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Santa Fe ante River Plate: El Campín abre una serie marcada por la historia en la Copa Sudamericana
La presión y una oportunidad para que los capitalinos puedan cambiar el pasado.
Bogotá vuelve a colocar frente a frente a Independiente Santa Fe y River Plate en una noche continental. Hay partidos que comienzan con el pitazo del árbitro y otros que empiezan mucho antes, construidos alrededor de antecedentes, recuerdos, cuentas pendientes y circunstancias que terminan convirtiendo noventa minutos de fútbol en algo más que un encuentro. El de este miércoles 19 pertenece a esa segunda categoría.
Desde las 7:30 p. m., el estadio Nemesio Camacho El Campín recibirá el partido de ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. La Conmebol confirmó oficialmente que el encuentro se disputará en Bogotá y que la revancha quedó programada para el miércoles 26 de agosto, a las 9:30 p. m. de Argentina, en el estadio Mâs Monumental de Buenos Aires.
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La serie debía comenzar una semana antes, pero el calendario quedó trastornado por una circunstancia que desbordó por completo al fútbol. El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el 10 de agosto obligó a suspender diferentes actividades y llevó a la Conmebol a modificar la programación de los partidos internacionales que debían disputarse en territorio colombiano. El duelo entre Santa Fe y River fue uno de los afectados.
Así, la espera se prolongó hasta este miércoles. El Campín vuelve a encender sus luces para un partido que tiene una particularidad difícil de ignorar: enfrenta a dos campeones de la Copa Sudamericana. River conquistó el torneo en 2014. Santa Fe lo hizo un año después, en 2015, cuando se convirtió en el primer club colombiano en levantar este trofeo.
Pero para Santa Fe la noche tiene otro componente. Hay una historia que todavía no ha podido modificar.
Los registros de los enfrentamientos internacionales entre ambos equipos muestran una superioridad clara del conjunto argentino. Antes de esta nueva serie se habían enfrentado ocho veces oficialmente en competiciones de la Conmebol.
River ganó cuatro partidos y los otros cuatro terminaron empatados. Santa Fe todavía busca su primera victoria contra el club de Núñez.
La historia comenzó hace casi seis décadas.
El 1 de abril de 1967, por la Copa Libertadores, Santa Fe y River empataron 2-2 en Bogotá. Días después, el 17 de abril, el equipo argentino ganó 4-0. Tuvieron que pasar 49 años para que volvieran a encontrarse en una competencia oficial.
Fue entonces cuando sus caminos se cruzaron en una final. En agosto de 2016 disputaron la Recopa Sudamericana. Santa Fe llegaba como campeón de la Sudamericana de 2015 y River como ganador de la Libertadores de 2015.
El primer encuentro, nuevamente en Bogotá, terminó 0-0. En la vuelta, disputada el 25 de agosto en Buenos Aires, River ganó 2-1 con goles de Sebastián Driussi y Lucas Alario. Horacio Salaberry descontó para Santa Fe. River levantó el título.
Dos años después volvieron a verse en la Copa Libertadores. Empataron sin goles en Buenos Aires y River se impuso 1-0 en Bogotá. Y después llegó 2021.
Ese antecedente permanece instalado en la memoria del fútbol sudamericano por circunstancias extraordinarias. Santa Fe y River compartieron grupo en la Copa Libertadores. Primero empataron 0-0 y posteriormente se enfrentaron en Buenos Aires en uno de los partidos más extraños de la historia reciente del torneo.
River sufrió un brote masivo de covid-19 que dejó a buena parte de su plantilla fuera de competencia. No tenía un arquero disponible y Marcelo Gallardo debió utilizar a Enzo Pérez bajo los tres palos. Tampoco contó con un banco de suplentes convencional.
Santa Fe tenía frente a sí una oportunidad que parecía irrepetible.
Pero perdió.
River ganó 2-1 con goles de Fabrizio Angileri y Julián Álvarez. Kelvin Osorio descontó para el conjunto colombiano.
Enzo Pérez terminó defendiendo el arco argentino y aquella noche se transformó en uno de esos episodios que sobreviven al resultado y permanecen asociados a la historia de ambos clubes.
Cinco años después, el escenario es diferente. No está en juego una fase de grupos. Tampoco hay puntos para administrar. Son 180 minutos y uno de los dos quedará eliminado.
Santa Fe llega a la serie después de recorrer un camino más largo. Durante el primer semestre participó en la Copa Libertadores, pero terminó tercero de su grupo y pasó a disputar la Sudamericana. Para alcanzar los octavos tuvo que superar el repechaje frente al Caracas FC.
