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Abelardo de la Espriella divulga su historia clínica y exámenes médicos que certifican su estado de salud óptimo

Análisis médicos reflejan un corazón estructuralmente sano y buena condición médica del candidato presidencial de 47 años.

Abelardo de la Espriella divulga su historia clínica
Por Agencia Periodismo Investigativo | Dom, 14/06/2026 - 09:26 Créditos: Abelardo de la Espriella en exámenes médicos - Foto de campaña Abelardo de la Espriella

A los 47 años, el abogado Abelardo Gabriel de la Espriella Otero se sometió a una valoración médica integral de carácter preventivo cuyos resultados reflejan un estado general de salud favorable, sin evidencia de enfermedad cardiovascular significativa, sin alteraciones metabólicas importantes y con hallazgos compatibles con una persona clínicamente estable.

Los documentos médicos revisados corresponden a un chequeo general realizado en junio de 2026 en la Clínica Portoazul Auna, en el departamento del Atlántico. La evaluación incluyó consulta por medicina interna, análisis de laboratorio, electrocardiograma, ecocardiograma Doppler color y prueba de esfuerzo cardiovascular.

La revisión comenzó con una consulta externa de medicina interna en la que De la Espriella acudió para control preventivo y análisis de exámenes diagnósticos.

Según la historia clínica, durante el interrogatorio médico se encontraba asintomático. No reportó dolor torácico, dificultad respiratoria, palpitaciones, síncope, tos, fiebre, edema ni síntomas digestivos, urinarios o neurológicos.

Exámenes médicos confirman buen estado de salud general del abogado.

 

Los signos vitales registrados mostraron parámetros normales. La presión arterial fue de 110/60 milímetros de mercurio, la frecuencia cardíaca de 70 latidos por minuto, la frecuencia respiratoria de 18 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno de 96 %.

El examen físico practicado por el médico internista tampoco reveló hallazgos preocupantes. El paciente fue descrito como alerta, orientado, afebril, hidratado y hemodinámicamente estable.

La valoración de cabeza, cuello, ojos, sistema respiratorio, abdomen, piel, extremidades y sistema neurológico se encontró dentro de los parámetros normales.

Los estudios de laboratorio respaldaron esa impresión clínica. El hemograma no mostró anemia, alteraciones de glóbulos blancos ni disminución de plaquetas.

Los médicos únicamente registraron una leve eosinofilia relativa y una ligera disminución porcentual de neutrófilos, cambios que fueron considerados sin relevancia clínica aparente.

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Los resultados relacionados con metabolismo de la glucosa descartaron evidencia de diabetes. La glucosa en ayunas fue de 85,8 miligramos por decilitro y la hemoglobina glucosilada alcanzó 5,16 %, valores considerados normales según los criterios internacionales utilizados para el diagnóstico de diabetes mellitus.

 

La función renal también se mantuvo dentro de parámetros adecuados. La creatinina fue reportada en 1,02 miligramos por decilitro, la urea en 38,84 miligramos por decilitro y el nitrógeno ureico sanguíneo (BUN) en 18,15 miligramos por decilitro.

Estos valores sugieren que los riñones conservan su capacidad normal para filtrar productos de desecho de la sangre.

Los electrolitos, fundamentales para la función cardíaca y neuromuscular, tampoco mostraron alteraciones.

El sodio alcanzó 138,8 mmol/L, el potasio 4,14 mmol/L, el cloro 106,4 mmol/L y el magnesio 1,84 mg/dL, todos dentro de los rangos esperados.

Uno de los pocos hallazgos destacados apareció en el perfil lipídico. El colesterol total fue reportado en 209,69 miligramos por decilitro, una cifra ligeramente superior a los valores considerados ideales. Sin embargo, el análisis detallado del perfil mostró elementos favorables.

El colesterol HDL, conocido popularmente como "colesterol bueno", alcanzó 62,9 mg/dL, una cifra considerada protectora desde el punto de vista cardiovascular.

El colesterol LDL, relacionado con la formación de placas ateroscleróticas, fue de 128,39 mg/dL, mientras que los triglicéridos alcanzaron 92,02 mg/dL, valor considerado normal.

Resultados clínicos muestran parámetros normales y estabilidad del paciente.

 

Los especialistas concluyeron que, aunque existe una discreta elevación del colesterol total, el resto del perfil lipídico resulta aceptable y no evidencia una situación clínica de alarma.

La evaluación hepática tampoco reveló problemas relevantes. Las bilirrubinas se encontraron dentro de límites normales, mientras que las enzimas hepáticas ALT y AST fueron reportadas en 31 y 16 unidades por litro respectivamente.

La fosfatasa alcalina alcanzó 162 U/L sin que los médicos consideraran que representara una alteración clínica significativa.

Otro indicador analizado fue la proteína C reactiva, utilizada frecuentemente como marcador de inflamación sistémica. El resultado fue de 1,20 mg/L, cifra que el informe interpreta como ausencia de un proceso inflamatorio importante.

La evaluación de coagulación mostró un tiempo de protrombina de 11,5 segundos, INR de 1,0 y tiempo parcial de tromboplastina de 28 segundos.

Aunque se menciona una prolongación mínima de un parámetro, el documento señala expresamente que carece de significado clínico en el contexto observado.

Las pruebas infecciosas también resultaron tranquilizadoras. Las serologías practicadas para hepatitis B, hepatitis C y sífilis mediante RPR fueron negativas.

