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Entran en vigencia aranceles del 30 % y represalias energéticas entre Colombia y Ecuador
Desde este domingo 1 de febrero, rigen los nuevos gravámenes mutuos que afectan un comercio binacional de 2.800 millones de dólares y tensionan la frontera en Rumichaca.
La relación comercial entre Colombia y Ecuador entró en una fase de confrontación abierta este domingo 1 de febrero de 2026, tras la entrada en vigencia de aranceles recíprocos del 30 %. La medida, impulsada inicialmente por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa bajo el argumento de una "tasa de seguridad" ante la falta de cooperación de Bogotá en la lucha contra el narcotráfico, ha escalado rápidamente. En respuesta, el gobierno de Gustavo Petro no solo impuso gravámenes similares a más de 50 productos ecuatorianos, sino que también suspendió el suministro de energía eléctrica hacia el vecino país.
El desbalance comercial es el trasfondo económico de esta disputa: mientras Colombia exporta anualmente unos 1.800 millones de dólares a Ecuador, las importaciones desde el vecino país apenas alcanzan los 900 millones. Los exportadores ecuatorianos estiman que estas barreras podrían representar pérdidas superiores a los 273 millones de dólares anuales, afectando productos clave como enlatados de pescado, maderas y camarones. Por su parte, Colombia verá encarecidos sus envíos de medicinas, cosméticos y vehículos, sectores que ya registran una desaceleración en el flujo logístico.
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La situación en el Puente Internacional de Rumichaca, principal paso fronterizo, reflejó la tensión durante las horas previas al inicio de los aranceles. Filas de camiones de hasta 600 metros intentaron cruzar la frontera antes de la medianoche para evitar el sobrecosto. Gremios transportadores de ambas naciones han alertado sobre el riesgo de que el comercio legal se paralice, desplazando productos como el arroz hacia rutas de contrabando ante la imposibilidad de sostener los nuevos márgenes operativos.
A las sanciones aduaneras se sumó una medida crítica por parte de Bogotá: la suspensión total de la exportación de electricidad a Ecuador. Aunque el país vecino cuenta actualmente con reservas hídricas estables, la energía colombiana ha sido vital en crisis pasadas, llegando a facturar 334 millones de dólares en 2024. Expertos advierten que esta desconexión genera sobrecostos de hasta 2 millones de dólares diarios para el sistema eléctrico ecuatoriano al tener que recurrir a fuentes de generación más costosas.
Como contraofensiva, el gobierno de Noboa anunció un incremento drástico en la tarifa de transporte de crudo colombiano a través del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE). La tasa pasó de 3 a 30 dólares por barril, un aumento del 900 % que impacta directamente la rentabilidad de Ecopetrol. Aproximadamente 10.000 barriles diarios de petróleo del sur de Colombia dependen de esta infraestructura para llegar a los puertos del Pacífico, lo que hace la operación virtualmente insostenible.
Los principales gremios económicos de ambos países han hecho un llamado urgente al diálogo, advirtiendo que la ruptura de las reglas de la Comunidad Andina (CAN) perjudica el empleo y la estabilidad regional. Hasta el momento, las ministras de Relaciones Exteriores han mantenido encuentros técnicos sin lograr acuerdos sustanciales. Mientras tanto, productos básicos como el azúcar, aceites e insecticidas ya experimentan alzas de precios en los mercados locales debido a la carga impositiva.
El impacto social en las zonas de frontera también es una preocupación latente. En Ipiales y Tulcán, el comercio local teme un desabastecimiento de bienes esenciales y una caída en el turismo de compras. La "guerra comercial" no solo ha alterado las proyecciones de crecimiento para 2026, sino que ha puesto a prueba la solidaridad regional en un momento donde ambos países enfrentan desafíos comunes en materia de seguridad y cambio climático.
La incertidumbre domina el panorama diplomático ante la falta de una hoja de ruta para normalizar las relaciones. Mientras los aranceles del 30 % siguen vigentes, la atención se centra en la capacidad de ambos mandatarios para desescalar un conflicto que amenaza con reconfigurar permanentemente el mapa comercial andino. Se espera que en los próximos días se cite a una reunión de alto nivel para evitar que el choque arancelario derive en una crisis fronteriza de mayores proporciones.
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