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Banco Agrario cierra temporalmente 19 oficinas mientras avanzan las evaluaciones de daños: este el listado

La institución bancaria se solidarizó con las víctimas y evalúa efectos del sismo para retomar el servicio en algunas sedes de seis departamentos.

Banco Agrario sismo
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mar, 11/08/2026 - 08:39 Créditos: Suministrada / Una de las sedes del Banco Agrario afectada por el terremoto de este 10 de agosto de 2026

El Banco Agrario de Colombia informó públicamente que, debido al terremoto y a las afectaciones registradas en diferentes zonas, varias de sus sedes permanecerían cerradas al público.

La medida alcanzó 19 oficinas distribuidas en seis departamentos, según la relación divulgada por la propia entidad y reproducida en la imagen que acompaña esta información.

Las oficinas anunciadas son las de Quibdó, Chocó; Tadó y Pizarro Antioquia; Pereira y Santa Rosa, Risaralda; La Unión, Tuluá, La Cumbre, Buga, Dagua, Buenaventura y Cali, Valle del Cauca; Manizales y San José, Caldas; Calarcá, Circasia y La Tebaida, Quindío; y Corinto y Popayán, Cauca.

“Seguiremos informando las novedades que se presenten y nos solidarizamos con los compatriotas afectados por el evento telúrico”, informó el Banco Agrario.

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La decisión de cerrar las oficinas refleja hasta dónde se extendieron las consecuencias del terremoto. No se trató únicamente de las localidades próximas al epicentro.

La suspensión temporal de atención abarcó puntos del Eje Cafetero, Valle del Cauca, Cauca y otras zonas del occidente colombiano, precisamente donde los organismos de emergencia concentraron buena parte de sus evaluaciones durante las primeras horas.

Para numerosas poblaciones rurales, el cierre de una oficina del Banco Agrario tampoco constituye un asunto menor. La entidad tiene una presencia particularmente importante fuera de las grandes ciudades y atiende a productores agropecuarios, campesinos, comerciantes y beneficiarios de diferentes programas.

De allí que la interrupción temporal de la atención presencial se convierta en otro efecto cotidiano de una emergencia que comenzó bajo tierra y terminó alterando servicios esenciales y actividades económicas.

La suspensión, en consecuencia, es una medida vinculada a la evolución de la emergencia y a las condiciones de seguridad de las instalaciones.

El cierre preventivo de edificios de atención pública permite precisamente que las condiciones sean evaluadas antes del regreso de trabajadores y usuarios.

El SGC hizo además un llamado a consultar información oficial y recordó algo fundamental en medio de la circulación acelerada de mensajes por redes sociales: los terremotos no pueden predecirse actualmente.

Suministrada / una de las más de 700 sedes del banco Agrario ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional

 

La recomendación es seguir los reportes de la autoridad geológica y de los organismos que integran el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

El movimiento del 10 de agosto también quedará registrado por sus dimensiones históricas. Según el SGC, no se había documentado en Colombia durante este siglo un terremoto de mayor magnitud. La entidad recordó como antecedente regional el sismo del 23 de noviembre de 1979, de magnitud 7,2.

Más de cuatro décadas después, el occidente colombiano volvió a experimentar la fuerza de un gran movimiento telúrico.

Esta vez ocurrió en un país con redes de monitoreo más desarrolladas, sistemas nacionales y territoriales de gestión del riesgo y capacidad de difusión inmediata de información, pero también con millones de personas viviendo y trabajando en una región geológicamente compleja.

Durante las primeras horas, la prioridad estuvo en los escombros, hospitales y estructuras comprometidas. Después comenzó otra etapa menos visible: determinar qué edificios pueden volver a utilizarse, qué carreteras son seguras, cuándo pueden operar plenamente los aeropuertos y en qué momento pueden reabrir comercios, oficinas públicas y entidades financieras.

La publicación del Banco Agrario es una fotografía de esa segunda fase de la emergencia. Detrás de una lista de 19 oficinas cerradas están Quibdó, Pereira, Manizales, Cali, Popayán, Buenaventura, Buga, Tuluá y numerosos municipios donde este martes la rutina quedó condicionada por inspecciones, restricciones y el temor a nuevas réplicas.

En San José del Palmar, el nombre de un municipio chocoano quedó convertido en la referencia geográfica de uno de los terremotos más fuertes registrados en la historia reciente del país.

A cientos de kilómetros del epicentro, sus efectos seguían manifestándose un día después: en edificios evacuados, aeropuertos con restricciones, viviendas dañadas, servicios alterados y puertas que, por prevención, permanecieron cerradas.

Mientras los organismos de socorro continúan buscando personas, atendiendo heridos y evaluando estructuras, Colombia entra ahora en una fase en la que los balances seguirán cambiando.

La dimensión definitiva de la tragedia todavía está por establecerse. Por eso, detrás del anuncio de un banco que decide no abrir algunas de sus oficinas existe una realidad mucho más amplia: la de un país que, después de un terremoto de magnitud 7,4, todavía está contando los daños y tratando de recuperar, municipio por municipio, la normalidad que se interrumpió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto.

En este contexto el Banco Agrario, se solidarizó con las víctimas, cuida a sus empleados, trabaja rápidamente para restablecer el servicio en las 19 oficinas de seis departamentos y pronto anunciará la reapertura de estas que son fundamentales para el comercio local, en donde la institución bancaria es vital para el desarrollo de todas las actividades económicas y llega donde la mayoría de bancos no existen.

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