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Barranquilla rompe barreras: la única ciudad que asumió el 100% del transporte público para discapacitados

El beneficio también incluye a sus cuidadoras.

Personas con discapacidad y sus cuidadores de Barranquilla
Por Agencia Periodismo Investigativo | Sáb, 23/05/2026 - 11:04 Créditos: Personas con discapacidad y sus cuidadores de Barranquilla. Tomada de Alcaldía de Barranquilla

Ahora el día comienza de manera diferente en Barranquilla. En las estaciones de Transmetro no solo se escucha el sonido habitual de buses articulados llegando y saliendo de los vagones; también hay abrazos, lágrimas discretas y rostros de alivio.

Muchas de las personas que llegan hasta allí no celebran un simple subsidio. Festejan la posibilidad de volver a moverse. Moverse para una terapia. Para una cita médica. Para estudiar. Para trabajar. Para existir en la ciudad sin depender de la caridad, del favor ajeno o del cálculo doloroso de si alcanza el dinero para el transporte o para la comida del día.

Con una inversión superior a los 2.800 millones de pesos provenientes de recursos públicos distritales, Barranquilla puso en marcha un programa que no tiene precedente en Colombia: subsidiar el 100 % del transporte público para personas con discapacidad con alta dependencia de cuidado y para quienes las acompañan diariamente.

Más de 3.000 beneficiarios comenzarán a recibir pasajes gratuitos en Transmetro y en el sistema colectivo Sibus. La iniciativa convirtió a la capital del Atlántico en la primera y única ciudad del país en asumir totalmente el costo de la movilidad de esta población.

Mientras otras ciudades ofrecen descuentos parciales, beneficios focalizados o apoyos limitados, Barranquilla decidió cubrir la totalidad del pasaje tanto para la persona en condición de discapacidad como para su cuidador.

El alcalde Alejandro Char resumió el alcance social del proyecto en una frase que rápidamente caló: “Estamos haciendo historia en Colombia”.

Y aunque el anuncio tiene una evidente dimensión social, detrás de esa frase hay una realidad silenciosa que durante años vivieron miles de familias barranquilleras.

Porque para muchas personas con discapacidad, el principal obstáculo no era únicamente la enfermedad, la limitación física o la necesidad de apoyo permanente. El mayor obstáculo era salir de casa.

En numerosos barrios populares de Barranquilla, las familias debían decidir entre pagar varios trayectos de transporte para acudir a terapias o utilizar ese dinero para cubrir medicamentos, alimentación o servicios básicos.

En muchos casos, las madres cuidadoras terminaban abandonando trabajos informales o dejando de asistir a controles médicos porque simplemente no podían asumir diariamente el costo de movilizarse con un hijo, un padre o un familiar dependiente.

Una de las historias recogidas durante la jornada de entrega de tarjetas refleja esa realidad con crudeza. Una madre relató que pasó cerca de un año sin poder llevar a su hijo a terapias porque no tenía cómo pagar el transporte.

Por eso el programa no se limita a entregar pasajes. En el fondo, busca devolver autonomía. El llamado “Estímulo Social de Transporte” fue diseñado para personas con alta dependencia de cuidado y/o que requieren apoyo para desarrollar actividades básicas de la vida diaria.

También cobija a sus cuidadores, quienes históricamente han cargado sobre sus hombros una labor invisible y poco reconocida por las políticas públicas.

Alcalde de Barranquilla, Alejandro Char Chaljub. Tomada de Alcaldía de Barranquilla

 

Los requisitos establecidos por el Distrito apuntan a focalizar el beneficio en población vulnerable. Las personas deben estar clasificadas en Sisben IV en grupos A, B o C, residir en Barranquilla, estar registradas en el Registro de Localización y Caracterización de Personas con Discapacidad (RLCPD) y pertenecer al régimen subsidiado de salud.

Además, tanto la persona con discapacidad como el cuidador deben vivir en el mismo domicilio y no ser beneficiarios de otros subsidios equivalentes de transporte.

La documentación requerida incluye certificado de discapacidad con diagnóstico CIE-10, copia de documentos de identidad, certificación de afiliación al régimen subsidiado y soporte del grupo SISBÉN IV.

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Los puntos habilitados para el registro funcionan en la sede principal de la Alcaldía de Barranquilla, en el Centro Llegue Metropolitano y en la oficina de atención ciudadana de la localidad Riomar, según se detalla en las piezas informativas divulgadas por el Distrito.

La dimensión humana del programa se conecta también con una discusión más amplia sobre accesibilidad y derecho a la ciudad.

Durante años, expertos en movilidad y discapacidad han advertido que muchas políticas públicas se concentran en infraestructura, rampas o adecuaciones físicas, pero olvidan que la barrera económica del transporte termina excluyendo igualmente a miles de personas.

En términos prácticos, de poco sirve contar con buses adaptados si una familia no tiene dinero para pagar el trayecto.

Barranquilla decidió intervenir precisamente en ese punto crítico. El beneficio contempla hasta 24 pasajes mensuales para la persona con discapacidad y otros 24 para su cuidador, utilizables tanto en Transmetro como en Sibus.

La medida adquiere aún más relevancia en un contexto nacional donde los sistemas masivos atraviesan dificultades financieras y donde el aumento de tarifas suele golpear con mayor dureza a los sectores vulnerables.

Bogotá, por ejemplo, implementó subsidios parciales mediante la tarjeta TuLlave para personas en condición de discapacidad y otros grupos vulnerables, pero no cubre el 100 % de los trayectos ni incluye un esquema integral para cuidadores.

En Barranquilla, en cambio, la apuesta fue más allá del alivio económico parcial. La ciudad optó por asumir completamente el costo del desplazamiento de esta población específica.

El sistema Transmetro, que moviliza millones de pasajeros al año y constituye el eje de transporte masivo de la ciudad desde 2010, se convierte así en el escenario de una política social inédita.

La imagen de las primeras tarjetas entregadas en estaciones del sistema terminó cargándose de simbolismo. Para muchas familias, no se trataba únicamente de un plástico recargable.

Era la posibilidad de dejar de contar monedas antes de salir de casa. También era el reconocimiento institucional a una población que durante años permaneció relegada dentro de las prioridades urbanas.

Las cuidadoras, especialmente madres y abuelas, aparecieron en el centro del programa como actoras fundamentales.

En Colombia, buena parte del trabajo de cuidado recae históricamente sobre mujeres que deben abandonar oportunidades laborales o educativas para atender permanentemente a familiares dependientes.

El subsidio, aunque focalizado en transporte, termina impactando también las dinámicas económicas y emocionales de esos hogares.

El alcalde Alejandro Char aseguró que el programa seguirá ampliándose el próximo año para beneficiar a más personas.

Más allá de las cifras, Barranquilla abrió un debate nacional sobre cómo deben entenderse las políticas de movilidad incluyente.

Durante décadas, el transporte público fue concebido únicamente como una discusión de rutas, buses y tarifas. Hoy, la ciudad intenta convertirlo también en una herramienta de inclusión social.

Porque detrás de cada subsidio entregado hay una historia distinta: un niño que podrá regresar a terapias, una madre que podrá acompañarlo sin endeudarse, un adulto mayor con discapacidad que podrá acudir a controles médicos, una familia que dejará de escoger entre transportarse o comer. Y quizá allí radica el verdadero impacto de la medida.

No solamente en mover pasajeros. Sino en permitir que miles de personas vuelvan a sentirse parte de la ciudad.

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