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Opus Dei cumple 75 años en Colombia: el legado de una institución que apuesta por transformar personas
Se conmemora un nuevo aniversario de su presencia en el país. Historia, obras, y expansión de una obra espiritual y social en Colombia de continúa transformación.
Por estos días, mientras el Opus Dei conmemora sus 75 años de presencia en Colombia y se prepara para celebrar en 2028 el centenario de su fundación, una pregunta sigue despertando interés dentro y fuera de la Iglesia Católica: ¿qué es realmente el Opus Dei?
Cuando se busca información sobre el Opus Dei, es frecuente encontrar referencias a controversias, influencia, élites o poder. Sin embargo, quienes han estudiado su historia suelen coincidir en que su propuesta original es mucho más sencilla.
Fundado por San Josemaría Escrivá el 2 de octubre de 1928 en Madrid, el Opus Dei nació con una idea que entonces resultaba novedosa: la santidad no era un camino reservado a sacerdotes, religiosos o personas apartadas del mundo. Cualquier persona podía encontrar a Dios en su trabajo, en su familia y en las responsabilidades ordinarias de cada día.
Esa visión permanece en el centro de su identidad. El comunicador español Jack Valero, autor del libro Opus Dei sin filtros, lo resume de una manera particularmente clara: el Opus Dei no tiene un plan para cambiar el mundo; tiene una propuesta para ayudar a cambiar personas. Según esa lógica, son las personas transformadas quienes terminan influyendo positivamente en sus hogares, profesiones, empresas, universidades y comunidades.
Una expansión rápida para su tiempo
La llegada del Opus Dei a Colombia ocurrió el 13 de octubre de 1951, apenas 23 años después de su fundación en España. Hoy esa cifra podría parecer normal, pero en una época de viajes lentos, comunicaciones limitadas y escasa conectividad internacional, representó una expansión particularmente rápida.
El primero fue el sacerdote español Teodoro Ruiz Jusué, quien llegó a Bogotá para iniciar una labor que comenzaría de forma modesta y que con el tiempo se extendería por todo el país.
Los primeros años se desarrollaron principalmente en Bogotá. Posteriormente la presencia del Opus Dei llegó a Medellín, Manizales y Cali. Más adelante se estableció también en Cartagena, Barranquilla, Bucaramanga y otras ciudades y municipios colombianos, donde actualmente desarrolla actividades de formación espiritual y humana para jóvenes, profesionales, matrimonios, familias y sacerdotes.
Según las reseñas históricas de la institución, su crecimiento en Colombia se produjo a través del trabajo directo con personas, familias y centros educativos, más que mediante campañas de expansión institucional.
Presencia en más de 70 países
Actualmente el Opus Dei está presente en alrededor de 70 países distribuidos en los cinco continentes. Entre ellos se encuentran Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, España, Portugal, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Nigeria, Kenia, Sudáfrica, Filipinas, Japón, Corea, India y Australia, entre muchos otros.
La institución está organizada territorialmente en circunscripciones regionales que agrupan los distintos países donde desarrolla su actividad pastoral.
Aunque habitualmente se le asocia con determinados sectores profesionales o académicos, la realidad global es mucho más diversa. Sus miembros incluyen empresarios, trabajadores manuales, agricultores, profesores, estudiantes, médicos, ingenieros, amas de casa y sacerdotes.
Más de 100.000 personas vinculadas
A nivel mundial, el Opus Dei reúne cerca de cien mil fieles entre laicos y sacerdotes. La mayor parte son hombres y mujeres casados que viven con sus familias y desarrollan profesiones ordinarias. Una proporción menor corresponde a personas con compromiso de celibato y a sacerdotes de la prelatura.
Su estructura canónica es singular dentro de la Iglesia Católica. Desde 1982 tiene la condición de prelatura personal, figura jurídica creada por la Santa Sede para desarrollar determinadas tareas pastorales de alcance internacional.
Colombia, entre la educación y la formación
Durante estas siete décadas y media, el Opus Dei ha impulsado y acompañado numerosas iniciativas educativas y sociales en Colombia. Algunas de las más conocidas están relacionadas con instituciones universitarias, colegios, programas de formación profesional y escuelas de negocios que han influido en distintas generaciones de estudiantes y profesionales.
Sin embargo, quienes conocen la vida cotidiana de la institución suelen insistir en que el núcleo de su actividad no está en las obras corporativas sino en la formación personal.
En una reciente reflexión con motivo de los 75 años, el vicario regional para Colombia y Ecuador, Jorge Mario Jaramillo Echeverry, recordó que el propósito fundamental del Opus Dei sigue siendo ayudar a hombres y mujeres a encontrar a Dios en medio de la vida ordinaria y a vivir con sentido cristiano sus responsabilidades familiares, profesionales y sociales.
La historia del Opus Dei tampoco ha estado exenta de cuestionamientos.
En los últimos años algunas personas que pertenecieron a la institución han expresado experiencias dolorosas o críticas sobre su paso por ella. La visibilidad de esos testimonios ha generado debates dentro y fuera de la Iglesia.
Frente a estas situaciones, responsables y miembros de la institución han insistido en la necesidad de escuchar a quienes se sienten heridos. Jack Valero ha señalado públicamente que cuando una persona se acerca a una organización que quiere ayudar espiritualmente y termina marchándose con dolor, ese sufrimiento merece atención y escucha. La postura expresada desde distintos ámbitos del Opus Dei ha sido reconocer el dolor de quienes han tenido experiencias negativas y revisar aquello que no se haya hecho correctamente. Esta actitud forma parte también del proceso de reflexión y mejora que viven muchas instituciones eclesiales en la actualidad.
Un legado que mira al centenario
En 2028 el Opus Dei cumplirá cien años de existencia. Para una institución de la Iglesia Católica sigue siendo una realidad relativamente joven. Sin embargo, su implantación internacional, con presencia en unos 70 países y cerca de cien mil fieles, muestra una expansión notable desde aquel 2 de octubre de 1928.
En Colombia, donde llegó apenas veintitrés años después de su nacimiento, el aniversario número 75 invita a mirar más allá de los estereotipos.
Su propuesta, al menos en sus formulaciones más esenciales, sigue siendo la misma con la que desembarcó en Bogotá en 1951: no cambiar el mundo mediante un programa propio de poder o influencia, sino ayudar a que las personas descubran que su trabajo, su familia y su vida cotidiana pueden convertirse en una oportunidad para servir a los demás y construir una sociedad mejor.
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