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Refuerzan la seguridad en Cundinamarca: 450 policías más para proteger a los ciudadanos
La apuesta de Jorge Rey y la Policía Nacional para blindar ciudades, barrios y veredas en el departamento.
La seguridad volvió a instalarse en el centro de la discusión pública de Cundinamarca. En un departamento atravesado por el crecimiento urbano acelerado, la expansión de corredores criminales y las presiones derivadas de la cercanía con Bogotá, el gobernador Jorge Emilio Rey Ángel apareció junto a la Dirección General de la Policía Nacional para anunciar una de las apuestas más ambiciosas de fortalecimiento institucional en los últimos años: la llegada de 450 nuevos uniformados que serán desplegados en municipios, barrios, centros poblados y veredas del territorio cundinamarqués.
El anuncio no ocurrió en medio de una coyuntura menor. Durante meses, alcaldes municipales venían insistiendo en el déficit de pie de fuerza frente al crecimiento demográfico de municipios como Mosquera, Madrid, Funza, Facatativá, Chía, Zipaquirá y Soacha, zonas donde el aumento de la población ha estado acompañado por fenómenos de microtráfico, hurtos, extorsiones y disputas criminales asociadas a estructuras que buscan consolidar corredores entre Bogotá y el centro del país. La presión también venía desde las zonas rurales, especialmente en provincias como Sumapaz, donde campesinos reclamaban mayor presencia estatal ante hechos de inseguridad y amenazas contra comunidades.
Fue en ese escenario donde la Gobernación de Cundinamarca consolidó conversaciones con la Dirección Nacional de la Policía, hoy encabezada por el general William Oswaldo Rincón Zambrano, oficial con más de tres décadas de trayectoria dentro de la institución y experiencia en operaciones estratégicas, seguridad rural e investigación criminal.
El acuerdo derivó en la incorporación de 450 policías adicionales que comenzarán a fortalecer la vigilancia y las capacidades operativas del departamento. La distribución no será uniforme.
Según lo anunciado por la administración departamental, 200 uniformados llegarán a la región Sabana Norte y Occidente, una de las zonas con mayor expansión urbana y presión delincuencial del país; otros 150 reforzarán la Policía Metropolitana de Soacha, mientras que 100 más serán destinados al Departamento de Policía de Cundinamarca, incluyendo presencia prioritaria en la región del Sumapaz.
La escena política y operativa detrás del anuncio también tiene un componente simbólico. Jorge Rey, reelegido gobernador para el periodo 2024-2027 con la mayor votación registrada en la historia del departamento, ha insistido desde el inicio de su administración en que la seguridad debe abordarse desde una lógica regional y no únicamente municipal.
La tesis del mandatario parte de un diagnóstico evidente: las estructuras delincuenciales ya no actúan limitadas por fronteras administrativas. Un hurto cometido en Soacha puede terminar con redes operando en Bogotá; bandas dedicadas al microtráfico se desplazan entre municipios de la Sabana; organizaciones criminales usan corredores rurales para movilizar drogas, armas o dinero ilegal. Bajo esa lógica, el gobernador ha buscado articular tecnología, inteligencia y aumento del pie de fuerza.
En las últimas semanas, Rey había venido reiterando públicamente la necesidad de robustecer la presencia policial en los llamados “cascos urbanos de rápido crecimiento”, especialmente tras la entrada en operación del Departamento de Policía de La Sabana, cuya sede principal quedó establecida en Mosquera.
Allí, durante un acto institucional, el gobernador destacó la coordinación permanente con el general William Rincón y la necesidad de evitar la penetración de estructuras criminales en municipios que crecieron aceleradamente en población y comercio durante la última década.
La llegada de los 450 policías no aparece aislada. Hace apenas meses, otros 300 uniformados ya habían sido incorporados para fortalecer grupos especializados como el Gaula y el GOES, enfocados en combatir extorsión, secuestro y operaciones especiales. La estrategia actual busca consolidar un esquema de presencia simultánea en zonas urbanas y rurales.
En Soacha, por ejemplo, el desafío tiene dimensiones metropolitanas. La ciudad, considerada una extensión urbana de Bogotá, concentra altos índices de hurtos, homicidios y economías ilegales vinculadas al microtráfico.
Los 150 nuevos policías destinados a esa jurisdicción llegan en medio de constantes reclamos ciudadanos por mayor vigilancia en barrios periféricos y corredores de transporte.
Mientras tanto, en la Sabana Occidente y Norte, el fenómeno es distinto pero igualmente complejo. Municipios convertidos en polos industriales y logísticos enfrentan nuevas modalidades de criminalidad asociadas al crecimiento económico: robos a carga, extorsiones a comerciantes, asaltos en conjuntos residenciales y estructuras móviles que aprovechan la conectividad vial para desplazarse rápidamente entre municipios.
En Sumapaz, la situación tiene otra dimensión. Allí, el refuerzo policial apunta especialmente a garantizar presencia institucional en áreas rurales históricamente golpeadas por el conflicto armado y donde persisten preocupaciones por seguridad campesina y control territorial.
Parte de los nuevos uniformados serán priorizados para municipios como Silvania, Granada y Fusagasugá, donde líderes comunitarios habían solicitado mayor acompañamiento estatal.
El general William Oswaldo Rincón Zambrano ha insistido en que uno de los objetivos centrales de la Policía Nacional es recuperar la confianza ciudadana mediante presencia efectiva en territorio.
Su trayectoria dentro de la institución incluye operaciones contra organizaciones criminales, dirección de seguridad rural y coordinación de unidades élite.
Desde la Policía Nacional también se ha destacado que el fortalecimiento de Cundinamarca responde a una lectura estratégica: el departamento rodea a Bogotá y constituye uno de los principales corredores económicos y poblacionales del país.
Lo que ocurra en sus municipios impacta directamente la seguridad de la capital y de varias regiones conectadas con el centro de Colombia.
Sin embargo, detrás de los anuncios persisten desafíos enormes. Expertos en seguridad han advertido durante años que el aumento del pie de fuerza, aunque importante, no resulta suficiente si no viene acompañado por inteligencia criminal, fortalecimiento judicial, inversión social y coordinación interinstitucional.
En muchos municipios cundinamarqueses, el crecimiento urbano ha sido más rápido que la capacidad estatal para responder con infraestructura policial, cámaras de vigilancia y sistemas de reacción.
La Gobernación ha planteado que esta nueva fase también estará acompañada de inversión tecnológica y fortalecimiento operativo.
El propósito es que la presencia policial no se limite a vigilancia estática, sino que permita anticiparse a fenómenos criminales mediante análisis territorial y despliegues focalizados.
Mientras tanto, en plazas municipales, estaciones de policía y alcaldías locales, el anuncio fue recibido como una señal de alivio en medio de crecientes preocupaciones por seguridad.
En barrios donde la ciudadanía venía reclamando más patrullajes y respuesta institucional, la expectativa es que la llegada de los nuevos uniformados logre traducirse en presencia real y no únicamente en cifras oficiales.
La apuesta de Jorge Rey y del general William Oswaldo Rincón termina convertida así en una prueba política e institucional para Cundinamarca: demostrar si el fortalecimiento del pie de fuerza puede convertirse en un muro de contención frente a la expansión de la criminalidad en uno de los departamentos más dinámicos y estratégicos de Colombia.
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