En el análisis endocrinológico, la función tiroidea se encontró conservada. La TSH fue de 0,417 uUI/mL, la T4 libre de 1,07 ng/dL y la T4 total de 7,64 ug/dL, valores compatibles con un funcionamiento normal de la glándula tiroides.

El antígeno prostático específico (PSA), marcador utilizado en la evaluación prostática, fue de apenas 0,25 ng/mL, cifra ampliamente dentro de los límites considerados normales para la edad.

Asimismo, la paratohormona intacta registró 18,8 pg/mL, sin alteraciones.
Uno de los apartados más relevantes del chequeo fue la evaluación cardiovascular.

El electrocardiograma de doce derivaciones mostró ritmo sinusal normal y una frecuencia cardíaca de 59 latidos por minuto. Los intervalos eléctricos se encontraban dentro de los límites normales.

Los médicos describieron un patrón de repolarización precoz en la cara anterior del corazón. Este hallazgo, que puede generar preocupación cuando se interpreta fuera de contexto, fue catalogado expresamente como una variante benigna, frecuente en personas sanas y sin evidencia de lesión isquémica aguda.

La exploración cardíaca se complementó con un ecocardiograma Doppler color realizado por el cardiólogo Germán Pérez Amador.

Este estudio permitió observar directamente la estructura y funcionamiento del corazón. El informe señala que el ventrículo izquierdo, principal cavidad encargada de bombear sangre al organismo, posee tamaño y morfología normales. Los diámetros ventriculares y el grosor de las paredes se encontraron dentro de los límites esperados.

La fracción de eyección ventricular izquierda, uno de los indicadores más importantes de función cardíaca, alcanzó 67 %. En términos clínicos, este valor refleja una capacidad de bombeo completamente conservada. Los rangos normales generalmente oscilan entre 55 % y 70 %.

El ventrículo derecho también mostró tamaño, estructura y función normales, sin signos de sobrecarga de presión ni de volumen.

Las aurículas derecha e izquierda fueron descritas como normales, al igual que los tabiques que separan las cavidades cardíacas.

Las válvulas cardíacas tampoco presentaron alteraciones relevantes. La válvula mitral mostró únicamente una regurgitación trivial, hallazgo extremadamente frecuente en la población general y que habitualmente carece de repercusión clínica.

Evaluación cardiovascular no detectó riesgos ni alteraciones significativas.

 

Las válvulas aórtica, tricúspide y pulmonar exhibieron estructura y funcionamiento normales.

La arteria pulmonar, la vena cava inferior, la raíz aórtica, la aorta ascendente y el arco aórtico también fueron reportados como normales. No se observaron derrames pericárdicos ni signos de enfermedad estructural.

La conclusión del especialista fue contundente: función sistólica ventricular izquierda preservada con una fracción de eyección de 67 % y función ventricular derecha preservada.

La evaluación cardiovascular culminó con una prueba de esfuerzo bajo protocolo Bruce, una de las herramientas más utilizadas para identificar enfermedad coronaria inducida por ejercicio.

Durante el examen, De la Espriella caminó y corrió en banda sin fin durante 12 minutos y 2 segundos, alcanzando una capacidad funcional máxima de 13,70 METS.

En cardiología deportiva y preventiva, una cifra superior a 10 METS suele considerarse indicativa de una capacidad física favorable.

La frecuencia cardíaca pasó de aproximadamente 80 latidos por minuto en reposo a 179 latidos por minuto durante el esfuerzo máximo, equivalente al 103 % de la frecuencia cardíaca máxima estimada para su edad.

La presión arterial evolucionó de manera apropiada, pasando de 110/70 mmHg a un máximo de 140/80 mmHg durante el ejercicio.

El estudio fue suspendido porque el paciente alcanzó la frecuencia cardíaca máxima prevista para su rango etario, no por síntomas ni complicaciones.

Durante toda la prueba no aparecieron dolores torácicos, arritmias, alteraciones del segmento ST ni otros signos sugestivos de isquemia cardíaca.

El informe describe un electrocardiograma de reposo normal, respuesta adecuada de la frecuencia cardíaca al ejercicio y comportamiento normal de la presión arterial.

La conclusión final del cardiólogo fue que la prueba de esfuerzo resultó normal y fue eléctricamente negativa para insuficiencia coronaria, es decir, no se encontraron evidencias de disminución significativa del flujo sanguíneo hacia el músculo cardíaco durante el esfuerzo físico máximo.

Tras integrar la historia clínica, los exámenes físicos, los análisis de laboratorio y las pruebas cardiovasculares, el médico internista concluyó que Abelardo de la Espriella es un paciente asintomático, con examen físico dentro de límites normales y sin evidencia de compromiso metabólico, renal, hematológico, tiroideo, infeccioso ni cardiovascular relevante.

El único hallazgo digno de seguimiento corresponde a una leve elevación del colesterol total, situación para la cual se recomendaron medidas no farmacológicas basadas en alimentación balanceada, reducción de grasas saturadas, actividad física regular, control del peso y vigilancia periódica de los factores de riesgo cardiovascular.

La evaluación médica concluye que el paciente se encuentra clínicamente estable, apto para seguimiento ambulatorio y controles preventivos anuales, sin que los estudios practicados evidencien enfermedad cardíaca estructural, insuficiencia coronaria, diabetes, enfermedad renal o trastornos sistémicos de importancia clínica al momento de la valoración.

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