Lo hizo con contundencia. El conjunto colombiano ganó 2-0 en Bogotá y posteriormente 3-0 en Venezuela para cerrar un marcador global de 5-0. Ese resultado permitió que Santa Fe se instalara entre los 16 equipos que continúan aspirando al título.
Ahora la exigencia aumenta considerablemente.
River no llega a Bogotá simplemente por el peso de su escudo. En la primera fase de la Sudamericana terminó como líder del grupo H con 14 puntos, producto de cuatro victorias y dos empates. Avanzó invicto y obtuvo directamente el cupo para los octavos de final, evitando el repechaje.
Sin embargo, el presente reciente del equipo argentino abre una ventana que Santa Fe intentará aprovechar.
River atravesó una fuerte crisis de resultados en las semanas anteriores al encuentro. Acumuló cuatro derrotas consecutivas en el torneo argentino y además quedó eliminado de la Copa Argentina frente a Aldosivi. La presión creció alrededor de un plantel construido para competir por títulos y no para encadenar derrotas.
El triunfo 2-0 sobre Argentinos Juniors, conseguido el fin de semana anterior al viaje a Bogotá, interrumpió esa secuencia negativa.
Thiago Almada apareció como titular y Ángel Correa convirtió uno de los goles. River recuperó oxígeno justo antes de la Sudamericana.
Ese resultado plantea una de las preguntas centrales de la noche: ¿el River que llegará a El Campín será el equipo golpeado por las derrotas recientes o el que mostró señales de recuperación ante Argentinos Juniors?
Santa Fe intentará que sea el primero.
La obligación del conjunto bogotano pasa principalmente por aprovechar el escenario. La serie comienza a 2.600 metros sobre el nivel del mar y termina en el Monumental. Eso convierte el encuentro de Bogotá en algo más que una simple ida.
Santa Fe necesita viajar a Buenos Aires con posibilidades reales de clasificación y, preferiblemente, con una ventaja.
Un empate podría mantener abierta la eliminatoria, pero trasladaría una parte considerable de la presión al partido de vuelta. Una derrota obligaría al conjunto colombiano a buscar la remontada en uno de los estadios más difíciles de Sudamérica.
Por eso buena parte de las expectativas alrededor del encuentro se concentra en la manera como Santa Fe maneje los primeros minutos.
La altura puede convertirse en un elemento favorable, pero no gana partidos por sí sola. El equipo bogotano necesitará intensidad, presión, circulación rápida de la pelota y, principalmente, efectividad.
En ese último aspecto aparece un nombre inevitable: Hugo Rodallega.
A sus 41 años, el delantero continúa siendo una de las referencias del equipo. Su experiencia internacional, capacidad para jugar dentro del área y lectura de los momentos del partido pueden resultar determinantes en una eliminatoria en la que las oportunidades probablemente sean menores que las que Santa Fe encontró frente al Caracas.
A su alrededor aparecen futbolistas capaces de darle movilidad al ataque. Nahuel Bustos constituye otra alternativa ofensiva, mientras que Jáder Obrian y Omar Fernández pueden aportar velocidad y desequilibrio por los costados.
Daniel Torres representa experiencia en la mitad de la cancha y será uno de los encargados de equilibrar un partido en el que Santa Fe deberá decidir hasta dónde atacar sin quedar expuesto.
Porque enfrente hay nombres que pueden castigar cualquier error.
River cuenta con futbolistas de amplia experiencia internacional. Nicolás Otamendi aporta jerarquía en defensa; Lucas Martínez Quarta ofrece salida desde atrás; Aníbal Moreno aparece como pieza de equilibrio en el mediocampo; Thiago Almada puede generar juego entre líneas; Ángel Correa tiene capacidad para romper defensas en espacios reducidos y Rafael Santos Borré conoce particularmente bien el fútbol colombiano y también la historia reciente de River.
La posible presencia de Borré agrega otro componente al encuentro. El delantero colombiano conoce El Campín, la altura y las características del fútbol del país.
Eso reduce, al menos individualmente, uno de los factores que normalmente favorecen a los equipos colombianos cuando reciben rivales extranjeros en Bogotá.
Las alineaciones definitivas solo quedarán establecidas antes del partido, pero diferentes reportes de la previa ubican a Santa Fe con una estructura cercana al 4-2-3-1, con Hugo Rodallega como referencia ofensiva, mientras River podría presentar una formación con Nicolás Otamendi, Lucas Martínez Quarta, Aníbal Moreno, Ángel Correa, Thiago Almada y Rafael Santos Borré entre sus principales alternativas.
El árbitro designado es el venezolano Jesús Valenzuela, según la información oficial del centro de partidos de la Conmebol.
