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¿Por qué el cielo se volvió rojo tras los terremotos en Venezuela? La ciencia lo explica
Expertos explican el origen del cielo rojo tras los terremotos en Venezuela mientras aumenta el balance de muertos, heridos y desaparecidos.
Las impactantes imágenes de un cielo teñido de rojo que comenzaron a circular desde distintas regiones de Venezuela, horas después del doble terremoto que sacudió al país, despertaron toda clase de especulaciones en redes sociales.
Mientras algunos usuarios atribuyeron el fenómeno a una supuesta consecuencia directa de los movimientos telúricos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados con apenas 39 segundos de diferencia, especialistas en ciencias de la Tierra y de la atmósfera coinciden en que no existe evidencia científica que relacione el color rojizo del cielo con la actividad sísmica.
El inusual doblete sísmico ocurrido sobre el sistema de fallas asociado al límite entre las placas del Caribe y Suramérica liberó una enorme cantidad de energía acumulada durante más de un siglo, provocando severos daños en infraestructura, centenares de réplicas y una de las mayores emergencias naturales registradas en Venezuela en décadas.
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Los terremotos, considerados por los expertos como un fenómeno poco frecuente debido a que dos eventos principales ocurrieron casi simultáneamente, afectaron especialmente a los estados de Yaracuy, Carabobo, La Guaira y la Gran Caracas.
En medio de la tragedia comenzaron a difundirse videos en los que podía observarse un intenso resplandor rojizo cubriendo el horizonte durante el atardecer y las primeras horas de la noche.
Las imágenes rápidamente se viralizaron acompañadas de afirmaciones según las cuales el color del cielo era consecuencia del terremoto o incluso un presagio de nuevos movimientos sísmicos.
Sin embargo, especialistas consultados recuerdan que, hasta el momento, la comunidad científica no ha demostrado que los terremotos produzcan cambios permanentes en el color del cielo.
Aunque desde hace décadas existe una hipótesis conocida como "luces de terremoto" o earthquake lights, este fenómeno continúa siendo objeto de investigación y corresponde a destellos luminosos muy localizados que aparecen, en casos excepcionales, durante o inmediatamente antes de algunos sismos debido a posibles procesos eléctricos generados por la fractura de determinadas rocas.
No se trata de un cielo completamente rojo ni constituye un indicador confiable para anticipar terremotos.
Meteorólogos explican que el tono rojizo observado sobre Venezuela tiene una explicación mucho más consistente desde el punto de vista atmosférico.
Durante el atardecer, cuando el Sol se encuentra muy cerca del horizonte, la luz debe atravesar una mayor cantidad de atmósfera. En ese recorrido se dispersan principalmente las longitudes de onda azules, mientras predominan los colores rojos y anaranjados.
Si además existen partículas de polvo, humo, aerosoles o una elevada concentración de humedad, el efecto óptico se intensifica y puede producir cielos de un rojo muy intenso.
Las condiciones atmosféricas posteriores al terremoto también pudieron favorecer esa percepción. Los derrumbes de edificaciones, el colapso de estructuras de concreto, la remoción de grandes cantidades de tierra y polvo, junto con incendios aislados reportados tras el desastre, incrementaron la presencia de partículas suspendidas en la atmósfera.
Estas partículas actúan como difusores de la luz solar, haciendo que el atardecer adquiera tonalidades mucho más rojizas de lo habitual, un fenómeno ampliamente documentado por la física atmosférica.
Los especialistas insisten en que el color del cielo no debe interpretarse como un indicador de nuevos terremotos.
La sismología moderna establece que actualmente no existe un método científicamente validado para predecir la ocurrencia de un terremoto mediante señales visuales en la atmósfera.
Lo que sí es esperable, explican los expertos, es que continúe una prolongada secuencia de réplicas, ya que forman parte del proceso natural mediante el cual la corteza terrestre se reajusta después de un evento principal de gran magnitud.
Una semana después del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, las autoridades elevaron el balance oficial a 2.295 personas fallecidas, 11.267 heridos y 12.841 damnificados, mientras las labores de búsqueda continúan entre cientos de edificaciones colapsadas. De acuerdo con el reporte más reciente, se han registrado 782 réplicas desde el sismo principal del 24 de junio y los equipos de emergencia mantienen la esperanza de encontrar sobrevivientes, aunque la probabilidad disminuye con el paso de los días.
La operación de rescate se ha convertido en una de las mayores desplegadas en la historia reciente de América Latina. Según el Gobierno venezolano, participan más de 4.000 brigadistas nacionales e internacionales, apoyados por 148 perros de búsqueda y rescate, además de maquinaria pesada y hospitales de campaña. A esta respuesta se han sumado equipos especializados procedentes de 51 delegaciones internacionales, entre ellas Colombia, España, México, Estados Unidos, Brasil, Chile, Argentina, Suiza, Catar, Jordania y otros países que han enviado rescatistas, personal médico y ayuda humanitaria.
En cuanto a las personas desaparecidas, las cifras continúan variando debido a que muchas denuncias corresponden a ciudadanos aún incomunicados o pendientes de ser localizados. El balance oficial mantiene al menos 130 personas desaparecidas, mientras que Naciones Unidas advierte que el número de personas cuyo paradero aún no ha podido confirmarse es considerablemente mayor y continúa en proceso de verificación conforme avanzan las labores de identificación y reunificación familiar. La ONU también estima que los daños materiales ascienden a 6.700 millones de dólares, con 855 edificios afectados, de los cuales 189 colapsaron totalmente, lo que mantiene activa la emergencia humanitaria en las zonas más golpeadas.
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