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Álex Saab habla sobre elecciones en Colombia tras ser acusado de testaferro de Maduro
Publica hilo sobre hipocresía en Colombia y enciende debate electoral.
Álex Nain Saab Morán es un empresario colombiano, naturalizado venezolano, cuyo nombre ha estado ligado durante más de una década a investigaciones de corrupción, lavado de dinero y negocios con el gobierno de Nicolás Maduro.
Apareció en filtraciones internacionales como Panama Papers, Pandora Papers y FinCEN Files por transacciones vinculadas a contratos con el Estado venezolano y el uso de empresas fachada para ventajas económicas que no tenían otros exportadores colombianos.
Desde 2017, Saab ha sido señalado como presunto testaferro de Maduro, acusado de utilizar empresas y contratos estatales para mover cientos de millones de dólares sin una transparencia clara ni rendición de cuentas.
En 2020 fue detenido en Cabo Verde mientras viajaba de Caracas a Teherán, bajo una notificación roja de Interpol por cargos de lavado de dinero en Estados Unidos.
Su extradición a ese país fue aprobada por tribunales de Cabo Verde, y en 2021 fue trasladado a Miami para enfrentar cargos federales por conspiración para lavar dinero y otros delitos relacionados con contratos estatales venezolanos.
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Saab pasó varios años en custodia estadounidense. En diciembre de 2023 fue liberado en un intercambio de prisioneros negociado entre Washington y Caracas, que también incluyó la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela.
En ese contexto, Álex Saab publicó recientemente un hilo en su cuenta de X, que inicia con la frase: “Colombia: no les diré por quién votar. Habrá señales.” (sic)
A partir de esa premisa, el empresario desarrolló una reflexión extensa sobre la vida política colombiana, en la que plantea que el problema real de Colombia no es la división entre izquierda y derecha, sino una “hipocresía estructural” que, según él, sostiene el sistema político del país.
Saab argumenta que la hipocresía permite hablar de virtud sin practicarla y de cambio sin asumir costos reales.
Esa hipocresía, a su juicio, está presente en todos los sectores políticos.
En la derecha, que en su visión promueve la libertad empresarial pero defiende privilegios disfrazados de mercado libre.
En la izquierda, que denuncia desigualdades pero prioriza superioridad moral sobre responsabilidad histórica.
En el centro, que se presenta como prudente pero, según el mensaje, confunde moderación con inacción.
El hilo también critica el uso del discurso moral en lugar de la ejecución de políticas concretas, y señala que cuando el megáfono mediático reemplaza las ideas profundas, “el país retrocede”.
Saab concluye que las próximas elecciones en Colombia no serán entre izquierda y derecha, sino entre “hipocresía cómoda vs. responsabilidad de decidir”.
El texto completo
Colombia: no les diré por quién votar.
Habrá señales.
El resto está aquí ⬇️ abro hilo :
Colombia no está rota por ideologías.
Está sostenida —artificialmente— por la hipocresía.
Ese es el verdadero cemento del sistema. 🧵👇
La hipocresía permite hablar de virtud sin practicarla, de justicia sin asumirla y de cambio sin pagarlo. Gracias a ella, todo parece moverse mientras nada cambia.
Aquí se pronuncian grandes palabras con la boca llena y se toman pequeñas decisiones con las manos escondidas. Se invoca la democracia no para obedecerla, sino para usar su nombre
La hipocresía no pertenece a un bando.
Es transversal.
Vive en la derecha que protege privilegios, en la izquierda que teme ejercer poder real y en el centro que confunde moderación con inmovilidad.
Todos dicen servir al pueblo.
Pocos están dispuestos a asumir el costo de transformarlo. Gobernar no es tener razón: es decidir.
Una parte de la izquierda denuncia desigualdades reales, pero muchas veces prefiere la superioridad moral a la responsabilidad histórica. La justicia social no se proclama: se ejecuta.
La derecha invoca empresa y libertad, pero se incomoda cuando la competencia es real y las reglas son iguales. Eso no es mercado: es privilegio con discurso.
El centro se presenta como prudente, pero su prudencia suele ser una forma elegante de no elegir. No todo equilibrio es sabiduría. A veces es solo parálisis con buenos modales.
La hipocresía necesita enemigos externos para no mirarse al espejo. Compararse sirve para tranquilizar conciencias, pero ningún país se eleva señalando afuera lo que se niega a corregir adentro.
Se habla de moral como sustituto de carácter.
Se habla de valores como excusa para no ejercer poder.
Se habla de diálogo para evitar decisiones.
Hay candidaturas que nacen del escándalo y creen que el ruido reemplaza a las ideas.
Cuando el megáfono se convierte en programa, el país retrocede.
Los países no se construyen con discursos morales, sino con voluntad.
Y la voluntad implica riesgo.
Ninguna nación se sostiene sin empresa, trabajo, inversión y riesgo.
Tampoco sin Estado, reglas claras, justicia social y horizonte común. Fingir que una parte sobra es hipocresía.
El problema no es ganar dinero.
El problema es ganar sin mérito, sin riesgo y sin responsabilidad. Eso no es éxito: es parasitismo legitimado.
El pueblo no es una consigna ni una estadística.
Es voluntad acumulada.
Cuando esa voluntad es usada o postergada, el desencanto se vuelve norma.
Solo quien cree en un país se atreve a incomodarlo.
Colombia no necesita más predicadores. Necesita menos hipocresía y más carácter.
Las próximas elecciones no enfrentarán izquierda y derecha.
Enfrentarán algo más profundo:
hipocresía cómoda vs. responsabilidad de decidir.
Las próximas elecciones no enfrentarán izquierda y derecha.
Enfrentarán algo más profundo:
hipocresía cómoda vs. responsabilidad de decidir.
Los países se degradan cuando normalizan la mentira y la renuncia a decidir.
Lo que hoy incomoda, mañana define.
¿Indignante?
El tiempo suele tener otro criterio.
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