El componente táctico será determinante. Santa Fe tiene razones para buscar el partido desde el comienzo, pero atacar sin control podría ser exactamente el escenario que River necesita. El conjunto argentino posee futbolistas capaces de aprovechar espacios cuando recupera la pelota y puede convertir una pérdida en mitad de cancha en una transición ofensiva rápida.
River, por su parte, tampoco necesita desesperarse. La eliminatoria termina en Buenos Aires.
Esa realidad puede modificar su estrategia. Para el equipo argentino, salir de Bogotá con la serie abierta sería un resultado administrable. Para Santa Fe, en cambio, la localía representa una oportunidad que difícilmente tendrá nuevamente durante estos octavos de final.
Por eso el marcador puede condicionar la tensión con el paso de los minutos.
Si Santa Fe marca primero, River estará obligado a adelantar líneas y el partido podría abrirse. Si el equipo argentino consigue ponerse en ventaja, el conjunto bogotano deberá evitar que la necesidad lo lleve a perder el equilibrio.
Y si el encuentro permanece empatado durante buena parte de la noche, la ansiedad podría trasladarse progresivamente hacia las tribunas y desde allí al terreno de juego.
Hay otro elemento que convierte esta noche en algo distinto.
El encuentro se disputa apenas nueve días después del terremoto que golpeó a Colombia y obligó precisamente a aplazar la eliminatoria. La tragedia dejó al fútbol en un plano secundario y llevó a Santa Fe a promover acciones de solidaridad con las víctimas.
El propio club informó sobre iniciativas de su comunidad para apoyar a los afectados.
El regreso del fútbol internacional a El Campín ocurre, por tanto, en medio de un contexto nacional extraordinario.
Pero cuando la pelota comience a rodar, la atención volverá inevitablemente al césped.
Allí Santa Fe tendrá frente a sí una oportunidad que trasciende la clasificación. Nunca le ha ganado
oficialmente a River. Ocho partidos. Cuatro empates. Cuatro derrotas.
La estadística no determina lo que ocurrirá este miércoles, pero explica una parte de la dimensión del desafío.
River también carga con sus propias obligaciones.
Su historia internacional convierte prácticamente cada participación continental en una exigencia. Ganó la Copa Sudamericana en 2014 y después construyó uno de los ciclos internacionales más importantes de su historia.
Regresar al torneo implica hacerlo con una expectativa difícil de esconder: pelear por el título.
Santa Fe conoce esa sensación.
En 2015 convirtió la Sudamericana en una de las páginas más importantes de sus más de ocho décadas de historia. Ahora vuelve a disputar una fase eliminatoria frente a uno de los clubes con mayor peso del continente.
Las circunstancias ofrecen argumentos para creer. River viene de atravesar una crisis deportiva. Santa Fe juega en Bogotá. El Campín estará de su lado. La altura puede aumentar el desgaste del visitante. Rodallega aporta experiencia. Y la eliminatoria comienza en territorio colombiano.
Pero también existen razones para la cautela. River permanece invicto en esta edición de la Sudamericana, ganó su grupo con 14 puntos, cuenta con una plantilla de enorme jerarquía y tiene la ventaja de disputar el partido definitivo en el Monumental. Además, la historia de los enfrentamientos directos favorece completamente al conjunto argentino.
Eso convierte el partido en un examen de madurez para Santa Fe. No bastará con competir. Tendrá que entender los momentos.
Saber cuándo presionar y cuándo esperar. Cuándo acelerar y cuándo administrar la pelota. Evitar faltas innecesarias cerca del área. Aprovechar las jugadas de pelota quieta. No conceder espacios a Correa, Almada o Borré. Y, sobre todo, transformar en goles las oportunidades que consiga.
Porque en una eliminatoria de este nivel una ocasión desperdiciada en Bogotá puede terminar pesando una semana después en Buenos Aires.
La revancha se disputará el 26 de agosto en el Monumental. Si después de los dos partidos existe igualdad en el marcador global, la clasificación se definirá mediante tiros desde el punto penal.
Pero todavía falta mucho para pensar en esa noche.
Primero está Bogotá. Primero está El Campín. Primero están noventa minutos en los que Santa Fe intentará demostrar que los antecedentes sirven para explicar la historia, pero no necesariamente para anticipar el futuro.
River llega con el peso de su nombre, su invicto en la Sudamericana y una plantilla diseñada para competir por títulos. Santa Fe responde con su estadio, su gente, la altura y la posibilidad de convertir la primera parte de la serie en una prueba incómoda para el conjunto argentino.
El historial dice que Santa Fe nunca pudo ganarle. El presente dice que River puede ser vulnerable. La Copa dice que solamente uno seguirá adelante. Y Bogotá tendrá esta noche la primera palabra.
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