La jornada estuvo acompañada por una masiva asistencia de público, que desde tempranas horas ocupó andenes y palcos para presenciar el paso de los grupos folclóricos. La guacherna, considerada uno de los eventos más antiguos y simbólicos del Carnaval, volvió a convertirse en un espacio de encuentro familiar y de expresión popular, donde las velas, faroles y juegos de luces aportaron un ambiente festivo y cargado de simbolismo.
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Además de su valor cultural, la noche de guacherna tuvo un impacto significativo en la dinámica turística y económica de Barranquilla. Hoteles, restaurantes y comerciantes reportaron alta afluencia de visitantes, mientras que las autoridades desplegaron operativos de seguridad y movilidad para garantizar el desarrollo normal del evento. La celebración reafirmó el papel del Carnaval como uno de los principales motores culturales y económicos de la ciudad.