creación de la revista Ojo al Cine, publicación especializada que comenzó a circular durante la década de 1970.
La revista alcanzó cinco números y se convirtió en uno de los proyectos relacionados con la crítica cinematográfica en Colombia durante ese periodo.
En 1972 intentó llevar al cine el guion “Angelita y Miguel Ángel”, en un proyecto relacionado con Carlos Mayolo. Dos años después viajó a Estados Unidos con varios guiones de largometraje y con la intención de acercarlos al director y productor Roger Corman. Durante esa estancia continuó escribiendo, viendo películas y desarrollando trabajos literarios.
Fue en ese periodo cuando avanzó en la escritura de “¡Que viva la música!”, la única novela que terminó y la obra que con el tiempo se convirtió en su título más reconocido.
El libro retrata a una joven caleña que se desplaza por ambientes relacionados con el rock, la salsa, las fiestas y distintos sectores de Cali. La novela quedó asociada a la representación literaria de la juventud urbana de la ciudad durante la década de 1970.
Caicedo también escribió numerosos cuentos, guiones, textos teatrales, cartas, diarios y proyectos narrativos. Entre sus publicaciones se encuentra “El atravesado”, aparecido en 1975. Después de su muerte fueron recopilados y publicados otros trabajos que habían permanecido inéditos o dispersos.
La vida de Andrés Caicedo estuvo marcada por una producción literaria desarrollada en un periodo corto. En distintos escritos y conversaciones quedó registrada su idea de que vivir más allá de los 25 años era algo que rechazaba. Esa afirmación terminó relacionada de manera permanente con su biografía debido a las circunstancias de su muerte.
El 4 de marzo de 1977, en Cali, Andrés Caicedo murió por suicidio a los 25 años. Ese mismo día había recibido un ejemplar de la primera edición de “¡Que viva la música!”, publicada por Colcultura. Su fallecimiento ocurrió cuando su obra comenzaba a llegar a un público más amplio.
Tras su muerte, familiares, amigos, investigadores y editores trabajaron en la recuperación de sus manuscritos, cuentos, cartas, críticas de cine, guiones y otros textos. Parte de ese material fue publicado de manera póstuma, lo que permitió ampliar el conocimiento de una producción que había quedado parcialmente inédita.
“¡Que viva la música!” fue reeditada en numerosas ocasiones y se convirtió en la obra más difundida de Caicedo. Con el paso de los años, su producción fue objeto de estudios, reediciones, homenajes y actividades académicas y culturales.
En 2017, al cumplirse 40 años de su muerte y de la publicación de la novela, la Biblioteca Nacional de Colombia realizó actividades para recordar su vida y su obra.
Su trayectoria quedó vinculada además al denominado Grupo de Cali, entorno cultural en el que confluyeron escritores, cineastas, fotógrafos y críticos que desarrollaron proyectos relacionados con el cine, la literatura y otras expresiones artísticas.
Caicedo hizo parte de ese escenario a través de sus escritos, el Cine-Club de Cali, Ojo al Cine y sus relaciones con otros integrantes del movimiento cultural caleño.
Otras noticias
Etiquetas