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Por qué la goleada de Estados Unidos sobre Paraguay ya es una de las más históricas en los Mundiales

El equipo anfitrión pulverizó las estadísticas.

Mauricio Pochettinno técnico de EE.UU. felicita a los jugadores
Por [email protected] | Sáb, 13/06/2026 - 13:00 Créditos: Mauricio Pochettinno técnico de EE.UU. felicita a los jugadores. FIFA.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 apenas comenzó y ya tiene una de sus grandes historias. Estados Unidos no solo derrotó 4-1 a Paraguay en el SoFi Stadium de California.

Lo hizo con una autoridad, una intensidad y una calidad futbolística que dejaron la sensación de que el equipo dirigido por Mauricio Pochettino está listo para protagonizar la mejor actuación de su historia en una Copa del Mundo.

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Ante más de 70.000 aficionados que convirtieron el estadio en una auténtica fiesta, la selección estadounidense ofreció una exhibición que combinó presión alta, circulación precisa, velocidad por las bandas y una contundencia ofensiva pocas veces vista en el combinado norteamericano.

La victoria fue mucho más que tres puntos. Fue una declaración de intenciones.

Un vendaval desde el primer minuto

Estados Unidos salió decidido a imponer condiciones desde el saque inicial.

Apenas habían transcurrido siete minutos cuando un autogol paraguayo abrió el marcador y desató la euforia en las tribunas. Pero aquello era apenas el comienzo de una noche histórica.

El equipo de Pochettino dominó la posesión, ocupó constantemente el campo rival y sometió a Paraguay a una presión asfixiante que le impidió desarrollar el juego que caracteriza a los equipos dirigidos por Gustavo Alfaro.

Las estadísticas reflejaron ese dominio: Estados Unidos tuvo cerca del 65 % de la posesión y generó 16 remates frente a nueve de los sudamericanos.

La figura de Christian Pulisic apareció como conductor de cada ataque peligroso. Su movilidad entre líneas y su capacidad para desequilibrar fueron fundamentales para romper la estructura defensiva paraguaya.

La noche de Folarin Balogun

Si hubo un nombre propio que simbolizó el poder ofensivo estadounidense fue el de Folarin Balogun.

El delantero marcó dos goles antes del minuto 46 y protagonizó una actuación que ya ocupa un lugar especial en los libros de historia mundialista.

Su primer tanto llegó al minuto 31 y el segundo en tiempo de reposición de la primera mitad, permitiendo que Estados Unidos se marchara al descanso con una contundente ventaja de 3-0.

La actuación del atacante adquirió una dimensión histórica porque se convirtió en el primer futbolista desde Miroslav Klose en 2002 que marca dos goles antes del minuto 31 en su debut como titular en una Copa del Mundo, según los datos recopilados por estadísticos internacionales compartidos durante el encuentro.

Además, Balogun se convirtió apenas en el segundo jugador de una selección de Concacaf que consigue un doblete en la primera mitad de un partido mundialista, una marca que permanecía intacta desde Bert Patenaude en el primer

Mundial disputado en Uruguay en 1930

La coincidencia resulta extraordinaria: ambos hitos ocurrieron frente a Paraguay y con 96 años de diferencia.

Los primeros 45 minutos ofrecieron imágenes que parecían impensables para una selección que durante décadas luchó por competir de igual a igual con las grandes potencias.

Estados Unidos llegó al descanso ganando 3-0, convirtiéndose en la primera selección de Concacaf que logra una ventaja de tres goles sobre un equipo de Conmebol al término del primer tiempo en toda la historia de los Mundiales.

La superioridad fue tan evidente que Paraguay apenas encontró espacios para reaccionar. El conjunto guaraní acumuló faltas, tarjetas amarillas y dificultades para contener la velocidad de los locales.

Más allá del resultado

Durante años, el fútbol estadounidense fue asociado con disciplina táctica, esfuerzo físico y organización defensiva. Esta vez mostró algo diferente: creatividad, asociaciones rápidas, talento individual y una confianza propia de los grandes aspirantes.

Pochettino parece haber logrado algo que durante décadas persiguieron distintos entrenadores: convertir a Estados Unidos en un equipo capaz de dominar partidos importantes sin renunciar a la intensidad.

El dato de Chris Richards resume perfectamente esa evolución. El defensor completó los 83 pases que intentó, estableciendo el mejor registro de precisión para cualquier jugador en un partido mundialista desde que existen estadísticas detalladas en 1966.

Una victoria histórica sobre Sudamérica

El 4-1 también quedó registrado como una de las mayores victorias de una selección de Concacaf sobre una de Conmebol en una Copa del Mundo.

De hecho, igualó el mayor margen histórico conseguido por una selección norteamericana frente a un rival sudamericano en el torneo. La curiosidad es que la única vez que había ocurrido fue también con Estados Unidos derrotando a Paraguay, cuando ganó 3-0 en el Mundial de 1930.

Noventa y seis años después, la historia volvió a repetirse. El rival volvió a ser Paraguay.

El vencedor volvió a ser Estados Unidos.
Y la diferencia volvió a ser de tres goles.

El inicio de algo grande

El descuento paraguayo en la segunda mitad apenas alteró el desarrollo del encuentro. Estados Unidos mantuvo el control y terminó sellando la goleada con un gol de Giovanni Reyna en tiempo añadido para establecer el definitivo 4-1.

La selección estadounidense quedó líder del Grupo D y envió un mensaje contundente a Australia, Turquía y al resto de selecciones participantes.

Convertirse en una potencia futbolística capaz de competir por algo más que una clasificación a octavos de final.

La noche de Los Ángeles no garantiza títulos ni asegura una campaña histórica. Pero sí dejó una impresión difícil de ignorar.

Por primera vez en mucho tiempo, el anfitrión no parece un simple participante privilegiado por jugar en casa.

Parece un equipo preparado para desafiar los límites de su propia historia.
Y si el debut fue una muestra de lo que puede ofrecer esta generación liderada por Pulisic, Balogun, Reyna, Adams y Richards, el Mundial 2026 podría convertirse en el torneo que cambie para siempre la percepción del fútbol estadounidense ante el mundo.

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